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Columnistas

¿Quién para la música?

JUAN CARLOS EICHHOLZ Socio fundador de Adapsys y profesor UAI

Por: Juan Carlos Eichholz

Publicado: Miércoles 23 de septiembre de 2026 a las 04:04 hrs.

En julio de 2007, en vísperas de la crisis subprime, el entonces CEO de Citigroup explicó por qué su banco seguía financiando adquisiciones altamente apalancadas pese a las crecientes señales de peligro: “Mientras la música siga sonando, tienes que levantarte y bailar. Nosotros seguimos bailando”. Tiempo después admitiría que ningún banco podía retirarse unilateralmente sin entregar el mercado a sus competidores. El primero que dejara de bailar perdería, aunque hacerlo redujera el riesgo para el sistema.

Hoy, con el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) de frontera, la música vuelve a sonar. La estructura de incentivos es parecida, pero el riesgo que ahora reconocen sus propios desarrolladores no es una severa recesión, sino la supervivencia de la especie.

Resulta aparentemente irracional que los seres humanos desarrollemos una tecnología con potencial de destruirnos. Pero lo cierto es que, bajo las reglas actuales, es perfectamente racional, porque el sistema no premia a sus actores por salvar a la humanidad, sino por avanzar más rápido que sus competidores para obtener financiamiento, y más rápido que sus países rivales para alcanzar la hegemonía.

“El sistema no premia a sus actores por salvar a la humanidad, sino por avanzar más rápido que sus competidores para obtener financiamiento, y más rápido que sus países rivales para alcanzar la hegemonía”.

Tal como en la antesala de 2008, cuando el juego premia la velocidad y castiga la cautela, frenar unilateralmente es perder. Es la teoría de juegos en su expresión más pura: la racionalidad individual de cada empresa no coincide con el óptimo del sistema, y ninguna está dispuesta a parar mientras las demás siguen bailando.

Lo sorprendente aquí es lo que ocurrió después de que Jacob Coxon renunciara a Anthropic y declarara que quienes construyen la IA “creen sinceramente que podría matarnos a todos antes de que termine la década”. En lugar de ser desmentido por quienes dirigen el desarrollo de la IA, que es lo que hizo Wall Street antes de que estallara la burbuja inmobiliaria, es avalado por ellos. En otras palabras, Dario Amodei, Sam Altman, Elon Musk y Demis Hassabis confirman que están creando algo que puede destruirnos, y piden ayuda para reducir la velocidad. No es que no puedan hacerlo solos, pero no están dispuestos a ser los únicos y quedar rezagados. Y Trump, por su parte, no está dispuesto a ayudar, porque no quiere dejar que China avance sola.

En suma, el diseño del sistema lleva incorporado un germen de autodestrucción. Incluso descartando el riesgo de extinción, la inercia actual garantiza el impacto de los tres peligros inminentes que Bill Gates advirtió en agosto: la destrucción masiva de empleos de entrada; la democratización de herramientas para ataques criminales contra hospitales, bancos y redes eléctricas; y la severa erosión del pensamiento crítico y desarrollo emocional en menores.

¿Quién para la música hoy? En octubre de 1962, Kennedy y Kruschev enfrentaron una trampa sistémica similar durante la crisis de los misiles nucleares en Cuba. Pese a que la lógica del sistema y sus propios asesores les exigían no ceder y acelerar hacia el choque, ambos líderes optaron por detener la música de entonces, asumiendo el alto costo político de hacer concesiones simultáneas para desactivar la crisis, y fijando nuevas reglas para evitar la autodestrucción de la humanidad. Frente a una carrera de inteligencia artificial que castiga la pausa unilateral, la pregunta resulta ineludible: ¿dónde está ese liderazgo hoy?

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