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REGÍSTRATE AQUÍLa reputación se ha vuelto un activo tanto o más valioso que plantas o fábricas.
Por: Axel Christensen, Director Estrategia de Inversiones para América Latina de BlackRock
Publicado: Sábado 1 de agosto de 2020 a las 21:00 hrs.
"No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo". No se me ocurre una mejor manera de comenzar una columna para la sección Ideas de DF MAS que esta cita del escritor francés Víctor Hugo.
En este caso, la idea poderosa es la inversión que considera criterios de sustentabilidad, es decir, medioambientales, de responsabilidad social y de buena gobernanza en las empresas. El concepto viene dando vuelta hace mucho tiempo -desde al menos la década de los 1970s– y se la ha conocido bajo diversos nombres: inversión socialmente responsable, inversión verde, inversión ética, por nombrar algunas. Sin embargo, por muchos años fue más bien algo de nicho, que no conseguía mover gigantescas sumas de dinero y que solía circunscribirse al patrimonio de órdenes religiosas, fundaciones o patrimonios familiares que entremezclaban con iniciativas filantrópicas.
Personalmente, con más de veinticinco años trabajando en el sector financiero, tampoco me encontraba entre los primeros creyentes en esta manera de invertir. El proceso de conversión ha sido lento, con las esperables cuotas de escepticismo y rechazo de lo que -en muchas ocasiones- parecía ser una estrategia de marketing que parte de la esencia misma de una empresa.
La conversión ha sido también gradual. La primera iluminación fue que una inversión nunca es buena si no están alineados los intereses de todos los accionistas, controladores y minoritarios, en un buen gobierno corporativo. Más tardó la revelación del medioambiente, hasta que la evidencia de las consecuencias del cambio climático se volvió ineludible para cualquier inversionista que sea medianamente responsable de la gestión de riesgos en un horizonte que supere los cinco años.
Finalmente, tuvo que venir una pandemia apocalíptica para convencerme de que hoy es indispensable que una empresa tenga un permiso social para operar, que valide su operación ante los diversos grupos interesados. Más aún, la reputación se ha vuelto un activo tanto o más valioso que plantas o fábricas.
Les confieso que no ha sido un camino fácil, pero la mayor disponibilidad de evidencia y un entendimiento más cabal de lo que implica la inversión de largo plazo, me he vuelto en un converso. Que, como tal, muchas veces abraza la nueva creencia con un mayor fervor que quienes profesaron desde los comienzos la inversión sustentable.
Entre las propuestas coordinadas por la Bancada Startup, está flexibilizar la bolsa junior, extender franquicias tributarias a la inversión en startups, eliminar el impuesto a la venta indirecta para tecnológicas y que Corfo pueda invertir en fondos de capital de riesgo.
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