El desafío detrás del Presupuesto 2027
MAURICIO VILLENA DECANO FACULTAD DE ADMINISTRACIÓN Y ECONOMÍA UDP
Fitch dejó esta semana una señal clara sobre las cuentas fiscales chilenas. La clasificadora advirtió que, con un crecimiento potencial cercano a 2,2%, el gasto público real deberá expandirse bastante menos que la economía si se quiere estabilizar la deuda. También cuestionó que las rebajas tributarias puedan compensar íntegramente su costo mediante mayor crecimiento.
El mensaje parece haber sido recogido por Hacienda. Para el Presupuesto 2027, la autoridad ha adelantado un crecimiento real del gasto de entre 0% y 1%. El gasto crecería por debajo del producto, contribuyendo a moderar la deuda. Pero hay una segunda parte del mensaje de Fitch, tan importante como la primera: no basta con ajustar; importa cómo se hace.
Los datos de la Dirección de Presupuestos muestran por qué. Durante el primer semestre de 2026, el gasto del Gobierno Central creció apenas 1% real. Sin embargo, detrás de ese resultado agregado hay dos trayectorias muy distintas: el gasto corriente aumentó 3,3%, mientras el de capital cayó 14%. Más aún, la inversión pública se contrajo 26% real respecto de un año antes.
El desafío no es simplemente gastar menos. Es ajustar de manera que la deuda sea sostenible sin debilitar las fuentes del crecimiento futuro.
Esta caída responde a varios factores. La Dirección de Presupuestos (Dipres) señala que influyen una Ley de Presupuestos que ya contemplaba un menor gasto de capital, efectos de base, menor disponibilidad presupuestaria y procesos de priorización e identificación de inversiones de la nueva administración. El punto no es atribuir toda la disminución a una decisión deliberada de ajuste, sino advertir sobre la composición de la ejecución fiscal.
La composición importa porque la sostenibilidad fiscal depende del déficit y del crecimiento. Reducir el gasto mejora el balance primario. Pero si una parte importante del ajuste recae persistentemente sobre la inversión pública, se corre el riesgo de mejorar hoy el numerador de la razón deuda/PIB debilitando mañana su denominador.
Eso no significa que todo gasto de capital deba protegerse. Hay proyectos con baja rentabilidad social y problemas de ejecución que también deben revisarse. Pero la inversión no debería convertirse en la variable residual del ajuste simplemente porque resulta más fácil postergar una obra que modificar compromisos de gasto corriente.
Los mismos datos de la Dipres muestran la dificultad. En el primer semestre, el gasto en personal creció 5% real; los subsidios y donaciones, 3,2%; y las prestaciones previsionales, 2,2%. Los ingresos fiscales aumentaron 5,5%, aunque con un fuerte apoyo de la minería: la tributación de la gran minería privada creció 38%, mientras la recaudación del resto de los contribuyentes cayó 1,4%.
La deuda bruta del Gobierno Central alcanzó 43,1% del PIB al cierre del segundo trimestre. Por eso, la consolidación fiscal es necesaria. Pero el Presupuesto 2027 no debería evaluarse solo por si el gasto crece 0%, 0,5% o 1%.
La verdadera prueba será si Chile logra contener estructuralmente el gasto corriente, preservar la inversión de alto retorno y evitar que ingresos extraordinarios financien compromisos permanentes. El desafío no es simplemente gastar menos. Es ajustar de manera que la deuda sea sostenible sin debilitar las fuentes del crecimiento futuro.
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