Bandeja de salida

La columna de J.J.Jinks: Anécdotas

Esta semana se comprobó el primer caso en Chile de alguien que dio positivo en el test de PCR para la nueva cepa del virus detectada en Inglaterra. La reacción destemplada me recordó los primeros días de la pandemia.

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Dado el gran mar de información en que navegamos el ciclo de noticias es cada vez más corto y la atención pasa de una cosa a otra sin cesar. Hay poco tiempo para analizar, pocas ganas también, y todo se juzga con mucha premura y en muchos casos con especial rudeza. Esta semana se comprobó el primer caso en Chile de alguien que dio positivo en el test de PCR para la nueva cepa del virus detectada en Inglaterra y que sería de mayor contagiosidad.

La reacción destemplada me recordó los primeros días de la pandemia, críticas implacables al gobierno, cuesta distinguir a esta altura la razón, y un fuerte mal trato en redes sociales a la persona que contrajo el virus. Se publicaron sus datos personales, fotografías y se le desearon las penas del infierno por moros y cristianos. El pecado que merecía ser purgado era haber viajado y tener la mala suerte de contagiarse.

Durante esta semana se hizo público que Cecilia Morel también viajó. Lo hizo a Miami (que envidia) y ¡oh, sorpresa!, tampoco le gustó al gran tribunal. No importa que hubiese cumplido todas las normas sanitarias, con la noticia en mano corrieron desesperados los catones a subirse a su cajón de manzanas para llenar el ambiente de admoniciones y en su lata homilía explicarnos como hay que comportarse en pandemia. Y así nos vamos, de anécdota en anécdota y como telón de fondo una crisis sanitaria, económica y la esquiva esperanza de una pronta vacunación. Los grandes temas pelean a codazos su lugar en la atención de los ciudadanos frente al último pelambre o funa y la mayoría de las veces terminan perdiendo por goleada frente al tuit ingenioso o el titular distorsionado.

Está pronto a ser promulgada una ley que impone todo tipo de penas al lanzamiento de fuegos artificiales sin la debida autorización. Más allá de los méritos de la ley en sí, es un triste símbolo de la incapacidad de nuestro sistema político de concordar en medidas relevantes que permitan poner coto al crecimiento a la influencia del narcotráfico en nuestra vida diaria.

Balaceras y ajuste de cuenta a plena luz del día, sectores relevantes de las ciudades donde nuestras policías no pueden entrar y, lo que es más triste, niveles de consumo de drogas por parte de nuestra juventud entre los más altos, sino el más alto, del continente. Ah, y fuegos artificiales como muestra de poderío y control territorial. Enfrentamos un panorama altamente preocupante donde algunas de nuestras instituciones empiezan a ser corrompidas por el narcotráfico y la única medida que podemos mostrar a todas esas madres y padres preocupados es sólo una anécdota. Es lo que la lleva.

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