Hace unos días leí en este medio una interesante entrevista al consultor y escritor británico Daniel Strode, autor del libro The quiet reckoning, donde plantea cómo la inteligencia artificial (IA) está transformando el mundo del trabajo. Strode, quien lideró la transformación cultural de Banco Santander en 32 países, advierte que hoy, las empresas están dejando de contratar perfiles junior, y eso nos va a pasar la cuenta antes de lo que creemos.
En cualquier tipo de empresa, los puestos de entrada y también los miles de jóvenes que cada año hacen sus prácticas profesionales cumplen una función clave, porque son el espacio donde las personas adquieren experiencia, desarrollan criterio, aprenden a resolver problemas y construyen intuición profesional.
Tal como un buen reclutador lo es porque antes leyó miles de currículums, o un buen médico sabe reconocer una urgencia real porque atendió cientos de casos que no lo eran, el criterio no es algo que se obtiene de un día para otro, sino que se construye con años de conocimiento, errores y reinicios. Si derivamos esas tareas iniciales a una IA y automatizamos esa etapa formativa, ¿quién va a tomar las decisiones difíciles dentro de diez años?
Este fenómeno está pasando en las grandes organizaciones y también en el ecosistema emprendedor. Las empresas, presionadas por reducir costos y escalar rápido, optan por herramientas de IA en lugar de contratar a su primer analista, su primer diseñador junior o su primer encargado de atención al cliente. Se entiende la lógica económica detrás, pero también hay que preguntarse si no estamos hipotecando esa reserva de talento que en un par de años necesitaremos para liderar con criterio, empatía y visión estratégica.
“Los puestos de entrada no son costos, son la inversión más importante que hace una organización por su propio futuro”.
Strode menciona Klarna, la fintech sueca que automatizó su servicio al cliente, prescindió de dotación humana y seis meses después tuvo que recontratar, porque cuando un cliente escalaba a una persona real, ésta no sabía qué hacer, porque nunca había hecho ese trabajo. Esta historia debería ser material de lectura obligatoria para cualquier directorio que hoy discute su estrategia de IA para internalizar la idea de que la eficiencia a corto plazo puede convertirse en un vacío de capacidades en el mediano plazo.
Hay algo más en la entrevista que conecta directamente con una realidad actual, y es la importancia de construir confianza puertas adentro en torno al uso de la IA. Strode cuenta el caso de una empresa automotriz que nunca explicó a sus trabajadores para qué la estaba implementando. La falta de comunicación derivó en que ellos asumieron que era para reemplazarlos, cuando el plan real era crecer y ganar mercado. Ese silencio organizacional genera miedo, factor que nunca ha sido un buen aliado para la innovación.
Lo que más me interesa rescatar es la idea de que la IA debería ser una herramienta que libere tiempo para que el proceso formativo sea más profundo y eficaz. Los puestos de entrada no son costos, son la inversión más importante que hace una organización por su propio futuro.
Nuestro país tiene la oportunidad de mirar este debate con altura de miras y anticipación. Estamos avanzando rápido en la implementación de la IA, pero aprovechemos que otros van más adelante para no repetir los errores que ya están viviendo otras economías. Vale la pena cuestionarse en cada etapa si estamos realmente contribuyendo a fortalecer a la próxima generación de talento, o solo usamos la IA para fines de corto plazo. La respuesta puede darnos una gran pista sobre hacia dónde debemos ir.