Esta semana conocimos los resultados de PISA 2025 y el titular fue el temido: Chile obtuvo su peor puntaje histórico en matemáticas -403 puntos, frente a un promedio OCDE de 463- y el 59% de nuestros jóvenes de 15 años no alcanza el nivel mínimo de competencia. En lectura, un 38% no comprende un texto básico y apenas un 2,6% llega a los niveles de excelencia.
Se puede decir, con razón, que estamos ante un fracaso formativo. Pero visto en perspectiva, es también un problema de inversión en las personas y, por lo tanto, un freno a nuestra productividad, movilidad social y capacidad de crecimiento.
El economista James Heckman, Premio Nobel de Economía 2000, estudió durante años dónde rinde más cada dólar que una sociedad invierte en capital humano. Su conclusión, representada en la curva que lleva su nombre, es contundente: el retorno tiende a ser mayor mientras más temprano se realiza la inversión. Los programas de calidad en la primera infancia, de cero a cinco años, han mostrado retornos sociales de hasta un 13% anual, una rentabilidad que muchos activos financieros envidiarían. Ese retorno disminuye a medida que las intervenciones se postergan.
“Quizás debamos comenzar por mirar donde pocas veces buscamos las respuestas económicas: los primeros años de vida”.
Nivelar a un adulto que no aprendió a leer a tiempo es costoso y su retorno social es más limitado. Asegurar que un niño desarrolle tempranamente habilidades cognitivas y socioemocionales es mucho más costo-efectivo: aumenta sus posibilidades de aprendizaje, reduce el riesgo de deserción escolar y mejora sus perspectivas de ingresos futuros.
Los resultados de PISA no pueden explicarse únicamente por la pandemia. El déficit en comprensión lectora, puerta de entrada a todos los aprendizajes posteriores, venía de antes. Las brechas de aprendizaje que hoy arrastra la enseñanza básica continuarán manifestándose durante años sin un cambio de enfoque.
Aquí la conversación se vuelve también económica. Los trabajadores que nuestras empresas necesitarán en 2040 son los niños que hoy están en jardines infantiles y escuelas. La productividad que buscamos, la capacidad de innovar y de construir empresas capaces de competir globalmente descansan sobre competencias que comienzan a desarrollarse desde los primeros años.
Por eso la primera infancia debe estar también en la agenda de Hacienda, Trabajo y competitividad. Es infraestructura para el desarrollo del país y, bien diseñada y evaluada con rigor, una de las inversiones públicas con mayor potencial de retorno.
Además, existe un dividendo inmediato. Una política de sala cuna universal y educación inicial de calidad puede reducir una de las barreras que enfrentan las mujeres para incorporarse y permanecer en el mercado laboral. Una misma política produce retornos en dos horizontes: más empleo y autonomía económica femenina hoy; más capital humano, productividad y crecimiento mañana.
Postergar esta inversión puede significar trasladar costos hacia el futuro: menor participación laboral, brechas de aprendizaje más difíciles y caras de corregir y una fuerza de trabajo menos preparada para competir en una economía cada vez más intensiva en conocimiento y tecnología.
Si Chile quiere volver a crecer de manera sostenida, quizás debamos comenzar por mirar donde pocas veces buscamos las respuestas económicas: los primeros años de vida. Allí se juega una parte importante de nuestra productividad futura y una de las inversiones de mayor retorno que podemos hacer como país.