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Columnistas

El turno de la exploración minera: la revolución esperada

FELIPE MACHADO PINHEIRO Country Manager y VP de Sostenibilidad de ATEX Resources en Chile

Por: FELIPE MACHADO PINHEIRO

Publicado: Jueves 10 de septiembre de 2026 a las 04:00 hrs.

El financiamiento de una campaña de exploración minera en Atacama muchas veces se decide en lugares como Toronto o Nueva York. Allí, un proyecto chileno compite por capital con oportunidades en Argentina, Perú, Canadá o Australia.

Quienes dirigimos compañías dedicadas exclusivamente a la exploración, las llamadas juniors, sabemos que la viabilidad financiera de nuevos proyectos greenfield se vuelve más compleja cuando la regulación no reconoce adecuadamente su especificidad y temporalidad, y cuando resulta difícil predecir cuánto demorará obtener los permisos necesarios.

Por eso son relevantes las medidas que preparan Hacienda y el Biministerio de Economía y Minería para impulsar los proyectos greenfield: créditos fiscales, mecanismos como los flow-through shares, recuperación anticipada del IVA, depreciación instantánea y financiamiento público-privado. Avanzan en la dirección correcta y se suman a la megarreforma y al Plan de Gobierno para la Minería 2026-2030.

“Antes de construir una mina hay que encontrarla. Antes de encontrarla, alguien tiene que estar dispuesto a asumir durante años el riesgo de explorar”.

El desafío es conocido. La producción chilena de cobre tiende al estancamiento y el objetivo es pasar de 5,4 millones de toneladas a 7 millones hacia 2050 para mantener el liderazgo mundial. 15 años de baja inversión en exploración explican parte de esa brecha. Chile invierte entre US$ 850 millones y US$ 900 millones anuales, una proporción importante de ella en yacimientos existentes, mientras Australia y Canadá movilizan más de US$ 4 mil millones.

Chile tiene una geología extraordinaria, trayectoria minera, instituciones consolidadas y profesionales de clase mundial. Pero nada de eso garantiza por sí solo que el próximo dólar destinado a exploración llegue al país.

Para una compañía junior, la incertidumbre es parte del negocio. Estas empresas pueden pasar una década o más sin generar ingresos operacionales y dependen de sucesivas rondas de financiamiento internacional. Para ellas, la certeza y los incentivos regulatorios no son un tecnicismo: pueden determinar dónde se invierte y dónde se asume el riesgo de explorar.

Desde la perspectiva de quienes exploramos, hay tres dimensiones relevantes. Primero, una campaña de sondajes no tiene la misma escala, impacto ni duración que una mina en operación; permisos, umbrales y plazos deberían reconocer esa diferencia, sin reducir los estándares ambientales. Segundo, los instrumentos tributarios y financieros deben considerar que esta actividad invierte durante años antes de generar ingresos. Tercero, la dimensión social: la confianza construida con las comunidades durante la exploración es un activo fundamental para un futuro proyecto minero.

“Hay que hacer una revolución en exploración”, dijo el biministro Daniel Mas. La frase resume bien la urgencia. Antes de construir una mina hay que encontrarla. Y antes de encontrarla, alguien tiene que estar dispuesto a asumir durante años el riesgo de explorar. Si Chile quiere seguir siendo una potencia minera, este debe ser también el turno de la exploración.

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