El aumento de la expectativa –y calidad- de vida, ha hecho que las personas trabajen más tiempo. Por esto, las empresas se enfrentan a una nueva realidad, con cada vez más generaciones conviviendo en el lugar de trabajo, lo que supone desafíos, pero también oportunidades. Si bien hace poco se está hablando de este fenómeno en Chile, en Europa es algo que han vivido por décadas.
“En Europa nos encontramos en una situación con un número cada vez mayor de personas mayores y una proporción cada vez menor de jóvenes para sostener a esa generación de mayor edad. Esto es importante porque planteará grandes desafíos a nuestros sistemas de bienestar. Lo interesante es que Chile es una sociedad que está a punto de experimentar el mismo proceso. En cierto sentido, ustedes van un par de décadas por detrás de nosotros”, dijo a DF el profesor de demografía de la Universidad Bocconi, Italia, Arnstein Aassve.
El también director del proyecto europeo FutuRes, será el speaker internacional del seminario El fin de las generaciones aisladas, organizado por Tálanton, que se realizará el 21 de octubre en la Sofofa.
“Una de las cosas que sucede en Europa es que hay un gran número de jóvenes que se sienten rezagados. Sienten que les ha tocado la peor parte. Y es que, muy probablemente, tendrán que trabajar más tiempo y sus pensiones serán más bajas, debido a la presión fiscal que este desafío demográfico nos impone”, acotó.
- ¿Por qué los jóvenes están retrasando la natalidad o restringiendo el número de hijos? ¿Es más difícil hacer familia hoy?
- Hay muchas razones por las que resulta un poco más difícil ahora en comparación con el pasado. Vivimos una época de grandes cambios. Tenemos conflictos geopolíticos. El mundo se percibe algo más incierto. Esa es una cara de la moneda. La otra es que no solo se retrasa el momento en que los jóvenes forman una familia y tienen hijos, sino que también se demora su inserción en el mercado laboral. Necesitan terminar su formación, desarrollar su carrera profesional y sentir que tienen un futuro, que su trayectoria avanza en la dirección correcta.
Lo importante es que formar una familia -y tener hijos, en particular- supone una inversión a largo plazo. Para realizar una inversión a largo plazo, necesitas ver que el futuro es predecible.
¿Qué es lo que me preocupa aquí? Al observar la experiencia europea, veo que a los jóvenes les cuesta cada vez más acceder al mercado laboral y desarrollar una carrera profesional. Además, tardan más tiempo en conseguir una vivienda asequible y eso es parte fundamental de este proceso, ya que, si uno planea formar una familia y tener hijos, contar con ella es algo esencial. El acceso a una vivienda asequible se ha vuelto muy complicado para muchos jóvenes, y esto actúa como un freno (…) Esto es lo que está impulsando la caída de la natalidad que observamos, una tendencia que también se manifiesta con gran intensidad en Chile.
- Usted ha diferenciado entre tres grupos: los jóvenes que quieren tener hijos y los tienen; los que quieren y no pueden; y los que no quieren. ¿Hacia qué grupo deberían apuntar las políticas públicas para impulsar la natalidad?
- Creo que las políticas públicas deben tener cierto cuidado para intentar beneficiar a todos los sectores en esta ecuación. A pesar de que existen estos tres grupos -o de que se les puede clasificar de esa manera-, muchos de ellos están sintiendo la presión, independientemente del grupo al que pertenezcan. Una de las paradojas que observamos hoy en día es que, si bien es importante para los jóvenes contar con viviendas asequibles y con empleos seguros y bien remunerados (o razonablemente bien pagados) que permitan mantener a una familia, la realidad es dispar.
Algunos jóvenes se encuentran en la afortunada situación de poder hacerlo; sin embargo, con los precios de la vivienda tan elevados, quienes logran formar una familia y tener hijos dependen cada vez más de la ayuda de sus padres.
