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Nuestro momento estelar

Gonzalo Cordero

Por: Gonzalo Cordero | Publicado: Domingo 20 de octubre de 2019 a las 19:00 hrs.
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Gonzalo Cordero

En "Momentos estelares de la Humanidad", probablemente su libro más famoso, Stefan Zweig describe una colección de hechos históricos puntuales, circunscritos a veces a unas pocas horas, o a una inspiración, pero cuyo resultado "marca un rumbo durante décadas y siglos", para decirlo en sus propias palabras. Me temo que los chilenos, especialmente su dirigencia, estamos en un momento estelar, de lo que hagamos en los próximos días dependerá nuestro futuro en los años o décadas que vienen.

Que esto es lo más grave que ha ocurrido a nuestra sociedad en décadas, que está en juego nuestra democracia, en cuanto sistema capaz de generar las condiciones para la paz social y el desarrollo, es obvio. El punto es que sin un diagnóstico acertado y sin una clase dirigente a la altura pasaremos el momento agudo, pero el deterioro de nuestra convivencia y nuestras instituciones seguirá un derrotero más parecido al Chile del siglo XX, que al que hemos vivido en las últimas tres décadas.

Escucho a periodistas y políticos cuyas opiniones, en general, repiten una visión que me parece ideologizada, que tiende a "explicar" el fenómeno social y por esa vía colocar la violencia bajo una suerte de eximente de responsabilidad, equivalente a la del náufrago que en el mar golpea a otro para asirse a la única tabla y salvar su vida. Eso me pasa cuando oigo decir que "se viene advirtiendo hace años de la desigualdad y de la posibilidad de un estallido social", argumentación que permite implícitamente traspasar la responsabilidad de la violencia desde quienes la ejercen a quienes supuestamente no escucharon.

Antes que la sanción legal el vandalismo debe recibir la sanción social, porque esa es la fuente de legitimidad del poder estatal, por ende también de la ley y de su exigencia de cumplimiento por la fuerza pública. Ver al Diputado Boric increpando a un militar representa una inversión total de los valores que hacen posible la vida en sociedad, es requisito de funcionamiento de cualquier orden social civilizado que la autoridad increpe al que está violando la ley y no al funcionario público que está custodiando para que ello no ocurra.

¿Qué ha pasado, esto es, como dicen algunos, un reventón social al que nos llevó el modelo de desarrollo? No lo creo, pero la gravedad de la situación debiera conducirnos a que todos estemos dispuestos a revisar nuestros puntos de vista y abrirnos a un diálogo intelectualmente honesto con quienes tienen posiciones diferentes.

La mayoría de los análisis acusan a la desigualdad como la gran causa de lo que está sucediendo, sin embargo, países mucho más ricos y con distribución del ingreso más igualitaria, como Francia, han vivido episodios de violencia por el alza en los combustibles que el Presidente Macron debió revertir; y países más pobres, también con distribución del ingreso más igualitaria, como Ecuador, han enfrentado recientemente revueltas sociales graves.

Hay otro factor que no se atiende y que es central, nuestro país lleva prácticamente seis años con su economía en un nivel de crecimiento mínimo, ello acarrea un estancamiento de las remuneraciones y la frustración de las expectativas de una clase media que ha conocido el significado del progreso y, aunque abandonó la pobreza, se mantiene al borde de regresar a ella. Lamentablemente, desde hace un tiempo todas las medidas apuntan en una dirección diferente a la de dar dinamismo a la inversión, al empleo, a cumplir el objetivo de avanzar hasta cumplir el anhelo -desgraciadamente no compartido- de alcanzar el primer mundo.

En paralelo, años de un discurso que exacerba la polarización, que transversalmente denuncia el abuso de prácticamente todo tipo de empresas y estigmatiza industrias enteras como verdaderos enemigos de las personas, producen un efecto imposible de soslayar. La política ha experimentado un progresivo abandono de su rol de conducir y sus dirigentes han trocado en seguidores de todo aquello que muestren las encuestas.

Si el discurso de la extrema izquierda denuncia el abuso, la centro izquierda social demócrata se acompleja, reniega de sus mejores años y su mejor obra, para azuzar una hoguera en que ellos serán los primeros en arder. Buena parte de los dirigentes de Chilevamos, por su lado, intentan empatizar y se apuran en ser también paladines contra el abuso. Las imágenes de estos días muestran violencia dirigida a símbolos del mercado y el desarrollo.

Cuando se trata de los seres humanos, de los fenómenos sociales, los datos y la racionalidad son necesarios, pero insuficientes por si mismos; poco ganamos en asilarnos en nuestros argumentos, en cifras y gráficos. Lo que ha sucedido en estos días es un desafío gigantesco a nuestra sociedad, nadie, en ningún ámbito puede mirar esto como algo ajeno, esto es mucho más que un problema de los políticos, es una crisis que nos interpela a todos en nuestro ambiente más directo.

Al interior de las empresas, de las instituciones de educación, de nuestras familias, tenemos que hacer un esfuerzo gigantesco por escuchar, por acoger, por integrar al que vive y trabaja con nosotros, porque al final todos somos seres humanos. Es hora de leer un poco menos estudios de mercado y un poco más a Balzac, de aquí no salimos sólo con argumentos, ni razones; somos capaces de construir sentido de comunidad y recuperar la confianza o el sueño del Chile desarrollado se frustrará una vez más. Estamos frente a nuestro momento estelar.

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