Mientras el debate sobre la permisología concentra buena parte de la agenda económica, existe una pregunta que estamos dejando sin responder: ¿cuántos proyectos fracasan por problemas que pudieron identificarse antes de solicitar el primer permiso?
Reducir la discusión a los tiempos de tramitación supone que el riesgo comienza cuando un proyecto ingresa al SEIA. La experiencia demuestra exactamente lo contrario.
Chile proyecta una cartera de inversiones mineras superior a los US$ 104 mil millones para 2025-2034, la mayor registrada en más de una década. A ello se suman inversiones en transmisión eléctrica, hidrógeno verde, desalación e infraestructura estratégica. Cada decisión en la etapa conceptual puede significar cientos de millones de dólares de diferencia.
“El verdadero desafío es desarrollar una inteligencia territorial preventiva para integrar evidencia antes de decidir”.
La historia reciente ofrece múltiples ejemplos. Alto Maipo mostró cómo la complejidad geológica, ambiental y social puede alterar costos y cronogramas. Dominga confirma que las controversias regulatorias siguen determinando el destino de una iniciativa. Ninguno fue una sorpresa: los riesgos más costosos siempre estuvieron presentes y fueron comprendidos demasiado tarde.
Paradójicamente, Chile posee una ventaja competitiva única: ha desarrollado una institucionalidad basada en la transparencia. El problema es que seguimos tomando decisiones como si estuviera dispersa o desconectada.
Hoy la viabilidad ya no depende solo de variables técnicas o financieras. El territorio es un activo estratégico donde convergen regulación, jurisprudencia, biodiversidad, hídrica, política local y comunidades. Dos proyectos con la misma ingeniería pueden tener resultados opuestos según donde se desarrollen.
Sin embargo, las organizaciones analizan esas variables por separado y el riesgo real solo aparece cuando esas miradas se integran antes de decidir. Bent Flyvbjerg, profesor de Oxford, lo resume: over budget, over time, over and over again. Los sobrecostos y retrasos rara vez obedecen a la ingeniería; su origen suele estar en la subestimación de la complejidad institucional y territorial.
Aquí radica el verdadero costo de llegar tarde.Una restricción en ingeniería conceptual se resuelve con un ajuste de diseño. Descubierta tras años de tramitación y capital comprometido, se traduce en judicialización y pérdidas que ningún proyecto recupera.
La IA abre una oportunidad para procesar datos y detectar patrones. Pero no puede comprender el contexto político, anticipar actores ni sustituir la experiencia profesional. La ventaja surgirá de combinar capacidad analítica con conocimiento experto.
El verdadero desafío para Chile es desarrollar una inteligencia territorial preventiva para integrar evidencia antes de decidir. Porque los proyectos no fracasan por falta de información. Fracasan cuando la información llega demasiado tarde.