Darío García de Viedma es politólogo e investigador del Real Instituto Elcano, un centro de pensamiento en asuntos internacionales de España. Se ha especializado en la intersección entre tecnología, seguridad y geopolítica y en cómo la inteligencia artificial (IA) está reconfigurando el mapa del poder.
Antes de dar el salto a este mundo, trabajó en Citibeats, una startup de IA en Barcelona que construye modelos predictivos para gobiernos e instituciones en más de 90 países, incluido Chile.
Visitará el país en el marco del XIV Summit País Digital que se realizará entre el 6 y el 8 de octubre, donde expondrá sobre el nuevo tablero tecnológico mundial y la posición de los países medianos, como Chile, en la era de la IA.
García de Viedma descartó que la propuesta de ralentizar el desarrollo de la IA -impulsada recientemente por varios líderes de la industria, entre ellos el CEO de Anthropic, Dario Amodei- vaya a prosperar.“La administración Trump no lo va a permitir”, dijo en entrevista con DF.
- ¿Quién manda hoy en el mapa del poder tecnológico y cómo ha cambiado con la IA generativa?
- Hace un año se hablaba mucho de los semiconductores, de las GPU, y eso daba mucha centralidad a Taiwán. Pero este año el mercado está privilegiando a la IA agéntica, que pide menos entrenamiento y más inferencia. Las GPU siguen siendo importantes, pero dejan de ser tanto un cuello de botella. Vuelven las CPU, empresas como Intel suben en bolsa, y entra más demanda de tarjetas de memoria, desarrollos que lideran las empresas surcoreanas.
Y hay un nuevo cuello de botella: el acceso a la red eléctrica. Ya no solo la generación, el acceso. Y países como Chile pueden resultar muy interesantes ahí y deberían construir una estrategia para tener cierto control en ese cuello de botella.
EEUU “ya no es el Estado del laissez-faire: está llevando las riendas de la regulación de la IA, pero para alinear su desarrollo a la batalla con China, no para asegurar su seguridad”.
- El CEO de Anthropic, Dario Amodei, publicó hace poco un ensayo llamando a ralentizar el desarrollo de la IA para avanzar en su seguridad. Desde la geopolítica, ¿es viable que una potencia frene si la otra no lo hace?
- Ese es el dilema del prisionero. Estados Unidos no va a querer que sus laboratorios de frontera frenen si China no lo hace y viceversa. La administración Trump no lo va a permitir. Y lo que hemos visto es que el Estado estadounidense ya no es el del laissez-faire (dejar hacer), está llevando las riendas de la regulación de la IA, pero para alinear su desarrollo a la batalla con China, no para asegurar su seguridad.
Lo máximo que espero son acuerdos de suelo, mínimos sobre riesgos compartidos, pero no acuerdos de techo, de dejar de construir a partir de cierta capacidad.
- Si frenar no es opción, ¿cuál es el escenario más realista?
- No que se pare el desarrollo de modelos de frontera, pero sí que se pare su difusión.
Es posible que Trump diga: no vamos a frenar el desarrollo, lo que vamos a hacer es que cuando se desarrolle un modelo de frontera, vamos a tener un plazo para que nuestro ejército y nuestras principales empresas parchen sus vulnerabilidades antes de sacarlo al mercado. También podríamos ver modelos que directamente no salen al mercado para evitar su captura por actores maliciosos o su destilación por empresas chinas.
- ¿Europa se quedó fuera de la carrera o tiene algún rol?
- Se quedó bastante atrás. Cuando ves el plan más ambicioso de la Unión Europea, que es el Plan de Acción del Continente de IA, y comparas las inversiones, la nuestra para siete años es inferior a la de cualquier empresa tecnológica estadounidense en un año. Es una tecnología con una curva de acceso tan grande por el capital que necesitas, es imposible.
Ahora bien, para no ser tan pesimista, puedo ver un posible nicho: si se cierra esta conversación sobre la seguridad de la IA, a lo mejor podría tener un rol en el desarrollo de herramientas de seguridad que protejan. Ese tipo de propuestas y marcos sí pueden salir de Europa.
- ¿Qué puede hacer un país como Chile, que no corre esta carrera, pero sí depende de quienes la hacen, como China y EEUU?
- Lo que intentan todos los presidentes de Chile -y pasa lo mismo en la región- es tirar la pelota para adelante, no enfadar demasiado a ninguno de los dos, porque saben que cualquier reacción coercitiva podría dañar la economía o la seguridad nacional.
Propongo entender la autonomía estratégica como mitigación de riesgos. Hay tres: el riesgo de coerción, que el dueño de tu infraestructura te presione en negociaciones comerciales; el riesgo de que te apaguen tecnología si la relación se deteriora; y el riesgo de vigilancia sobre tus comunicaciones.
Ningún Estado va a controlar toda su pila tecnológica, pero sí puede diversificar y medir el riesgo de cada alianza.
- Chile discute su propio proyecto de ley de IA. ¿Qué enfoque debería seguir?
- Lo primero es crear una ley que después se pueda aplicar y que existan las instituciones para hacerlo. Si Europa no tiene el sustento institucional para aplicar su ley de IA, Chile no lo va a tener por la diferencia de escala.
Lo segundo es entender que no estamos solos. Si creas una ley pero los demás tienen leyes diferentes, es probable que estés en desventaja. Cuanto más cohesionadas estén las regulaciones, mejor. La propia industria pide el modelo de la aviación: definiciones iguales, límites y líneas rojas iguales, procesos iguales. No regulaciones idénticas, porque cada país tiene sus instituciones, pero sí interoperables.