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Columnistas

El real desafío tras la Ley Más Mujeres en Directorios

DANIELA QUINTANA Directora DEL Magíster de Tecnologías Aplicadas a la Construcción, U. Autónoma

Por: Equipo DF

Publicado: Jueves 29 de enero de 2026 a las 04:03 hrs.

A partir de 2026, los directorios de las sociedades anónimas en Chile deberán cumplir un nuevo estándar: ningún sexo podrá ocupar más del 80% de los asientos. La cuota bajará progresivamente al 60% hacia el 2032, como parte de la Ley “Más mujeres en directorios”, y apunta a corregir una desigualdad que ha sido histórica y persistente.

Pero el problema no está solo en la cuota. El verdadero desafío comienza cuando uno se pregunta: ¿hay suficientes mujeres listas para ocupar estos espacios? ¿Tenemos hoy las condiciones para que cientos de mujeres lleguen a la alta dirección con preparación, experiencia y, sobre todo, poder real?

“El problema no es solo la cuota. El verdadero desafío comienza cuando uno se pregunta: ¿hay suficientes mujeres listas para ocupar estos espacios?”

De acuerdo con un estudio de Chile Mujeres y la Comisión de Mercados Financieros (CMF), para evitar que se active el régimen obligatorio de cuotas en 2031, Chile debe sumar al menos 511 mujeres nuevas a cargos de directorio en los próximos años. El dato es duro. Y no es solo una cuestión de buscar nombres: hay que formar liderazgos, no en abstracto, sino en serio.

Desde la academia lo vemos con claridad. Hoy, más del 50% de quienes estudian un magíster en Chile son mujeres. Pero en los doctorados, en los MBA o en los programas ejecutivos, la participación femenina baja drásticamente. Y si nos enfocamos en áreas clave como infraestructura, energía o finanzas, la brecha es aún más evidente. Aún tenemos un camino por recorrer.

Esto no es casual, es estructural. La formación directiva no es solo técnica, es profundamente política. Implica saber leer entornos complejos, gestionar intereses, tomar decisiones difíciles y sostener la voz propia en mesas que históricamente no esperaban escucharla.

Y ahí es donde hemos fallado. Seguimos formando mujeres brillantes, pero las dejamos solas al momento de negociar poder. Porque el liderazgo, como recuerda Mary Beard en Mujeres y poder, no ha sido diseñado para nosotras. Las mujeres que lideran aún son vistas como una excepción. Como las que deben justificarse antes de hablar. Debemos trabajar en ello.

Formar liderazgos femeninos no significa copiar modelos masculinos. Tampoco es suavizar el poder. Se trata de ejercerlo con convicción, sin renunciar a nuestra identidad, sin temor a la ambición. No necesitamos gritar más fuerte, necesitamos estar mejor preparadas, con principios sólidos, con formación estratégica y con redes que nos respalden.

Hoy muchas empresas comienzan a modificar sus estatutos para adaptarse a la Ley. Pero el cambio profundo no se hace en los reglamentos, sino en las aulas, laboratorios, salas de clases y también en conversaciones privadas donde se construye confianza y liderazgo.

El rostro de los directorios en Chile va a cambiar. Es una buena noticia, pero no basta con ocupar la silla. El verdadero cambio ocurrirá cuando las mujeres influyan, decidan y reconfiguren el poder sin pedir permiso.

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