Click acá para ir directamente al contenido
Columnistas

El joven rico y la carta a los empresarios

JUAN CARLOS EICHHOLZ Socio fundador de Adapsys y profesor UAI

Por: Juan Carlos Eichholz

Publicado: Miércoles 26 de agosto de 2026 a las 04:03 hrs.

Cuentan los evangelistas que un joven rico se acercó a Jesús y le preguntó qué debía hacer para alcanzar la vida eterna. Había cumplido los mandamientos desde siempre, y seguramente esperaba una reafirmación, pero Jesús le pidió algo más: que vendiera todos sus bienes, le diera el dinero a los pobres y lo siguiera. El joven se fue triste.

Algo parecido puede ocurrir con la carta que el cardenal Fernando Chomalí acaba de dirigir a los empresarios. Los más de trescientos que asistieron a su presentación el viernes pasado la elogiaron. ¿Y es que quién podría no estar de acuerdo con la exhortación a poner a la persona en el centro, respetar su dignidad, promover el bien común o entender la empresa como una comunidad humana? Más aún, Chomalí reconoció expresamente el enorme aporte de las empresas al país, como fuente principal de desarrollo económico, empleo, innovación e impuestos.

Pero justamente aquí aparece el riesgo: quedarse con esa parte del mensaje y leer la carta como una reafirmación de que las cosas se están haciendo bien. La psicología conductual advierte sobre este riesgo, ya que a través del sesgo de confirmación seleccionamos instintivamente aquello que valida nuestras prácticas actuales y descartamos la evidencia que nos obliga a revisar nuestros supuestos y modelos operativos.

“La mejor señal de que los empresarios se tomaron en serio la carta no estará en haberla elogiado, sino en haberse dejado incomodar por ella”.

Mientras la carta se lea en sus conceptos generales, siempre será posible hacerla calzar con la realidad de cada uno. ¿Qué empresa no declara valorar a las personas, la diversidad o el desarrollo sostenible? El desafío comienza cuando se empiezan a leer los aspectos más específicos y concretos del mensaje.

Un ejemplo es la participación laboral de las mujeres. El cardenal reconoce varios desafíos aquí, y acaba resaltando “¡cuánto falta para su real incorporación en la toma de decisiones de las empresas!” Los datos le dan la razón: las mujeres representan sólo el 16% de los equipos ejecutivos de las empresas IPSA, el 30% de ellas tiene sólo hombres en su primera línea ejecutiva y ninguna cuenta con una gerenta general. ¿Cuánto de esa diferencia se explica por prácticas, redes y criterios que no se cuestionan?

Otro ejemplo es la inteligencia artificial. Hace unas semanas Elon Musk planteó en una entrevista con The Economist que la IA nos llevaría a una era de abundancia, en la que el trabajo podría ser opcional. Hace unos días, Yuval Noah Harari, entrevistado por la misma periodista, puso el acento en las contradicciones de esa visión y en los riesgos y costos de una transición mal conducida.

En esa línea, Chomalí advierte que un peligro concreto es que muchas personas no sólo pierdan su empleo, sino también la posibilidad de adquirir las capacidades necesarias para reinsertarse. Y habla de un modo claro y directo: “Los empresarios tienen aquí un lugar insustituible”. Son ellos quienes, en gran parte, deciden qué tecnologías incorporar, cómo implementarlas y con qué propósito. La pregunta no es si hay que adoptar IA, sino cómo capturar sus enormes beneficios sin abandonar a quienes sufrirán sus costos.

Como le ocurrió al joven rico, la parte difícil no está en adherir al mensaje general, sino en responder cuando éste toca aquello que cuesta cambiar. Por eso, la mejor señal de que los empresarios se tomaron en serio la carta no estará en haberla elogiado, sino en haberse dejado incomodar por ella.

Te recomendamos