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Cómo enfrentar las injusticias diarias de la vida de oficina

Michael Skapinker

Por: Michael Skapinker | Publicado: Lunes 6 de agosto de 2018 a las 04:00 hrs.
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Michael Skapinker

El día después de la conferencia que pasaste ocho meses organizando, tu jefe no te agradece.

El plan de educación interna que planeaste y entregaste recibe un agradecimiento efusivo por parte del director de recursos humanos… pero al gerente de tu línea, que no hizo más que reescribir la introducción y cambiar de posición algunos párrafos.

Se ha escrito mucho sobre cómo pedir aumentos de sueldo, buscar oportunidades de desarrollo o detener el descarrilamiento del progreso laboral por un alejamiento temporal.

Menos a menudo se discuten los menosprecios diarios, enfados y humillaciones encubiertas que representan buena parte de la vida corporativa.

Así es que si has sido sujeto de uno de estos insultos corporativos, y tu carrera debe ser singular si no ha sido así, ¿qué deberías hacer?

Acá no estamos hablando de acoso sexual o racial o un bullying serio, lo que se debería informar, de forma persistente, hasta que se tomen acciones.

Esto es sobre las pequeñas afrentas que de todos modos irritan, que no te dejan dormir de noche, porque te sientes ignorado y poco valorado.

Sin importar cuán maltratado crees que has sido, a veces hay argumentos para no hacer nada. Deberías preguntarte a ti mismo: ¿Cuánto importa realmente esto?

Lo que parece importante para ti podría, en la mente de tu jefe o tu empresa, ser algo sin importancia.

Posiblemente nadie estaba intentando insultarte, quizás ni siquiera se dieron cuenta de que no te estaban reconociendo.

A menudo, lo que parece ser un insulto calculado es sólo desconsideración.

Podrías olvidar el daño, pensar sobre las cosas positivas de tu trabajo, y seguir adelante.

Otra opción es el mensaje pasivo-agresivo. Puedes mandarle un correo a tu jefe que no te agradeció por el trabajo, preguntando si le gustó.

Si fuiste el único organizador de una conferencia que duró todo un día, este es un riesgo relativamente bajo.

Probablemente recibas un correo electrónico de vuelta diciendo: “Sí, quiero decir, creo que estuvo genial. Bien hecho”.

Cuando no eres el único colaborador en un proyecto y tu nombre ha quedado fuera de la lista de quienes participaron, es más complicado.

Llamar la atención sobre el lapsus de quien compiló la lista podría producir un “lo siento mucho, me disculpo por dejarte fuera”.

Pero también está el peligro de que simplemente molestes a esa persona, quien te puede tildar de llorón. Ese podría ser un precio que valga la pena pagar para tu propia autoestima.

Si el insulto no es realizado por tu gerente, es más fácil responder. Puedes explicarle lo que pasó y pedirle que interceda en tu nombre.

Un gerente decente actuará inmediatamente, asegurándose de que obtengas algo del crédito.

Si el tuyo no es así, claramente intentando no enojar a los superiores, empieza a buscar un cambio, dentro de la misma empresa o hacia otro lugar.

Uno de los trabajos más importantes de un gerente es proteger a los miembros de su equipo.

Una alternativa es esperar el momento. Podría haber un mejor momento para asegurar que obtengas el reconocimiento que creas que mereces.

En tu evaluación de semestral o anual, puedes mencionar el logro no valorado como algo que hiciste y que merece reconocimiento.

Para evitar no ser valorado, en primer lugar, puedes hacer notar tu contribución durante los procesos.

Puedes enviar correos actualizando a todos sobre el trabajo. Lo puedes reconocer en las redes sociales. Sólo no exageres o no parezcas muy necesitado.

O puedes hacerlo igual la próxima vez, a la expectativa de que eventualmente sea reconocido.

Los mejores gerentes prestan atención. Aquellos que no, de todos modos no te ayudarán en tu carrera. Una vez más, si pasa muy seguido, cámbiate de empresa.

Intenta ser el colega que se asegura de incluir a otros en el reconocimiento. Y si eres el gerente que tiene que dar las gracias, pasa tiempo descubriendo quien hizo realmente el trabajo. Sí se dan cuenta.

El reconocimiento es el motivador más poderoso, y no le cuesta nada ni a ti ni a tu empresa.

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