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Jorge Sahd

Kast y Trump

JORGE SAHD K. Director Centro de Estudios Internacionales UC

Por: Jorge Sahd

Publicado: Jueves 29 de enero de 2026 a las 04:04 hrs.

Jorge Sahd

Jorge Sahd

Negociar con Donald Trump exige una premisa básica: no hay afinidades permanentes, sino intereses. Trump no es un Presidente ideológico, sino fundamentalmente transaccional. Así lo plantea explícitamente en su libro The Art of the Deal: todo vínculo se evalúa en función de lo que se obtiene aquí y ahora. Para el nuevo Gobierno de José Antonio Kast, entender esta lógica no es opcional; es la condición mínima para evitar errores de cálculo en la relación con Estados Unidos.

La primera tarea es clara: concluir exitosamente la renegociación del TLC con EEUU. No será sencillo. La administración Trump ha incumplido, en los hechos, el propio tratado que garantiza acceso preferencial con arancel cero, tensionando principios básicos de certidumbre jurídica y previsibilidad comercial. Chile debe continuar negociando con claridad técnica y política, defendiendo reglas que han sido la base de su inserción internacional.

“Pensar que un eventual alineamiento ideológico con Trump garantiza mayor estabilidad o seguridad en la relación bilateral es un error de diagnóstico. Trump no discrimina por ideología, sino por utilidad”.

Eso implica entender que el patrón de negociación no es el tradicional: estamos frente a una política comercial americana volátil, donde los aranceles son una herramienta de coerción; el lobby corporativo tiene importancia mayor, como ocurre con las industrias excluidas de los aranceles en las negociaciones; y que sin llegada directa a la Casa Blanca, las posibilidades de éxito se reducen. Contamos con dos activos: la amplia disponibilidad de recursos estratégicos, como cobre, litio y ahora tierras raras; y la coalición que puede formarse con el sector empresarial, como ya lo han venido desplegando Sofofa y Amcham.

El futuro Presidente debe evitar un error clásico: no vestir un santo para desvestir otro. Las próximas autoridades de Cancillería tienen amplias redes y experiencia con Estados Unidos, pero eso no puede significar descuidar la relación con China, el principal socio comercial de Chile. La doctrina Monroe está de vuelta y Washington ejercerá mayor presión en la región frente al ascenso de Beijing, sin distinguir afinidades políticas. No tenemos mecanismos institucionales para lidiar con esa mayor presión y el reciente cierre del proyecto astronómico chino en Antofagasta nos recuerda que no hemos incorporado la variable geopolítica en sectores sensibles.

Pensar que un eventual alineamiento ideológico con Trump garantiza mayor estabilidad o seguridad en la relación bilateral es un error de diagnóstico. El caso del Canal de Panamá con el Presidente Mulino -de derecha-, el apoyo condicionado a Milei a los resultados en las legislativas, o la relación funcional con figuras del chavismo como Delcy Rodríguez, confirman una constante: Trump no discrimina por ideología, sino por utilidad. Una política exterior consistente y equilibrada permitirá manejar adecuadamente la relación con EEUU, dándole un nuevo impulso como socio estratégico y recordando que la relación va más allá de un Presidente de turno.

“Esta es una relación de Estado”. La frase de Kast en su reunión con el Presidente Lula resume lo que debe ser la política exterior del próximo Gobierno. Una política que no se construye a partir de simpatías personales ni atrapada en alineamientos ideológicos, sino con sobriedad y realismo sobre el rol del país en la región y el mundo.

Chile no ha construido su imagen país en función de gustos ideológicos, sino del interés nacional. Esa es la diferencia entre convicción y voluntarismo. Y también entre política exterior y simple retórica.

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