Presupuesto 2027: más allá de la hojarasca
HERNÁN CHEYRE V. Centro de Investigación Empresa y Sociedad (CIES)U. del Desarrollo
En cualquier organización la discusión presupuestaria anual genera un inevitable grado de tensión, por cuanto legítimamente cada una de las partes que negocia busca mayores recursos para sus respectivas áreas. El Presupuesto de la Nación no escapa a esta regla, debiendo agregarse que quienes deben finalmente aprobarla (parlamentarios) no son posteriormente responsables ni de su ejecución ni de los efectos que las distintas medidas puedan tener en la economía. A pocos días de haberse presentado el proyecto de Ley de Presupuestos para 2027, lo que está acaparando los titulares son partidas que suben o bajan, incluso a nivel de programas específicos, como ha sido el caso de la propuesta de eliminación del programa “Yo elijo mi PC”. Y no ha dejado de ser llamativo que una senadora que integra la comisión de Hacienda haya lanzado una dura crítica a la propuesta de solicitud de un endeudamiento adicional de US$ 25 mil millones, sin reparar -o sin entender- que de ese total, US$ 17 mil millones son para refinanciar pasivos, y que solo US$ 8 mil millones corresponden a nueva deuda. Este ejemplo, muestra de un grado de desconocimiento que desconcierta, grafica lo difícil que van a ser las negociaciones en los próximos dos meses.
“Lo primero que se debe hacer al comenzar la discusión presupuestaria es resaltar su coherencia y el importante paso concreto que esto va a significar para reiniciar una política que conduzca nuevamente a una trayectoria fiscal responsable”.
Es por esto que lo primero que se debe hacer al comenzar la discusión presupuestaria es resaltar su coherencia y el importante paso concreto que esto va a significar para reiniciar una política que conduzca nuevamente a una trayectoria fiscal responsable. Luego de tres años de desorden en las finanzas públicas, que se explican en su mayor parte -pero no únicamente- por una sobreestimación de los ingresos, lo que terminó por hacer trizas el ancla asociada al cumplimiento de la regla fiscal poniendo en riesgo nuestra clasificación de riesgo, el presupuesto 2027 marca un nuevo rumbo: para poder cumplir con la meta de un déficit estructural de 1,8% del PIB (para el año 2026 se proyecta un 2,6% del PIB), el aumento del gasto será de solo 1,5%. Y en este marco, el aumento neto en la deuda será de US$ 8 mil millones. En un contexto en que las proyecciones para el crecimiento del PIB son de 3,3% para 2027, la moderación de las cifras recién indicadas constituye un gran paso hacia la estabilidad fiscal.
En cuanto al contenido del proyecto como tal, el mensaje es claro en cuanto a que el foco va a estar en la reactivación y el empleo, lo cual es plenamente coherente con lo que hoy día son las preocupaciones fundamentales de los chilenos, priorizando programas que tengan una buena evaluación. La inversión pública va a desempeñar un rol fundamental, y desde esta perspectiva un desafío importante va a ser mejorar la capacidad de gestión en lo relativo a la ejecución presupuestaria. Y en lo relativo a programas específicos, en la discusión parlamentaria habrá que ir haciendo los ajustes necesarios para consensuar visiones y así lograr su aprobación final. Pero lo verdaderamente valioso es la solidez financiera del proyecto, por cuanto es la vuelta a la disciplina fiscal lo que va a permitir que a futuro se puedan reforzar líneas de gasto que son fundamentales para el desarrollo económico y social del país.