Competencia: el activo que Chile no puede perder
GERALDINE GONZÁLEZ SANTIBÁÑEZ SOCIA CONSULTORA KONSISTENZ Y Exjefa división de Política Regulatoria y Estudios Subtel
En tiempos en que los esfuerzos del pasado se olvidan con facilidad, conviene recordar que en telecomunicaciones, como en otros sectores relevantes de la economía, Chile tiene una larga historia de políticas públicas orientadas a promover la competencia. Gobiernos de derecha y de izquierda las han diseñado e implementado por igual, en el entendido de que la competencia es un pilar de nuestro sistema económico y de que su promoción se traduce en mayor eficiencia y en bienestar para los consumidores.
Los ejemplos abundan: el concurso 3G, que permitió la entrada de nuevos actores al mercado móvil; la portabilidad numérica; el desbloqueo de equipos; la creación de la figura del concesionario de infraestructura; las ofertas de facilidades para operadores móviles virtuales y el roaming automático nacional -primero como exigencia de los concursos de espectro y luego como obligación legal-; la baja de los cargos de acceso; la eliminación de la discriminación on-net/off-net; la ley de ductos; y la ley que declaró internet servicio público, haciendo explícitos los principios de uso compartido de infraestructura física y de transparencia, igualdad y eficiencia en la asignación de recursos.
En este contexto, preocupa la información conocida en los últimos días: el cobro, inédito e intempestivo, de la totalidad de las boletas de garantía de cumplimiento del proyecto FON a WOM, como si el proyecto hubiera sido íntegramente incumplido, sin atender a los principios de racionalidad y proporcionalidad que corresponden en estos casos y que históricamente se han recogido en las bases de los concursos.
“En Chile, pese a los esfuerzos de Subtel por incentivar la participación de la industria, los concursos tuvieron baja convocatoria y la mayoría de las propuestas incumplía las bases”.
Preocupa más aún que ello ocurra mientras la empresa trabaja en completar su despliegue 5G, un proyecto de la mayor importancia para el país: conecta zonas que hasta ahora carecían de servicio o lo recibían de manera muy deficiente. Para ello se le asignaron frecuencias en la banda de 700 MHz -de extraordinarias características de propagación-, habilitándola para competir en igualdad de condiciones con operadores de cobertura nacional que contaban con esa banda desde hace largo tiempo.
Cabe recordar, además, que el proyecto FON (Fibra Óptica Nacional) fue desafiante desde su origen. Los proyectos troncales de este tipo han sufrido bullados tropiezos en la región, principalmente porque no atienden a usuarios finales, sino que dependen de la demanda de otras empresas. En Chile, pese a los esfuerzos de Subtel por incentivar la participación de la industria, los concursos tuvieron baja convocatoria y la mayoría de las propuestas incumplía las bases. Sin la postulación de WOM -adjudicataria de cinco de las seis macrozonas-, el primer llamado se habría declarado casi completamente desierto.
Para mantener las condiciones de conectividad, en calidad y precios, que distinguen a Chile, es imperioso cuidar la competencia y la inversión extranjera: aplicar los instrumentos que las propias bases contemplan para cautelar el servicio, con decisiones ecuánimes y ponderadas, con mirada de contexto, y sin estrangular financieramente a un actor que, indiscutiblemente, ha traído más competencia al sector y mejores tarifas para los consumidores.
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