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Columnistas

DF Tax | Cuando el dinero volvió a tener precio

Por: Ricardo Pérez, director ejecutivo de Insignia Assets Management.

Publicado: Jueves 27 de agosto de 2026 a las 04:00 hrs.

Durante años, una parte importante de las decisiones de inversión estuvo dominada por una pregunta: ¿cuánto puede subir el precio de este activo?

Era una pregunta lógica. Durante más de una década, inversionistas de todo el mundo convivieron con un escenario excepcional. Tasas de interés históricamente bajas, abundante liquidez y un costo del capital reducido impulsaron la valorización de prácticamente todas las clases de activos. En ese contexto, las expectativas de crecimiento pasaron, muchas veces, a pesar más que la capacidad efectiva de generar flujos.

Hoy el escenario es distinto.

Cuando el dinero vuelve a tener un costo, también cambia la forma de invertir.

Imagine dos empresas. La primera ha duplicado su valorización, pero aún depende de nuevo financiamiento para sostener su crecimiento. La segunda avanza a un ritmo más moderado, genera caja de manera consistente y puede financiar su operación sin recurrir permanentemente al mercado.

Hace algunos años, probablemente la primera habría capturado la mayor atención. Hoy, la segunda comienza a ser observada con otros ojos. No porque el mercado se haya vuelto más conservador, sino porque vuelve a valorar aquello que nunca debió perder importancia: la capacidad de generar riqueza de manera sostenible.

Durante años, el mercado estuvo dispuesto a premiar grandes historias de crecimiento. Hoy vuelve a mirar con mayor atención los fundamentos que las sostienen. Las tasas de interés no solo cambiaron el costo del dinero. También cambiaron la forma en que el mercado distingue entre una buena historia y un buen activo.

Ese cambio ya se refleja en los mercados.

Mientras el private credit administra más de US$ 1,7 billones (millones de millones) a nivel global, en Chile alcanza alrededor de US$ 7.000 millones, equivalente a cerca del 1,9% del PIB, según el Banco Central. Más que evidenciar un rezago, esa diferencia refleja el amplio espacio que aún existe para profundizar el mercado de capitales chileno y desarrollar nuevas alternativas de financiamiento que complementen -y no reemplacen- el rol de la banca.

Las propias encuestas del Banco Central muestran que las instituciones financieras han mantenido estándares más exigentes para otorgar crédito comercial durante los últimos años. Lejos de representar una competencia entre la banca y los mercados privados, esta evolución refleja una economía que comienza a diversificar sus fuentes de financiamiento. Cuando el ahorro encuentra nuevos mecanismos para canalizarse hacia proyectos productivos, aumentan las oportunidades de inversión, innovación y crecimiento empresarial.

Al mismo tiempo, la tecnología está transformando la forma de evaluar el riesgo. La inteligencia artificial y el análisis avanzado de datos permiten procesar información con una profundidad y velocidad impensadas hace apenas algunos años. No reemplazan el criterio humano, pero sí contribuyen a comprender mejor la calidad de los activos y a tomar decisiones con mayor información.

Quizás ese sea el cambio más relevante que estamos observando. Más que el surgimiento de una nueva clase de activos, estamos presenciando el retorno a un principio que nunca debió perder vigencia. Cuando el capital vuelve a tener un costo, las buenas historias dejan de ser suficientes. Los fundamentos vuelven a importar.

Porque las valorizaciones cambian. Los ciclos económicos también. Pero cuando el dinero vuelve a tener un precio, los mercados recuerdan una verdad tan antigua como las propias finanzas: la riqueza sostenible no se construye sobre expectativas, sino sobre la capacidad de generar valor de manera constante en el tiempo.

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