Rafael Mies

Chile, “la alegría se fue...”

Por: Rafael Mies | Publicado: Jueves 27 de agosto de 2015 a las 04:00 hrs.
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Cada vez es más evidente que el Chile de la antigua Concertación, aquél de "la alegría ya viene" se ha terminado. Curiosamente, el cumplimiento de su promesa electoral, un país capaz de combinar democracia con crecimiento económico, le ha significado el fin de su proyecto político.


En efecto, incluyendo la administración del presidente Piñera, los gobiernos de la Concertación cumplieron en prácticamente todos los aspectos que se propusieron.


Paradojalmente, la "alegría" una vez conseguida, sólo ha logrado despertar en los herederos de la Concertación, solo más insatisfacciones. Lejos de la alegría de poder mirar el vaso medio lleno, la Nueva Mayoría observa con acidez y amargura el vaso medio vacío.


Del Chile que levantó su cabeza por sobre sus vecinos y fue objeto de admiración se avergüenzan hoy en la coalición gobernante por su pasado y rechazan una transición basada en concesiones e imperfecciones.


El sentido práctico y ciudadano de la Concertación lamentablemente ha engendrado una Nueva Mayoría radicalmente ideologizada. Ha sido un trabajo magistral, incubado durante años resucitando un ideal teórico probadamente fracasado, propio de los años sesenta que se opone de plano a un crecimiento basado en el esfuerzo y emprendimiento, que ha caracterizado el desarrollo del Chile actual.


Si la política de la Concertación, tan clara en su campaña de "la alegría ya viene", tuvo su éxito en un programa político con sentido de construir y no destruir, la Nueva Mayoría ha propuesto como esencia de su tesis el "destruir para construir"; noción propia de los radicalismos más añejos y extremos de varias décadas atrás. Lo insólito, triste e increíble es que frente a esta propuesta política de la Nueva Mayoría, el discurso concertacionista se ha convertido en la actual bandera de lucha de la derecha tradicional.


Vemos con estupor cómo la actual oposición ha sido incapaz de percatarse de lo que está en juego y ofrecer un discurso político capaz de explicar por qué el sueño de la Nueva Mayoría es utópico y totalitario. Muchos de sus dirigentes sólo se han quedado en el plano de un rechazo obstinado a las iniciativas del gobierno sin argumentos políticos que respondan al fondo de los equívocos de la Nueva Mayoría.


De algún modo, como señala Daniel Mansuy, la Nueva Mayoría está perdiendo la batalla de la "gobernabilidad" pero sigue ganando la batalla de las ideas y con ello el control político ciudadano.


Por todo lo dicho, es importante tomar conciencia que el desafío actual no es económico, tributario o laboral, sino de principios políticos muy de fondo. La lucha política hoy tiene más que ver con libertades individuales y principios fundamentales, que con la tasa de impuesto con que en definitiva tributarán las empresas y las personas.


En definitiva, pese al 62% de rechazo a la Presidenta y su actual administración, si la oposición no logra proponer un derrotero político claro, sólo dejará al país huérfano de alternativas políticas y en manos de discursos populistas o minorías radicales.

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