La IA soberana que sí podemos tener
JUAN VICENTE MARTÍN EX ceo y presidente DE TELEFónica chile
En conversaciones con directivos de distintos sectores, la soberanía en inteligencia artificial (IA) suele generar la misma conclusión: es una carrera fuera del alcance de un país mediano. Mi visión es opuesta. Está más cerca de lo que parece, si se toman las decisiones oportunas y se gestionan los riesgos.
La confusión surge porque el debate tiende a equiparar IA con IA generativa (los grandes modelos de lenguaje). Es comprensible, es la capa más visible y la que más incide en nuestra vida. Sin embargo, la IA básica (los modelos de machine learning) lleva décadas con nosotros, y es precisamente allí donde se realizan las predicciones (análisis de riesgo o estimaciones de averías). La IA generativa, en cambio, integra esas fuentes con otras no estructuradas y actúa como interfaz de los datos duros de nuestros sistemas, traduciendolas a lenguaje de negocio.
“¿Es posible garantizar soberanía cuando la inversión en infraestructura de las cuatro grandes tecnológicas duplica el PIB de Chile?”.
La IA de base no requiere grandes infraestructuras ni para entrenarse (cuando le enseñamos a predecir) ni para inferir (cuando genera predicciones con datos de operación). Si garantizamos un dato soberano (soberanía territorial no implica soberanía jurídica del dato) y de calidad (si meto basura, saco basura), el desafío restante es que el ecosistema digital chileno, con talento y políticas públicas que lo aceleren, convierta esos datos únicos en ventaja competitiva sostenible.
Con la IA generativa la situación es distinta. ¿Es posible garantizar soberanía cuando la inversión en infraestructura y cómputo de las cuatro grandes tecnológicas duplica el PIB de Chile en 2026? Sí, se puede. Y se debe.
Lo más costoso (cientos de millones de dólares) es entrenar el modelo. Una vez entrenado, devuelve una matriz de pesos que puede cargarse en una infraestructura mucho más modesta (del orden de US$ 1 millón según el alcance) donde hacer preguntas y obtener respuestas: la inferencia. Y hay algo más. En la carrera de la IA ya hay jugadores que abren esas matrices de pesos. Esto permite a actores más modestos cargarlos sobre infraestructura soberana y, con una pequeña parametrización, ajustarlos a una industria o un país. Latam GPT es exactamente eso, un modelo abierto personalizado y bajo control, sin necesidad de crearlo de cero.
Este camino lleva a una IA soberana realista, con dos salvedades. La primera, los modelos que se liberan no son los más avanzados, están entre seis y 12 meses por detrás de los de frontera cerrados. Para el 95% de los usos esto es más que suficiente, pero si estás interesado en el 5% adicional, habrá que asumirlo: estás comprando funcionalidad y pagándola con soberanía.
Y, la segunda, apoyarnos en modelos abiertos resuelve el presente, pero nos deja en manos de una decisión ajena: que los grandes actores sigan liberándolos. Hoy podemos. El modelo abierto más potente del mundo se liberó hace apenas semanas y puede descargarse y ejecutarse en infraestructura propia, sin enviar un solo dato a una API ajena. Requiere inversión y talento, cierto, aunque es un esfuerzo que se hace una vez y en casa. Pero conviene no olvidar de dónde viene esa posibilidad. Lo liberó una empresa china, y si los grandes actores dejan de hacerlo (por negocio o geopolítica), quien no tenga alternativa se quedará con una tecnología que envejece sin reemplazo. Esa es una soberanía prestada. La región debería tener al menos un modelo de frontera propio que garantice la independencia si se suspende la apertura de otros. Y si su costo lo impide, tejer como país las alianzas geopolíticas que aseguren ese acceso a futuro.
Mis colegas directivos tenían razón en una cosa: solos, en la frontera tecnológica, no podemos competir. Pero se equivocaban en la conclusión. La soberanía en IA no se gana fabricando lo que otros ya regalan, sino decidiendo a tiempo cómo y de quién queremos depender. Esa es la conversación que aún no estamos teniendo, y la que de verdad decidirá si nuestra soberanía en IA es real o simplemente prestada.
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