Ciencia: financiar, medir y mejorar
MAXIMILIANO SANTA CRUZ S. Socio de Santa Cruz IP, exdirector de INAPI
El proyecto de Presupuesto 2027 propone reducir en 6,4% los recursos del Ministerio de Ciencia respecto de la base comparable de 2026. Esto ha despertado críticas de representantes de universidades y entidades de transferencia tecnológica, quienes advierten sobre los efectos en capacidades científicas que requieren continuidad y tardan años en construirse. La discusión presupuestaria también ofrece una oportunidad para examinar cómo funciona el sistema y mejorar el aprovechamiento de la inversión en conocimiento.
Hay iniciativas del ministerio que merecen reconocimiento. Tras revisar la información de Becas Chile, la cartera anunció medidas para fortalecer el seguimiento de los beneficiarios, conectar datos con otros organismos públicos y avanzar hacia la unificación de los sistemas de ANID mediante herramientas digitales. También anunció una medición sistemática de la contribución del programa al desarrollo científico, tecnológico y social. Aunque siempre es fundamental determinar qué se mide, con qué criterios y en qué plazos, incorporar evaluaciones sistemáticas es un avance en cualquier ámbito de la política pública.
Estas medidas todavía deben traducirse en mejoras verificables. Una ANID con información integrada podría simplificar trámites, reducir tiempos y evitar pedir reiteradamente los mismos antecedentes. También podría acompañar mejor los proyectos desde su adjudicación hasta sus resultados y detectar dificultades oportunamente. El tiempo de quienes investigan también es un recurso público escaso.
“Incorporar evaluaciones sistemáticas es un avance en cualquier ámbito de la política pública”.
Medir exige, además, distinguir. Cumplir las obligaciones de una beca es indispensable, pero ese cumplimiento no agota su aporte al país. Interesa saber dónde trabajan los investigadores, qué capacidades desarrollan y cómo contribuyen a universidades, empresas y servicios públicos. Evaluar la investigación también requiere reconocer sus distintos propósitos y plazos. Una investigación básica no puede juzgarse con el mismo indicador ni en el mismo horizonte que un proyecto de desarrollo tecnológico.
La transferencia tecnológica ofrece un ejemplo concreto. En 2025, Dipres calificó con “desempeño bajo” al programa de ANID, identificando problemas de coordinación entre oficinas y hubs y carencias en los indicadores para evaluar sus resultados. El presupuesto 2027 contempla financiamiento para quince oficinas de transferencia. Aunque, a mi juicio, ha faltado autocrítica de las universidades y del sistema sobre estas debilidades, cabe esperar que esa evaluación haya contribuido a orientar las decisiones y que sus recomendaciones se reflejen en la ejecución de esos recursos. Ese es el sentido de evaluar: aprender, corregir y asignar mejor.
El presupuesto propone, además, facilitar el acceso a capacidad de cómputo para inteligencia artificial. Es una iniciativa que conviene valorar y cuya efectividad dependerá de cómo se asigne ese acceso y de las capacidades para aprovecharlo.
La modernización del sistema puede fortalecer el argumento para invertir más en ciencia. Un ministerio capaz de mostrar resultados, explicar dificultades y corregir su gestión tendrá mejores herramientas para defender esa inversión. El desafío del Presupuesto 2027 es financiar capacidades de largo plazo y hacer que el sistema esté a su altura.