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Rodrigo Aravena

Ajuste fiscal: costoso, pero necesario

RODRIGO ARAVENA GONZÁLEZ ECONOMISTA JEFE BANCO DE CHILE

Por: Rodrigo Aravena

Publicado: Lunes 21 de septiembre de 2026 a las 04:03 hrs.

Rodrigo Aravena

Rodrigo Aravena

Es habitual que a estas alturas del año la política fiscal gane protagonismo en la discusión macro del país, en buena medida por el debate relacionado a la elaboración del presupuesto del año entrante. Pero la coyuntura entrega motivos adicionales para que el gasto de gobierno ocupe un lugar aún más relevante en el análisis local.

El primero es que este año hemos observado una indudable mejora de las cuentas fiscales, revirtiendo el deterioro que arrastrábamos desde hace tiempo y que se había acentuado recientemente. Según cifras reportadas por la Dipres, en los primeros siete meses el gasto se desaceleró con fuerza y creció solo 0,7%, frente al 3,3% de igual período de 2025. La brecha resulta aún más nítida al compararla con la ejecución de 2023 y 2024, años en que los desembolsos subieron 5,3% y 6,3%, respectivamente. Esa moderación, junto con la aceleración de los ingresos (7,0% real), explica el avance del balance del gobierno, que acumuló un déficit de 0,7% del PIB entre enero y julio, menos de la mitad de lo registrado en años previos. Bajo cualquier métrica, el progreso en la posición fiscal es innegable.

“Frente al efecto negativo en la actividad de corto plazo… ¿era necesario ajustar el gasto? La respuesta es un rotundo sí”.

Sin embargo, hay elementos que justifican analizar este resultado con cautela y reconocer que la consolidación tiene aún una serie de desafíos pendientes. Uno es que el menor gasto se explica en buena medida por el componente de capital, que retrocedió 14%, principalmente por una inversión más baja. Otro es el rol de la tributación de la minería privada, cuyo crecimiento de 41% anual fue determinante en el alza de la recaudación. El cambio es real, pero no habría sido tan marcado sin ambos factores.

La segunda razón es su impacto en el crecimiento, ya que el ajuste ha estado lejos de ser neutro y ha tenido un costo efectivo en actividad. Si bien hay varios elementos detrás de la desaceleración de la demanda interna (como el efecto de la inflación sobre los ingresos disponibles, el debilitamiento del mercado laboral y el retroceso, aunque endógeno, de las expectativas), es evidente que este proceso tiene un efecto contractivo, más aún al considerar los shocks de oferta que han deteriorado el entorno global y local.

Por lo mismo, no es de extrañar que algunos se planteen la siguiente pregunta: frente al efecto negativo en la actividad de corto plazo… ¿era necesario ajustar el gasto? La respuesta es un rotundo sí. Es justamente aquí donde no podemos confundirnos ni desconocer las tremendas asimetrías entre los costos y los escasos y dudosos beneficios de seguir expandiendo el nivel de gasto fiscal. El menor crecimiento atribuible al ajuste (que, insisto, explica solo parte de la desaceleración) debemos entenderlo como un costo transitorio, con el fin de no seguir acumulando una deuda que mañana será mucho más cara. Es también un paso necesario para volver a contar con reservas que nos permitan responder a crisis externas y acotar la duración de las recesiones, tal como lo hicimos en la crisis subprime y en la pandemia, donde Chile fue un referente a nivel global. A ello se suma que un menor déficit aliviará significativamente las presiones al alza en las tasas de interés, sobre todo las de largo plazo, lo cual es aún más relevante al considerar su encarecimiento generalizado a nivel global. Y todo ello cobra más fuerza al constatar que acelerar el gasto ha traído un sinnúmero de perjuicios que exceden con creces sus escasos efectos sobre el bienestar.

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