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Columnistas

El desempleo juvenil: una generación bloqueada en la puerta de entrada

VALENTINA QUIROGA GERENTA DE DESARROLLO HUMANO DE FUNDACIÓN CHILE MARÍA LUISA MAINO SOCIA COMOV CONSULTORES

Por: VALENTINA QUIROGA Y MARÍA LUISA MAINO

Publicado: Jueves 3 de septiembre de 2026 a las 04:00 hrs.

Cada vez que se publican las cifras de empleo, la atención se concentra en la tasa nacional de desempleo. Sin embargo, ese promedio esconde una realidad más profunda: Chile enfrenta un problema estructural en la transición de los jóvenes desde la educación al trabajo.

Las cifras son elocuentes. Mientras la tasa nacional de desempleo bordea el 9%, entre los jóvenes de 15 a 25 años casi alcanza el 20% y, entre las mujeres jóvenes, se acerca al 23%. Y no responde únicamente al ciclo económico: incluso antes de la pandemia, la inserción laboral juvenil mostraba un deterioro sostenido y, a diferencia de otros grupos, nunca logró recuperarse plenamente.

Pero reducir esta realidad a un problema de falta de empleos es quedarse en el síntoma. La inteligencia artificial y la automatización están transformando rápidamente las reglas de entrada al empleo. Durante décadas, los jóvenes iniciaban su trayectoria realizando tareas administrativas, operativas o rutinarias que les permitían adquirir experiencia. Hoy, esos empleos están desapareciendo con mayor rapidez.

“Cuanto más demora un joven en acceder a un empleo de calidad, mayores son las probabilidades de enfrentar dificultades más adelante”.

Al mismo tiempo, las empresas demandan perfiles distintos. Las habilidades digitales ya no son un atributo diferenciador, sino un requisito básico. A ellas se suman habilidades transversales como el pensamiento crítico, la resolución de problemas, la comunicación y el trabajo colaborativo, clave para adaptarse a un entorno productivo en transformación.

Sin embargo, mientras las necesidades de la industria cambian rápidamente, nuestro sistema de formación avanza a otra velocidad. Muchos jóvenes terminan sus estudios sin las competencias que demanda el mercado y las empresas enfrentan dificultades para cubrir vacantes. No se trata solo de formar más, sino de que esa formación responda oportunamente al mundo productivo.

La evidencia internacional muestra que los primeros años de vida laboral condicionan los ingresos, el desarrollo profesional y la estabilidad futura. Son las llamadas “cicatrices laborales”: cuanto más demora un joven en acceder a un empleo de calidad, mayores son las probabilidades de enfrentar dificultades más adelante.

El problema tampoco se limita al desempleo. En Chile, más de cuatro de cada 10 jóvenes de 18 a 29 años ocupados y con educación superior completa están subempleados respecto de sus calificaciones.

La pregunta, entonces, no es solo cómo reducir el desempleo juvenil, sino cómo construir una transición efectiva entre educación y trabajo. Esto exige articular la formación con las necesidades productivas, fortalecer habilidades digitales y transversales, generar experiencias tempranas en las empresas y acompañar a los jóvenes en su inserción laboral.

En este contexto de transformación tecnológica, la transición debe ser una prioridad compartida por el sistema educativo, las empresas y la política pública. El desafío no es solo reducir una cifra de desempleo, sino evitar que las nuevas generaciones queden bloqueadas en la puerta de entrada al mercado laboral. De no cerrar esta brecha, estaremos desaprovechando talento y comprometiendo la productividad y el crecimiento del país.

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