DF Tax | Una baja en la tasa impositiva que también impacta los impuestos diferidos
Mi papá siempre me decía que las cosas, como todo en la vida, hay que mirarlas desde distintos ángulos y nuestra discusión tributaria de este año 2026 requiere una visión muy amplia. Es por ello por lo que me quise adentrar en el efecto que tendrá en los impuestos diferidos la baja de la tasa impositiva de la denominada Ley de Reconstrucción, pues hasta ahora el debate se ha concentrado, principalmente, en sus efectos sobre la recaudación fiscal directa que afecta el erario nacional. Sin embargo, existen otras consecuencias relevantes que merecen atención: por ejemplo, el impacto que la reducción gradual de la tasa de impuesto de Primera Categoría puede generar en los impuestos diferidos registrados en los estados financieros de las empresas.
La ley considera una disminución de la tasa corporativa desde un 27% en 2026 a un 25,5% en 2027, un 24% en 2028 y un 23% desde 2029 en adelante. Este cambio no solo afecta el impuesto que las empresas pagarán en el futuro y la recaudación fiscal directa, sino también la valorización contable de sus activos y pasivos por impuestos diferidos.
En términos simples, cuando una empresa o grupo económico mantiene una posición neta activa por impuestos diferidos, una reducción de la tasa tributaria puede disminuir el valor de ese activo. Contablemente, ello puede traducirse en un gasto y, como consecuencia posterior, en una reducción del patrimonio. Este efecto puede ser relevante para la administración, los directorios, los propietarios y también para las instituciones financieras que analizan la solvencia y posición patrimonial de la compañía.
Por el contrario, cuando existe una posición neta pasiva por impuestos diferidos, la disminución de la tasa puede reducir el monto de dicha obligación. En ese caso, el efecto contable podría reflejarse como un ingreso, fortaleciendo el resultado y, de manera indirecta, el patrimonio de la empresa.
La rebaja tributaria también puede modificar la tasa efectiva de impuestos, tanto a nivel individual como consolidado, que, dicho sea de paso, tanto que les gusta a los directorios de nuestro país, por lo rico de su información. Por ello, será importante anticipar adecuadamente sus efectos y explicar con claridad las variaciones que se produzcan en los estados financieros.
El análisis puede tornarse especialmente complejo cuando existen diferencias temporarias de largo plazo, como las originadas por contratos de leasing, depreciaciones aceleradas de activos fijos u otras partidas que se revierten en distintos ejercicios. En esos casos, podrían aplicarse diferentes tasas según el año en que se estime la reversión de cada diferencia temporal.
Por esta razón, más allá del debate sobre la recaudación, las empresas deberían revisar oportunamente sus modelos financieros que impacten a los impuestos diferidos, evaluar los potenciales efectos en resultados y patrimonio, y comunicar sus análisis de manera transparente al mercado y sus interesados. Una adecuada planificación permitirá evitar sorpresas al cierre de los estados financieros y ver más allá de los discutido en prensa.
Por eso hago mención a lo que decía mi papa: las cosas en la vida hay que mirarlas desde distintos ángulos y los impuestos no escapan a esta realidad.
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