Una recesión corresponde a una interrupción o contracción transitoria de la actividad económica. Este concepto se contrapone, por ejemplo, a un estancamiento estructural que se produce cuando un sector enfrenta una debilidad persistente que no responde al ciclo económico. La producción minera de cobre ha caído en nueve de los últimos doce años, lo que habla de un problema estructural, más que de uno cíclico. Es cierto que la caída de este año será mayor que la de años previos y puede tener componentes coyunturales, pero se superpone a un estancamiento de más larga data.
En el informe de atractivo para la inversión minera del año 2001 del Instituto Fraser, Chile ocupaba el segundo lugar entre 35 jurisdicciones, sólo detrás de Nevada, en EEUU. El año 2025, nuestro país ocupó el lugar 32 entre 68 jurisdicciones. Por su parte, la participación de Chile en la producción mundial de cobre cayó desde 35% el año 2000 a 23% en 2025. Nuestro país ha perdido atractivo, como consecuencia de los aumentos directos e indirectos de los costos de invertir en minería. Durante las últimas dos décadas, el sector se ha enfrentado a un fuerte aumento de los costos laborales, un aumento de la incertidumbre regulatoria y sucesivas alzas de impuestos, incluyendo el aumento del royalty durante la administración del presidente Boric. El año 2025 el antes denominado “sueldo de Chile” representó 10% de los ingresos del fisco y tres cuartas partes fueron pagados por el sector privado.
“En vez de incentivar las inversiones en un país eminentemente minero, se han puesto diversas cortapisas al desarrollo del sector”.
El proyecto de reconstrucción permitirá que el país recupere parte de su competitividad tributaria, no sólo debido a la baja del impuesto corporativo, sino sobre todo por la invariabilidad tributaria que incluye la iniciativa. A su vez, las medidas administrativas que se están tomando desde el Ejecutivo para acelerar la inversión, también contribuyen a subsanar parte de las dificultades que ha debido enfrentar este sector.
Es en este contexto que la producción chilena de cobre se ha reducido de forma persistente. Durante años, en vez de incentivar las inversiones en un país eminentemente minero, se han puesto diversas cortapisas al desarrollo del sector, lo que le ha hecho perder competitividad y atractivo. Todo esto redunda en que hoy no podamos aprovechar a cabalidad el súper ciclo de precios. Algunos pueden sentirse orgullosos porque se recauda más debido a las alzas de impuestos, pero la comparación correcta es cuánto se habría recaudado si la producción de cobre hubiese crecido desde 2015, por ejemplo, a la mitad de lo que creció en las dos décadas previas, haciendo las inversiones necesarias para ello. Un cálculo simple muestra que al cierre de 2025 los ingresos fiscales por cobre habrían sido 36% mayores, equivalente a un incremento de US$ 2.600 millones.
La minería del cobre enfrenta un proceso de estancamiento estructural, no una recesión. Identificar correctamente el problema que aqueja a los sectores económicos es importante porque sólo buenos diagnósticos llevan a tomar las decisiones correctas.