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Columnistas

El desempleo: más allá de las cifras

KAREN THAL presidenta del directorio de Cadem

Por: KAREN THAL

Publicado: Martes 22 de septiembre de 2026 a las 04:00 hrs.

El desempleo llegó a 9,5% en el trimestre mayo-julio, su nivel más alto en cinco años. Detrás del promedio hay grupos que enfrentan dificultades aún mayores: entre las mujeres supera el 10% y entre los jóvenes de 15 a 24 años bordea el 24%. Y entre quienes sí están ocupados, más de uno de cada cuatro trabaja en la informalidad.

A las explicaciones y esfuerzos frente a esta emergencia, quisiera agregar una mirada que surge de las conversaciones que hemos tenido en Cadem con hombres y mujeres de distintas edades, desempleados y trabajadores formales e informales.

Salvo entre quienes ocupan cargos altos en empresas, hay una visión sombría del mercado laboral. No solo por la dificultad para encontrar empleo, sino también por la calidad de los puestos ofrecidos, en un contexto en que los cambios culturales han modificado la relación de las personas con el trabajo. Para las nuevas generaciones, dejó de ser un deber incuestionable.

“Para muchos, el trabajo formal dejó de ser una fuente de realización y progreso. Se volvió algo transaccional, evaluado según la ecuación esfuerzo-recompensa”.

Muchos invirtieron tiempo y recursos, confiando en que estudiar les permitiría vivir mejor, realizarse y desplegar su talento. Pero esa promesa se truncó frente a una realidad que los obliga a trabajar en funciones muy distintas de las que imaginaron.

Para muchos, el trabajo formal dejó de ser una fuente de realización y progreso. Se volvió algo transaccional, evaluado según la ecuación esfuerzo-recompensa. Si el sueldo es bueno, hay que poner el hombro y aceptar jornadas extenuantes. Si es insuficiente, el trabajo informal puede parecer más gratificante: por una diferencia no tan significativa, permite mayor libertad. De todos modos hay cobertura de salud y habrá PGU.

¿Y qué hacemos con esto? No cabe duda de que nuestra economía necesita crear empleos. Pero temo que eso no baste. En palabras de una persona desempleada según la definición del INE: “He ido a entrevistas, pero ya no estoy para trabajar de sol a sol por 700 lucas, sin poder salir y en algo que además no me gusta”. El desafío no es solo crear empleos, sino buenos empleos para personas cuyas expectativas cambiaron.

Tras más de una década de bajo crecimiento, el empleo arrastra un problema estructural. Para salir de esta urgencia, Chile necesita volver a crecer y lograr que las remuneraciones mejoren.

Pero en el intertanto, si no hay espacio para mejorar las remuneraciones porque las empresas tienen que ser competitivas, podemos detenernos a pensar cómo mejorar la ecuación esfuerzo-recompensa. Es posible preguntarnos si en cada puesto de trabajo que crean nuestras empresas hay espacio para escuchar y responder a las expectativas de un Chile que cambió. Las personas quieren trabajos más flexibles, compatibles con una vida personal y familiar, donde sientan que pueden aportar y crecer. Para algunos basta con tener jefes que los traten bien, los escuchen, los conozcan y los hagan sentir que son más que un número. Mientras el sueldo -que probablemente nunca sea suficiente- y las condiciones del trabajo no compensen el esfuerzo, es posible que muchos opten por no buscar un empleo formal y sobrevivir con trabajos informales esporádicos.

Tal vez nuestras empresas no han ajustado la oferta de trabajo a la velocidad del cambio cultural de la última década. Junto con recuperar el anhelado crecimiento, hay algo que sí podemos hacer desde las empresas: cambios simples que mejoren la calidad de los empleos que ofrecemos.

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