Los invitados fueron llegando a La Moneda desde las 19:45 horas del miércoles 11 de marzo. Los señores de traje oscuro -todos con corbata, marcando el contraste con la administración anterior- y las señoras de “vestido corto”, tal como dictaba la invitación formal a la “recepción con motivo de la asunción al Mando Presidencial”.
El menú estuvo a cargo de la banquetera Sofía Jottar, quien junto a unas 250 personas sirvieron a los más de mil asistentes: familiares de José Antonio Kast, ministros acompañados de sus familias, funcionarios del nuevo Gobierno, empresarios, diplomáticos, sacerdotes, alcaldes y políticos… todos con ánimo de celebrar y esperar el primer discurso del Presidente tras asumir el cargo esa misma mañana en el Congreso Nacional.
El mandato era hacer algo sencillo pero bueno, ajustándose lo más posible en costos. Para partir, brochetas de tomate con queso y sopaipillas con pebre, todo bien chileno.

La entrada era por el acceso Alameda: en el Patio de los Naranjos el cóctel era de pie, y en el de los cañones, en cambio, el ambiente contaba con livings y mesas con diez sillas cada una.
Por ahí, comentan, se vio caminando a varios empresarios, como los hermanos Max y Andrónico Luksic -el primero alcalde de Huechuraba y el segundo, el nuevo vicepresidente de Quiñenco-; el presidente de CMPC, Bernardo Larraín Matte; el presidente de Bice, Luis Felipe Gazitúa, y el presidente de Ultramar, Richard von Appen.
También estuvo el exPresidente Eduardo Frei, acompañado por una de sus hijas, y el presentador de TV, Mario Kreutzberger. Monseñor Juan Ignacio González, obispo de San Bernardo, y el sacerdote jesuita José Francisco Yuraszeck, capellán del Hogar de Cristo. Alcaldes, parlamentarios y diplomáticos actuales y futuros… entre ellos el entonces director del Banco de Chile, Andrés Ergas, quien se espera que asuma como embajador en Estados Unidos. De hecho, al día siguiente, el jueves 12, el banco envió un hecho esencial informando de su renuncia a la mesa.
Los organizadores comentan que el menú estaba inspirado en un recorrido por Chile, con estaciones de comida ambientadas en cuatro zonas: campo (adornadas con balanzas antiguas y chupallas), sur (con lana y ponchos chilotes), costa (con anclas y piedras del lecho del mar) y dulces (con pailas de cobre). Cada ambiente con su propio menú: en la zona central, por ejemplo, una gran pata de jamón acaramelado, que funcionó como un guiño para la familia Kast y su pasado empresarial gastronómico con el Bavaria.
Originalmente la idea era que el discurso del Presidente Kast fuera a las 21 horas y que los platos de fondo salieran después de eso. Pero como suele pasar, todo se atrasó: recién pasadas las 22 horas el recién ungido mandatario salió por el balcón que da a la Plaza de la Constitución a pronunciar un discurso que se prolongó por unos 20 minutos. La organización flexibilizó los horarios y los platos pudieron salir junto con el discurso. Todos servidos en pequeñas pailas de greda hechas en Pomaire: había lasagna, cerdo con pastelera, gnocchi y risotto con cordero. El vino fue donado por siete viñas.

Tarde, cerca de las 23 horas, el Presidente Kast y la primera dama, María Pía Adriasola, aparecieron por las escaleras que dan al Patio de los Naranjos. Saludaron y agradecieron a todos los presentes. Luego, una avalancha de personas se les acercó para saludarlos y fotografiarse.
Fue tanto el entusiasmo de la gente, que no pudieron comer nada: pasada la medianoche se retiraron y pidieron a la organización que subieran algo de comer antes de ir a dormir a su nueva habitación ubicada en el segundo piso, donde el Presidente y su mujer vivirán durante los próximos cuatro años.
