Durante los últimos años hemos escuchado una misma promesa repetirse una y otra vez: la inteligencia artificial (IA) transformará la productividad, impulsará el crecimiento económico y cambiará la forma en que operan las empresas. Sin embargo, la pregunta relevante hoy ya no es si la IA podrá cumplir esa expectativa, sino por qué ese potencial aún no se traduce en resultados a gran escala.
El Índice de Transformación Digital en Inteligencia Artificial 2026, desarrollado por la Cámara de Comercio de Santiago, Corfo y PMG Chile, entrega una fotografía tan reveladora como desafiante para el país. Entre 740 empresas de distintos tamaños, sectores y regiones, un 66% se encuentra en etapa de pilotaje para la implementación de esta tecnología, mientras que solo un 8% ha logrado escalar iniciativas de inteligencia artificial a nivel organizacional.
“Una parte importante de las compañías no mide sistemáticamente el retorno de sus iniciativas de IA, no cuenta con planes formales alineados con sus objetivos estratégicos o carece de mecanismos para decidir cuándo escalar o descartar un piloto”.
Una parte importante de las compañías no mide sistemáticamente el retorno de sus iniciativas de IA, no cuenta con planes formales alineados con sus objetivos estratégicos o carece de mecanismos para decidir cuándo escalar o descartar un piloto. Los datos sugieren, sin embargo, que el problema ya no radica en el acceso a la tecnología. El desafío está en avanzar desde la experimentación hacia el desarrollo de capacidades organizacionales que permitan capturar valor de manera sistemática. En otras palabras, la discusión ya no pasa por cuántos pilotos somos capaces de desarrollar, sino por cómo convertir esas iniciativas en mejoras concretas de productividad, competitividad y crecimiento.
Es precisamente ahí donde las políticas de desarrollo productivo pueden generar un mayor impacto. Con esa convicción, Corfo está levantando diversos programas e instrumentos para desarrollar, validar y escalar soluciones basadas en IA en sectores como la construcción, el sector silvoagropecuario, la acuicultura, el turismo, entre otros, y hace algunas semanas lanzó una convocatoria de bienes públicos para la generación de pilotos de IA para agilizar la obtención de patentes municipales.
La inteligencia artificial representa una oportunidad concreta para enfrentar uno de los desafíos estructurales más importantes de la economía chilena: recuperar el crecimiento de la productividad. El diagnóstico ya está hecho. El siguiente paso consiste en crear las condiciones para que la IA deje de ser una promesa y se convierta en un motor efectivo de crecimiento económico, competitividad e innovación para la próxima década.