Bandeja de salida

La columna de J.J.Jinks: Burbujas

Hace meses que venimos leyendo a múltiples economistas y gente del mundo financiero haciendo paralelos entre la situación actual de las cotizaciones de las empresas en bolsa y la crisis a comienzos del 2000 de las empresas puntocom. Después de todo nadie se acuerda cuando se yerra en un pronóstico, pero el día que le apuntas pasas a ser un gurú y puedes dar sesudas entrevistas y charlas bien pagadas por doquier.

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Hace meses que venimos leyendo a múltiples economistas y gente del mundo financiero haciendo paralelos  entre la situación actual de las cotizaciones de las empresas en bolsa y la crisis a comienzos del 2000 de las empresas puntocom. Después de todo nadie se acuerda cuando se yerra en un pronóstico, pero el día que le apuntas pasas a ser un gurú y puedes dar sesudas entrevistas y charlas bien pagadas por doquier.

En marzo del año 2000 el índice Nasdaq llego a cotizar a 5.000 puntos y a fines del 2002 estaba en la vecindad de 1.300, una pérdida de valor monumental donde muchas empresas puntocom terminaron cerrando. Es cierto que esos eran tiempos extraños donde la aburrida ortodoxia financiera había sido dejada de lado por formas más lúdicas de valorizar compañías y todo giraba en torno a clicks, page views y no usar corbata, pero los efectos fueron muy relevantes para todo el mercado. Amazon con toda su monstruosidad se demoró la friolera cifra de ocho años (!!!) en volver a recuperar el valor previo a la crisis.

Hoy las preocupaciones van por otro lado, las compañías cuya cotización bursátil se ha duplicado, triplicado y más en los últimos meses son empresas que tienen una posición de mercado relevante y prestan servicios que se han vuelto imprescindibles dada la aceleración de la digitalización producto de la pandemia. La duda es si es sostenible que muchas de esas compañías transen a 20, 30 y hasta 40 veces sus ventas. Otro síntoma para los agoreros del desastre es lo que ha ocurrido en los últimos IPOs. No sólo fue Airbnb el que dobló su valor el día que se abrió a la bolsa, lo mismo ha pasado con varias de las últimas aperturas, un fenómeno que no sucedía desde los inicios del milenio.

Mark Twain decía que la historia no se repite pero rima y es evidente que aquí algunos versos están rimando. Por otro lado, están los que sostienen que con las tasas de interés en el suelo la única alternativa razonable es invertir en acciones y que por tanto mientras la FED mantenga la manguera abierta llenando de dinero la economía americana y la inflación siga baja la fiesta puede seguir un rato largo.

Desde octubre del año pasado, Chile ha vivido en su propia burbuja. Se ha ido instalando un discurso bastante generalizado donde el estallido social tendría su origen en un movimiento anticapitalista y que los chilenos privilegiarían otras formas de relacionarse. Las masivas marchas o el macizo triunfo del Apruebo en el plebiscito constitucional fueron apropiados con rapidez y destreza por los más críticos del modelo de desarrollo. Mientras nos mantuvimos en lo conceptual parecía que ese diagnóstico era irrefutable y solo voces aisladas como la del Rector Peña contrariaban la tesis dominante.

En las últimas semanas el panorama tímidamente empieza a mostrar otro color. Votaciones paupérrimas del Frente Amplio en las primarias municipales y de gobernadores, triunfos de muchos de los candidatos de la Democracia Cristiana y las personas atestando los malls, para el horror de muchos que creían que estábamos en una etapa post capitalista, muestran que quizás el país ha cambiado menos de lo que creíamos.

Mi pronóstico es que en las elecciones de convencionales constituyentes nuestra burbuja terminará de explotar mostrando a un país centrado y que no quiere dinamitar su modelo desarrollo. Apuesta de bajo riesgo, pues nadie se acordará de que la hice.

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