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Editorial

Debate necesario, proyecto por discutir

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Imagen foto_00000001l proyecto de sala cuna universal presentado por el gobierno ayer es una forma de hacerse cargo de una de las muchas transformaciones que están impactando —y seguirán impactando— al mundo del trabajo en este siglo XXI. La iniciativa busca facilitar a más mujeres el ingreso al mercado laboral entregando un beneficio que no dependa del tipo de contrato ni del tamaño de la empresa, y cuyo financiamiento correrá por cuenta del empleador, mediante un aporte a la cotización previsional destinado a un fondo común creado con este fin exclusivo.

La intención es “emparejar la cancha” entre hombres y mujeres, para que el cuidado de los hijos sea cada vez menos una carga para ellas, y cada vez más una responsabilidad compartida. El objetivo no es sólo de justicia, sino también de eficiencia: la mayor incorporación de mujeres al mundo laboral es una de las condiciones para dar el salto al desarrollo.

Más allá de los detalles de este proyecto en particular —que aún están por conocerse—, discusiones como ésta son indispensables para abordar los desafíos que se avecinan para el trabajo. Lo mismo ocurre con temas como el estatuto laboral juvenil, el impulso a la educación continua o la necesidad de mejorar las jubilaciones. Todos ellos requieren respuestas de la sociedad, lo que a menudo supondrá crear nuevas normas e instituciones para encarar nuevas realidades.

Estos novedosos marcos normativos exigen un serio análisis de costos y beneficios. En el caso de la sala cuna universal, su loable objetivo debe sopesarse junto a los efectos de otras posibles externalidades, como el costo de la contratación y el incentivo (o desincentivo) al empleo. Cuando temas social y políticamente sensibles ingresan a la agenda -y en especial cuando tienen un alto componente emotivo, como ocurre con la maternidad y la infancia-, aumenta el riesgo de inclinarse por lo expedito y popular, en desmedro de lo complejo y lo responsable.

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