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Columnistas

Educación del siglo XXI

RICARDO NEUMANN B. Diputado integrante de la Comisión de Educación

Por: RICARDO NEUMANN B.

Publicado: Viernes 9 de octubre de 2026 a las 04:00 hrs.

Tenemos un sistema educativo con estructuras diseñadas en el siglo XIX, consolidado durante el siglo XX, para estudiantes que deberán enfrentar los desafíos del siglo XXI. ¿Qué estamos haciendo al respecto?

Esta discusión es mucho más profunda que la continuidad de un programa que entrega computadores a estudiantes vulnerables. Por supuesto, debemos resguardar el acceso a computadores y conectividad para quienes no cuentan con ellos, pero también tenemos una oportunidad para preguntarnos algo más importante: ¿qué capacidades necesita hoy un estudiante para desenvolverse en un mundo marcado por la inteligencia artificial y una constante transformación del trabajo?

La respuesta frente a una política mal evaluada en sus resultados debe ser mejorar su impacto, no eliminar las herramientas que entrega. En pleno siglo XXI, un computador es un útil escolar tan básico para muchas tareas como el lápiz y el papel. Pero precisamente porque es una herramienta y no un fin en sí mismo, debemos enseñar a utilizarlo para investigar, crear, programar, distinguir información confiable y emplear responsablemente la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías.

“No se trata de dejar de entregar computadores. Se trata de preguntarnos, cada vez que entregamos uno, para qué lo estamos entregando y qué capacidades queremos que nuestros estudiantes desarrollen con él”.

La educación del siglo XXI necesita una escuela capaz de desarrollar criterio, creatividad, pensamiento crítico, colaboración y capacidad para resolver problemas. Para eso necesitamos avanzar hacia un aprendizaje basado en proyectos, donde distintas disciplinas dialoguen y se complementen, con profesores preparados, acompañados y con recursos para hacerlo.

Las áreas STEAM —ciencia, tecnología, ingeniería, artes y matemática—, junto con el deporte y la educación cívica, pueden funcionar como verdaderas “súper asignaturas” para ese aprendizaje integral. Un proyecto de robótica puede integrar matemática, física, programación, diseño, inglés y trabajo en equipo. Una experiencia artística puede vincular historia, lenguaje, estética y creatividad. El desafío no es sumar infinitos ramos, sino conectar mejor aquello que ya enseñamos y desarrollar capacidades que las máquinas difícilmente podrán reemplazar.

La inteligencia artificial y la automatización ya están modificando la manera en que aprendemos, producimos y trabajamos. Nuestro sistema educativo debe preparar a los estudiantes para ese cambio, no reaccionar cuando la transformación ya haya ocurrido.

El Presupuesto 2027 puede ser una oportunidad para avanzar desde una política centrada en entregar computadores hacia una política que resguarde esas herramientas y, al mismo tiempo, construya capacidades. No se trata de dejar de entregar computadores. Se trata de preguntarnos, cada vez que entregamos uno, para qué lo estamos entregando y qué capacidades queremos que nuestros estudiantes desarrollen con él.

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