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Columnistas

Agenda de cambio climático y crisis social

Eduardo Bitran Académico Facultad de Ingeniería y Ciencias Universidad Adolfo Ibáñez, Presidente Club de Innovación

Por: Eduardo Bitran | Publicado: Jueves 19 de diciembre de 2019 a las 04:00 hrs.
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Eduardo Bitran

Durante la COP25 Chile avanzó en sus compromisos de mitigación de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), aumentando la participación de generación eléctrica renovable al 2030 a un 70%. Sin embargo, cabe evaluar si es prioritario ir más allá de las obligaciones contraídas en la cumbre de París, tomando en cuenta que nuestro país contribuye sólo con el 0,26% de las emisiones de GEI y que el nuevo escenario tras el estallido social requiere redefinir prioridades y enfocarse en una agenda socio económica potente. En un contexto de menor crecimiento y estrechez fiscal, y la renuencia de los principales emisores de establecer compromisos más ambiciosos en la COP25, requiere sin duda replantear el tema.

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La respuesta depende de las ventajas que presente Chile para acelerar el cambio tecnológico. La abundancia de energías renovables reduce los costos de mitigación. Pero además, diversas opciones de mitigación generan impactos en la economía nacional positivos.

Por una parte, están los beneficios socio económicos evidentes al reducir la contaminación local. Por ejemplo, el retiro de centrales de carbón reduce la contaminación en zonas saturadas. El uso de leña húmeda entre Rancagua y Coyhaique en invierno tiene un elevado costo social para el país y también contribuye al calentamiento global. La combustión incompleta de la leña genera “black carbon”, lo que tiene un efecto significativo en el calentamiento a corto plazo. Estas emisiones también generan altos costos en mortalidad prematura y morbilidad, y gastos para el sistema de salud. Adicionalmente, mucha de esta leña húmeda proviene de explotaciones forestales ilegales que no son renovables y por tanto generan elevadas emisiones de CO2. Otro ejemplo: los incendios forestales de 2017 generaron tres veces más emisiones que todo el parque automotriz en un año. Invertir en prevención y contención del fuego es una inversión con elevado impacto global y local. En el sector transportes, el sesgo en favor del auto y el transporte por camiones de la carga tiene alto costo externo en contaminación, congestión y accidentes; y cobrar por estas externalidades locales tendría un impacto importante también en reducción de emisiones de GEI.

Por otra parte, tenemos la generación de activos intangibles que crean valor en nuestra economía. Una política de reducción de emisiones globales que reduce la traza de carbono de nuestras exportaciones desarrolla una diferenciación positiva que será crecientemente valorada por el mercado. Incluso, las regulaciones internacionales de Europa y Japón generarán una desviación de comercio en favor de países que sigan esta estrategia, a fin de evitar el dumping ambiental. Chile posee una singularidad extraordinaria: la mejor radiación solar del mundo junto al mayor distrito minero que produce materiales para la electromovilidad, construcción sustentable y bienes de capital para las ERNC. En estos casos, la reducción de emisiones, avanzando en energía eléctrica renovable y combustibles sintéticos no sólo tiene un impacto social local positivo, sino que se transforma en un estímulo a la inversión, innovación y crecimiento económico.

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