La decisión anunciada por Iansa a fines de abril de dejar de comprar remolacha en el mercado local impactó a más de 250 productores y significó que unas 7 mil hectáreas quedaran sin contrato para la temporada 2026-2027.
Pero los productores agrícolas de la zona centrosur cuentan con un amplio margen para reconvertir sus siembras apuntando a la producción de alimento para salmones. “La demanda de la industria de alimentos acuícolas supera 1 millón de toneladas anuales, de las cuales actualmente importa cerca de 85%”, señaló el gerente del Programa Tecnológico para la Producción Local de Insumos Nutricionales Vegetales para la Acuicultura (Ptec-Inva), a Daniel Nieto.
Productos como el lupino, raps, arvejas y trigo son parte de los insumos con que la iniciativa impulsada por Corfo busca revitalizar la siembra desde la Región de Maule hasta Magallanes. Al alero de este programa, unas 80 mil hectáreas de predios agrícolas ya han destinado sus cultivos a la producción de cereales y oleaginosas para abastecer a las procesadoras de alimento de salmón.
“Queremos que la salmonicultura sea una alternativa real, estable y atractiva de reconversión para los agricultores del Biobío, Maule y Ñuble que buscan diversificar su producción tradicional hacia cultivos de alto valor nutricional”, aseguró el presidente de SalmonChile, Patricio Melero. “La dieta de nuestros peces está compuesta en 70% por ingredientes vegetales”, detalló el dirigente.
En el programa participan empresas como Salmones Antártica, cuya planta opera en Los Ángeles y se abastece de insumos locales, y la agroindustrial de Temuco, Agrotop, que ha potenciado el suministro de proveedores de la zona.
El modelo lleva cinco años de ejecución junto a la academia, los gremios y empresas del rubro. En este período y tras numerosas pruebas en pisciculturas “ningún parámetro se ha visto deteriorado por el hecho de reemplazar las fuentes originales marinas por insumos vegetales. Al contrario, han mejorado”, afirmó Nieto, subrayando que indicadores como la conversión, el crecimiento, la sobrevivencia, e incluso el color y consistencia del filete, mantienen los estándares históricos.
Riesgo de suministro y huella de carbono
El director ejecutivo de Corfo Biobío, James Argo, destacó que aunque “la crisis de la remolacha parecía un problema solo agrícola”, la industria acuícola también tiene mucho que ganar a partir de esta articulación, “por su exposición a riesgos de suministro internacional”.
Por otra parte, la producción de alimento también podría verse beneficiada al reducir el peso de su huella de carbono relacionada con el transporte marítimo, ya que el reemplazo por la producción local reduce drásticamente las emisiones asociadas. Stegmeier explicó que “la diferencia estaría en que los camiones, en vez de llegar a las plantas de alimentos desde los puertos, lo harán desde nuestros campos”, añadiendo un valor intangible que es muy cotizado en los mercados internacionales.
Potencial de crecimiento
El presidente de la Sociedad Agrícola del Biobío (Socabio), José Miguel Stegmeier, postuló que las 80 mil hectáreas actualmente sembradas para abastecer a la industria salmonera podrían “acrecentarse tres o cuatro veces. Si es que se hace una fórmula de contratos con las empresas que procesan los alimentos (…) tendríamos otros compradores y también un potencial futuro de desarrollo agrícola”.
Melero también maneja pronósticos optimistas. “Proyectamos que la macrozona centrosur tiene un potencial enorme de demanda adicional, lo que podría sumar cerca de 190 mil nuevas hectáreas agrícolas” a la superficie de cultivos.
Por otra parte, Stegmeier explicó que la transición productiva desde la remolacha a los granos tiene barreras de entrada muy bajas, “en particular el proceso de siembra, de cultivo y cosecha es prácticamente igual (…) el cambio radica casi exclusivamente en seleccionar las variedades agronómicas que exige la industria compradora; por ejemplo, en un trigo con mayor contenido de gluten o una oleaginosa con parámetros de aceite particulares”, aunque aclaró que la oportunidad va más allá de los predios remolacheros, ya que se extiende “también a cultivos del secano o de zonas precordilleranas”.
Impacto en las economías regionales
Melero destacó que estas coordinaciones intersectoriales pueden generar “valor en agricultores, empresas agroindustriales, cooperativas, y una extensa cadena logística”, revitalizando las economías locales de las regiones.
Para el seremi de Economía de Biobío, Christian Cifuentes, “cuando conectamos agricultura, industria, innovación y Estado, dejamos de mirar los sectores productivos por separado (...) una industria pueda abrir oportunidades para otras y que finalmente, ese crecimiento se quede también en nuestros territorios”.
Nieto agregó que el impacto final de la reconversión va mucho más allá del simple acto de sembrar. “En la medida que podamos ir incorporando esto alternativamente a lo que se está importando, vamos a estar generando verdaderamente una tercera industria (...) Caminos, carreteras, ingenieros agrónomos, técnicos, tractores, maquinaria agrícola; se levanta otra industria”, concluyó.