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Columnistas

El impulso al crecimiento

KATIA TRUSICH directora ejecutiva de Grande Pyme

Por: KATIA TRUSICH

Publicado: Martes 13 de octubre de 2026 a las 04:00 hrs.

Cuando en Chile hablamos de productividad, pensamos en la gran empresa. La mina que amplía su faena, el puerto que se moderniza, la exportadora que abre un mercado nuevo. Buscamos el crecimiento en más inversión, más escala y más exportación. En los noventa, la productividad laboral del país crecía cerca de 4% al año. Desde 2010 crece cerca de 1%. Esa caída explica buena parte de por qué hoy crecemos menos, pero seguimos buscando la respuesta en el mismo lugar.

La oportunidad que se abre ahora está en el taller que repara equipos para una faena minera, en la empresa de transporte que mueve la carga de una agroexportadora, en el productor que abastece a un supermercado regional. En las PYME está hoy la mayor brecha entre lo que Chile produce y lo que podría producir. Según McKinsey, por cada 100 que genera un trabajador de gran empresa, uno de PYME genera 44: si nuestras PYME alcanzaran la productividad de referencia internacional, el país podría sumar hasta 6% al PIB. Pocas palancas de crecimiento a nuestro alcance tienen ese impacto.

Con un desempleo de 9,6%, el más alto desde 2021, casi dos de cada tres empleos del país están en una PYME. Sin embargo, esas empresas que sostienen el empleo capturan una parte cada vez menor del valor: las PYME concentraban 25% de las ventas en 1998 y hoy solo el 12.5%. El estudio que FUNDES realizó para Grande Pyme agrega una señal: entre 2021 y 2024, en minería y energía, el número de PYME creció 7,7% mientras sus trabajadores cayeron 22,9%. Más empresas, más pequeñas pero más frágiles.

“El próximo ciclo de crecimiento se juega en cuántas PYME logren crecer junto a ellas”.

La brecha tiene causas conocidas: escala, tecnología, acceso a capital y a mercados. El 74% de las grandes empresas usa software de gestión de clientes, frente al 35% de las PYME, y a las PYME se les rechaza el crédito cinco veces más que a las grandes. Un estudio de McKinsey muestra dónde está la llave: la PYME que le vende a otras empresas se acerca mucho más a la productividad de su cliente que la que le vende al consumidor final. En transporte, por ejemplo, la diferencia es de 86% contra 46%. El techo de una PYME lo marca su lugar en la cadena de proveedores, y en Chile la mayoría de las PYME le vende al consumidor final.

Ahí está el giro que proponemos: pasar de PYME al final de la cadena a PYME proveedoras estratégicas especializadas, que compitan por ser indispensables para sus clientes, escalen y crezcan. Ese giro se construye entre todos. Requiere un Estado que dé certezas, con un Estatuto PYME 2.0 que haga conveniente crecer, y una coordinación público-privada permanente, con presencia en los territorios donde se integran las cadenas de valor.

Pero buena parte de la palanca está también en las decisiones de las grandes empresas: en pagar a 30 días máximos, en exigir requisitos proporcionales al tamaño de cada proveedor, en publicar con anticipación lo que van a demandar, y en formar a las PYME de su cadena de valor.

Cuando la gran empresa integra a la PYME, ganan las dos: la PYME gana productividad, la gran empresa gana una cadena más sólida que le permita agregar valor y el país gana crecimiento y empleo. Durante décadas, Chile creció apostando por sus empresas más grandes. El próximo ciclo de crecimiento se juega en cuántas PYME logren crecer junto a ellas.

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