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Columnistas

Maricarmen viene viajando a Chile

JOSÉ MIGUEL MORALES, PHD. Psicólogo. Unidad de Personas Mayores, Facultad de Psicología UDD

Por: JOSÉ MIGUEL MORALES,

Publicado: Jueves 1 de octubre de 2026 a las 04:00 hrs.

Chile suele heredar los problemas de España con más o menos una década de atraso. Por eso, en este Día Internacional de las Personas Mayores, quiero presentarles a Maricarmen, pues sospecho que en unos 10 años tendrá una prima chilena.

María del Carmen Abascal, de 87 años, vivía desde 1956 en un departamento arrendado en Madrid. Una inmobiliaria compró el edificio y quiso subirle el arriendo de 500 a 2 mil euros. Al cuarto intento de desalojo, el 23 de septiembre de este año, la policía la sacó de su casa. El caso se volvió símbolo nacional.

Con el mayor de los respetos, vengo a ofrecerles la receta para fabricar una señora Maricarmen chilena para 2036. Paso uno: tome a quienes hoy tienen 50 años, que compraron casa cuando el pie costaba cuatro años de ingresos; déjelos reposar hasta jubilar con un dividendo casi pagado. Paso dos: suba el precio de la vivienda a fuego alto, hasta que el pie alcance unos 11,4 años de ingresos, como hoy. Paso tres: deje fuera del horno a los jóvenes. Paso cuatro: agregue una administración eficiente, que ni siquiera precisa ser malvada. Paso cinco: una arrendataria octogenaria que ha cumplido las reglas toda su vida. Paso seis: termine con la notificación cordial de una inmobiliaria, que anuncie un reajuste que quintuplique su arriendo “a valor de mercado”. Sírvase con alta polémica generacional.

“La nueva longevidad no se hereda. Una vida larga con techo es una bendición; pero sin él, puede ser una larga incertidumbre”.

En España ese último paso ya hierve. Los jóvenes dejan la casa de sus padres pasados los 30 años y los nuevos jubilados tienen más ingresos que los menores de 35. La palabra “boomer” se volvió acusación. Pero Maricarmen desarma el libreto: si la guerra fuera entre generaciones, ella estaría entre los vencedores, pero la perdió porque nunca fue propietaria. La línea que divide esta pugna no es la fecha de nacimiento, sino la escritura.

Hay un segundo aviso. España aprobó en 2006 su Ley de Dependencia y durante años la vejez fue causa altamente valorada; pero tras años de crisis, los mayores pasaron de ser alguien a quien cuidar, a ser alguien que cuesta, y muy caro. Chile vive hoy su propio auge demográfico: ya hay más personas de 60 años, que menores de 15. Me temo entonces que esta sea una ventana de solo dos décadas, y que luego se cierre cuando los niños que hoy tienen 10, lleguen a los 25 sin casa y dirijan su enojo contra sus abuelos, en lugar de contra las reglas del juego.

Aún podemos arruinar la receta: pensar la vivienda de mayores y jóvenes como una sola política de arriendo protegido; convertir la convivencia intergeneracional en política pública; no importar el insulto, porque el edadismo corta en ambas direcciones; y que quienes hoy tienen 50 entiendan que su vejez depende de la juventud ajena.

La nueva longevidad no se hereda. Una vida larga con techo es una bendición; pero sin él, puede ser una larga incertidumbre. Maricarmen llegó a los 87: su longevidad no falló, falló todo lo que debía sostenerla.

Ojalá me equivoque. Pero si la regla de los diez años se cumple, Maricarmen ya tomó el avión hacia Chile. Y sería muy triste descubrir que tuvimos una década de ventaja y la gastamos discutiendo quién tenía la culpa.

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