Por ello, al pensar en cómo priorizar las políticas, debemos intentar elevar el nivel de todos los sectores; es decir, todos necesitan apoyo. Es un signo de nuestros tiempos que, al preguntar a quienes no tienen hijos si desean tenerlos, la gran mayoría responda que, aunque actualmente no los tiene, le gustaría mucho tenerlos. Esto sugiere que existe una brecha bastante clara entre lo que este grupo de jóvenes aspira a tener y lo que realmente pueden conseguir. Por tanto, las políticas públicas deben poner un énfasis especial en este grupo.
Además, el sistema fiscal -la recaudación de impuestos para financiar las pensiones, salud, etc.- depende en gran medida de que estos jóvenes contribuyan mediante impuestos derivados de sus empleos y de unos ingresos razonables. Sin embargo, existe un gran número de jóvenes situados en la parte baja -no necesariamente de la distribución de ingresos propiamente tal, sino de la distribución de oportunidades-, y es ahí donde las políticas públicas deben centrar sus esfuerzos.
“Este es un aspecto incomprendido del éxito nórdico; a menudo se piensa: ‘Hay muy buenos servicios de cuidado infantil, el postnatal es muy generoso’, etcétera. Pero no es solo eso; también ocurre que, básicamente, a las 5 de la tarde todo el mundo ha salido del trabajo”.
Impacto político
- Eso pasa en Europa, pero Chile se ha convertido, de forma rápida, en uno de los países con las tasas de natalidad más bajas de América Latina y del mundo. ¿Qué implicancias tiene para la sociedad?
- Hay muchas. Ya he mencionado el hecho de que esto tendrá consecuencias para nuestros sistemas de pensiones (…) No se suele oír hablar de ello en las noticias aquí en Italia, pero la realidad es que el sistema público de pensiones italiano está colapsado. No es sostenible, en el sentido de que las pensiones que se pagan no están cubiertas por las contribuciones. Y la situación empeorará en los próximos 10 o 20 años. Así que esta es una consecuencia económica muy clara.
Pero una consecuencia que a menudo olvidamos es que habrá jóvenes que se sentirán muy rezagados dentro de este sistema. Habrá muchos jóvenes que sentirán que la mayoría de las personas mayores se están llevando la mayor parte del pastel. Y esto también tendrá consecuencias políticas. Se observa hoy en Europa, donde vemos el auge de los extremos, ya sea de izquierda o de derecha. ¿Dónde se encuentra esto? En zonas que se han quedado rezagadas demográficamente -áreas rurales-, donde ha habido un descenso de la población (…) De ahí surge gran parte de la agitación política. Y esto no ocurre solo en Europa; también encontramos ejemplos en Estados Unidos. Esto está provocando extremismo político, lo que hace que todo sea más volátil.
Por último, debemos considerar que el envejecimiento no solo implica un cambio en la distribución general de edades de la población, sino también una nueva configuración de la estructura demográfica del electorado. Y aquí radica el problema. En nuestra democracia, los ciclos electorales suelen durar cuatro o cinco años; si eres un político interesado en la reelección, ¿qué haces? No vas a impulsar políticas de apoyo a los jóvenes, porque ahí no es donde vas a conseguir los votos, ¿verdad? Se están convirtiendo en una minoría. Además, tienen menos probabilidades de votar que los ciudadanos de mayor edad.
- Mencionó los costos, pero ¿ve oportunidades?
- Cuando me reúno con políticos, una de las cosas que intento plantear es la necesidad de ser resilientes. No digo que, por ejemplo, Chile no deba intentar revertir la tendencia a la baja de la natalidad si es posible. Creo que una lección importante que se puede extraer tanto de Europa como de Asia es que las medidas directas, como las políticas pronatalidad que incentivan a la gente a tener más hijos mediante ayudas económicas, no suelen ser muy eficaces. De hecho, si hay algo que ha resultado muy difícil de revertir, son precisamente las tasas de natalidad.
Lo alentador es que los gobiernos están empezando a darse cuenta de que, si bien no se puede luchar fácilmente contra este cambio demográfico, sí es posible reconocer y asumir que la realidad actual es distinta y hay que adaptar las políticas en consecuencia.
