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Columnistas

15/09/2016

Mirada macro de las AFP: No perdamos el foco

Economista Jefe Bci Estudios

  • Por Sergio Lehmann
    Sergio Lehmann

    Sergio Lehmann

    El sistema de pensiones en Chile requiere de algunos ajustes. Su diseño responde a una realidad demográfica y social de hace 35 años. Desde entonces, la expectativa de vida, tanto para hombres como para mujeres, ha subido de forma sustantiva y la evidencia muestra que las cotizaciones en promedio son relativamente bajas comparadas con las de otros países. Pero más allá de eso, es importante enfatizar el rol e impacto macroeconómico que han jugado las AFP en las últimas décadas.

    Como bien sabemos, la cotización obligatoria de 10% constituye un ahorro forzado para un trabajador, que se acumula en un fondo individual de capitalización. Este flujo de ahorro tiene como contrapartida una mayor disponibilidad de recursos para financiamiento de inversión, que ha llevado a un fortalecimiento en la capacidad de crecimiento de Chile. Cabe consignar que hasta 1980, antes de la instauración del actual sistema de pensiones, la tasa de ahorro nacional llegaba a valores promedio de tan solo 12% del PIB. La tasa de inversión, en tanto, acorde con este bajo nivel de ahorro, se ubicaba en un pobre 15% del PIB. Esto llevaba a una tasa de crecimiento potencial para la economía cercana a 3%, insuficiente para abordar las necesidades sociales y de desarrollo que nuestro país enfrentaba. Esto refleja que en Chile, tanto entonces como ahora, el ahorro voluntario de las familias es definitivamente bajo. A partir de 1981 se observa un aumento sostenido en las tasas de ahorro e inversión nacional, producto de los recursos que comienzan a ser administrados para futuras pensiones. Diez años después de que se instaurara el sistema de AFP, la tasa de inversión llegaba a 24% del PIB, llevando a un incremento de primer orden en la capacidad de crecimiento de la economía.

    Tenemos entonces que el ahorro que se canaliza través de las AFP constituye una fuente clave de recursos para el financiamiento de nuevas inversiones, dada su demanda natural por bonos y acciones. Esto mismo ha llevado a una profundización del mercado financiero en las últimas décadas, particularmente de instrumentos de renta fija, incluyendo créditos hipotecarios de hasta 20 o 30 años plazo. Esto se debe al hecho de que las AFP tienen obligaciones concentradas a plazos largos, asociadas a las pensiones que deben ser pagadas una vez que una persona se jubila, tras 30 o 40 años de trabajo. No es casualidad entonces, respondiendo a las facilidades que se generan para acceder a recursos provistos por el sistema financiero, que casi el 70% de las familias en Chile sean propietarias de su vivienda, de acuerdo a informe de la ABIF, un indicador social envidiable para cualquier economía del mundo.

    El mayor desafío de nuestro sistema de pensiones, además de ajustar los parámetros para cotizaciones y mejorar el llamado pilar solidario, es fortalecer su legitimidad, cuestionada por algunos sectores de la sociedad mal informados. El impacto macroeconómico de las AFP ha sido clave para el desarrollo de Chile en las últimas décadas y ha permitido financiar las pensiones de millones de trabajadores sin comprometer las finanzas públicas. Este mensaje debe trasmitirse con fuerza en la discusión que se ha abierto en este ámbito.

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