La más reciente Medición de Victimización del Comercio de la Cámara Nacional de Comercio (CNC) confirmó que el rubro de tiendas por departamento, supermercados y farmacias es el más expuesto a la delincuencia, con una tasa de victimización que llegó a 87,5%. En la práctica, casi 9 de cada 10 locales reportaron haber sufrido algún delito durante el período, por sobre la medición anterior, lo que ha obligado al sector a reforzar y replantear la estrategia de seguridad como eje central en la actividad de cada negocio.
En supermercados, los delitos predominantes están asociados al robo de productos dentro del local, principalmente mediante hurto hormiga o hurto, concentrado en bienes de alta rotación y fácil reventa como alimentos y bebidas. “Esto confirma que el problema no solo persiste, sino que sigue siendo uno de los principales focos de pérdidas para el retail”, señala Bernardita Silva, gerente de Estudios de la CNC, a Diario Financiero.
De acuerdo con la misma medición, los delitos más frecuentes en el rubro son hurto hormiga (64,5%), hurto (50,3%), robo con violencia o intimidación (40,3%), entre otros.
Si bien las grandes cadenas cuentan con más herramientas para enfrentar el flajelo, se trata de una problemática que impacta a todo el comercio. George Lever, gerente de Estudios de la Cámara de Comercio de Santiago, advierte que “muchos locales se ven forzados a ajustar horarios, cerrar más temprano o restringir ciertas franjas horarias por temor a robos y asaltos, lo que reduce ventas y merma su rol como servicio de cercanía”.
En almacenes y pequeños comercios, los esfuerzos pasan por reforzar autocuidado, mejorar controles de inventarios y coordinarse con vecinos, pero “su capacidad para actuar por sí solos es limitada”, menciona Lever. Por lo mismo, pone hincapié en que se debe avanzar desde el diagnóstico hacia estrategias de prevención más efectivas "que apoyen al canal tradicional, mejoren la protección de inventarios y, sobre todo, resguarden la seguridad de emprendedores, colaboradores y clientes".
Tecnología en seguridad
El comercio ha reforzado significativamente sus sistemas de seguridad. Según la encuesta de victimización, cada local cuenta en promedio con 8 medidas distintas implementadas y un 31% declara haberlas aumentado recientemente.
Silva destaca el avance en distintas soluciones tecnológicas como cámaras de vigilancia y monitoreo permanente en sala de ventas, etiquetas electrónicas antirrobo y sensores en salidas, sistemas de control en cajas y autoservicio para evitar productos no escaneados, entre otros. “Esto refleja que la seguridad se ha transformado en una inversión cada vez más relevante para el comercio, especialmente en el retail”, afirma.
Eduardo Hernández, gerente de Legal de ALTO, detalla que en enero y febrero se aprecia “una leve disminución en el número total de productos robados en supermercados, pero un aumento en el ticket promedio”. Al desglosar por productos críticos, se identifica un alza en la categoría de alimentación, “específicamente concentrado en lácteos y carnes, sobre todo productos frescos”, señala Hernández, lo que explica que el monto sustraído por evento haya subido aunque los incidentes sean menos.
En lácteos, el “doble clic” apunta a la mantequilla, donde desde la empresa ALTO observan por lo menos tres años de una tendencia sostenida de altas cantidades de sustracción. En carnes, la preferencia se concentra en cortes premium. “Hay una especie de selectividad dentro de estas familias de productos”, explica Hernández, quien atribuye el fenómeno a la demanda de estos bienes en mercados secundarios clandestinos, donde se revende mercadería robada.
Hernández coincide en que la industria está en un “punto de inflexión” tecnológico: los circuitos cerrados de TV, la videovigilancia de los puntos de venta y cajas de autoatención que se han sofisticado, combinando diferentes medidas tecnológicas que permite levantar alertas frente a patrones de riesgo.
Cinco pilares de defensa en supermercados
Los supermercados han desplegado un paquete de medidas en cinco grandes frentes, de acuerdo al registro de ALTO.
Primero, tecnología y vigilancia, con circuitos cerrados de televisión, sistemas automatizados en puntos de pago y self checkout. Segundo, control de acceso y vigilancia física, con guardias propios o tercerizados y esquemas híbridos, además de vigilancia perimetral de los establecimientos. Tercero, gestión y capacitación de colaboradores, mediante programas que enseñan a prevenir y detectar pérdidas, y políticas internas sobre cómo actuar frente a delitos.
Cuarto, protección directa del producto, con etiquetas antihurto, cajas acrílicas, vitrinas con llave y dispositivos tipo “araña” (spider wrap) que aseguran productos de alto valor, incluidas carnes y algunos tecnológicos, Y quinto, medidas reactivas, centradas en gestión judicial y administrativa, con políticas que buscan aumentar la denuncia y definir criterios de selectividad para judicializar eventos con mayor mérito, en línea con la nueva ley de seguridad privada que obliga a denunciar dentro de 24 horas a las entidades obligadas.
Frente a este escenario la seguridad se consolida como una línera de inverción para este sector. "El comercio ha reforzado significativamente sus sistemas de seguridad", señala Silva desde la CNC, quien destaca el uso de tecnología y monitoreo para enfrentar un problema que, por ahora, sigue siendo estructural.