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Columnistas

El desafío detrás de los 100 mil empleos

PATRICIO RAMÍREZ R. Coordinador Observatorio Económico Social FCJE Y Director de Ingeniería Comercial UFRO

Por: PATRICIO RAMÍREZ R.

Publicado: Jueves 1 de octubre de 2026 a las 04:00 hrs.

El gobierno presentó el plan “Chile Despega” para enfrentar una emergencia laboral que ya no puede considerarse coyuntural. La tasa de desocupación alcanza 9,5%, con cerca de un millón de personas buscando trabajo. El plan moviliza $ 1,3 billones y anuncia más de 100 mil puestos de trabajo mediante inversión pública, subsidios a la contratación, liquidez para empresas y obras de ejecución rápida.

Hay elementos positivos. Primero, la magnitud de la intervención es mayor que iniciativas anteriores y combina instrumentos de demanda laboral con inversión y financiamiento. Segundo, la focalización territorial puede ser relevante en un mercado donde las brechas de empleo son muy diferentes entre regiones. Tercero, acelerar inversión pública y destrabar liquidez puede ayudar a que empresas y proveedores sostengan o amplíen su contratación. El plan contempla, además, $ 91 mil millones para subsidios al empleo y hasta $ 300 mil millones para capitalizar Fogape.

Pero el principal desafío está en distinguir empleos anunciados de empleos efectivamente adicionales. Si una empresa habría contratado igualmente a un trabajador, el subsidio no crea un empleo neto. Lo mismo ocurre si parte de las contrataciones corresponde a empleos temporales que desaparecen una vez terminadas las obras. Por eso, el éxito del plan no debería medirse solamente por cuántas personas son contratadas, sino por cuántos empleos son netos, formales y permanecen en el tiempo.

“Faltan metas explícitas de adicionalidad, permanencia a seis y 12 meses, formalización y focalización en grupos con mayores barreras de inserción, particularmente jóvenes y mujeres”.

Una estimación sencilla permite dimensionar su posible impacto. Manteniendo constante la fuerza de trabajo, 100 mil empleos netos adicionales podrían reducir la tasa de desempleo desde 9,5% hasta aproximadamente 8,5%. Con 75 mil empleos netos, el descenso sería cercano a 0,7 puntos; con 50 mil, alrededor de 0,5 puntos; y con 25 mil, apenas 0,2 puntos. Son solo escenarios hipotéticos, no proyecciones, porque la fuerza laboral seguirá cambiando y no todas las contrataciones beneficiarán necesariamente a personas actualmente desempleadas.

Aquí aparece la principal limitación del plan. Chile no enfrenta solo un problema de desempleo, sino también una insuficiente capacidad de generación de empleo respecto del crecimiento de su población en edad de trabajar. Se estima un déficit cercano a 393 mil empleos respecto del nivel requerido para recuperar la tasa de ocupación prepandemia. Por ello, los 100 mil empleos anunciados representan una contribución importante, pero no cierran por sí solos la brecha.

El desafío, entonces, es convertir este “puente” coyuntural en recuperación estructural. Faltan metas explícitas de adicionalidad, permanencia a seis y 12 meses, formalización y focalización en grupos con mayores barreras de inserción, particularmente jóvenes y mujeres. También será necesario evaluar cuánto del impulso llega efectivamente a las regiones con mayores déficits laborales.

El plan puede aliviar una emergencia y, si su ejecución es efectiva, reducir significativamente el desempleo. Pero su verdadera prueba no serán los 100 mil puestos anunciados: será cuántos empleos adicionales, formales y sostenibles quedan en la economía una vez que termine el estímulo.

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