En cierto sentido, la situación actual en Chile es muy buena. Aún no se ha visto la cara negativa, ya que hay una gran proporción de personas de entre 30 y 40 años. Son individuos altamente productivos que se encuentran en el apogeo de su vida laboral. Hay que aprovechar esa circunstancia y construir pensando en el futuro, conscientes de que la situación no se mantendrá así. En 10, 20 o 30 años, esa gran proporción de personas en edad laboral dejará de estarlo; obviamente, se convertirán en pensionados. Es preciso prepararse para esa situación, algo que en Europa no logramos hacer.
Desafío laboral
- Ha hablado del gobierno, pero ¿qué ocurre en el lugar de trabajo?¿Qué desafíos plantea para los empleadores que haya personas de distintas generaciones trabajando juntos?
- Gran pregunta. Creo que el gobierno y el Estado deberían colaborar mucho más estrechamente con el sector privado y las empresas en este tema en particular. Tal vez esa ha sido una de las fallas en Europa: que esta responsabilidad siempre se ha atribuido al Estado, que debe proporcionar estas políticas, el apoyo, la infraestructura, etcétera. Y no veo por qué el sector privado no pueda contribuir a esto. Muchas grandes empresas están empezando a darse cuenta de que, para atraer talento, ya no basta con el dinero; se trata de ofrecer un paquete de beneficios que facilite tener hijos. Por ejemplo, se puede imaginar una empresa que ofrezca servicios de guardería a sus empleados, o que facilite la obtención de créditos para comprar una vivienda, entre otras cosas.
Ahora bien, esa es una parte; la otra parte, que también es importante es, por supuesto, hacer que las personas mayores trabajen durante más tiempo. Tenemos el ejemplo de Francia, donde intentaron aumentar la edad legal de jubilación en dos años y ya vimos cómo terminó. El caso de Noruega es distinto. Básicamente, se trata de implementar un sistema en el que se dice a la gente: “Pueden trabajar tanto tiempo como quieran”. No existe un límite legal máximo de edad para jubilarse. Pero claro, eso no sirve para todo el mundo. Si has desempeñado un trabajo manual o físico, por lo general, a los 65 años uno está agotado y desea jubilarse. Y se les debería permitir hacerlo. Las previsiones indican que la edad de jubilación en Noruega llegará a los 72 años, y eso no se logra imponiendo una edad de jubilación obligatoria por ley. Aquí es donde el sector privado debe desempeñar un papel.
- Pero también se necesita más flexibilidad...
- Justo iba a decir que la otra cara de la moneda es que, si se pide a la gente que trabaje hasta los 75 años hay que pensar en la calidad de los empleos. ¿Es tan mala idea reducir la semana laboral a cuatro días? Quizás no. Podría ser algo muy positivo. O podrías trabajar cinco o incluso seis días a la semana, pero reduciendo la jornada laboral. Y si trabajas menos horas, ¿adivina qué? Te garantizo que eso favorecerá el aumento de la tasa de natalidad.
- Sí, porque se necesita red de apoyo...
- Exacto. Se necesita tiempo para tener hijos. No es solo cuestión de dinero; también hace falta tiempo. Y, por supuesto, apoyo. Esta es una de las razones por las que, por ejemplo, las tasas de natalidad en muchos de los países asiáticos son bastante bajas. Parte del problema es que la gente trabaja jornadas larguísimas. Y si quieres formar una familia, o encontrar pareja y tener una relación, necesitas tiempo para estar con esa persona. Y, por supuesto, cuando tienes hijos, también necesitas tiempo para estar con ellos. Creo que este es un aspecto incomprendido del éxito nórdico; a menudo se piensa: “Bueno, hay muy buenos servicios de cuidado infantil, el postnatal es muy generoso”, etcétera. Pero no es solo eso; también ocurre que, básicamente, a las 5 de la tarde todo el mundo ha salido del trabajo. Así que, en el fondo, disponer de tiempo para estar con los hijos y la familia está casi institucionalizado. Es un aspecto que no se suele tener muy en cuenta en el discurso sobre políticas públicas o al explicar las tendencias de natalidad, pero creo que es sumamente importante.