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Editorial

Gira por Europa: señales de confianza

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Publicado: Viernes 6 de noviembre de 2026 a las 04:00 hrs.

La gira europea del Presidente José Antonio Kast permitió recordar que Chile conserva atributos institucionales valorados por los inversionistas internacionales. Profundizar la relación con Europa merece ser respaldada como una política de Estado orientada a ampliar las oportunidades de inversión y comercio, por encima de las afinidades ideológicas del gobierno de turno. En un escenario de incertidumbre internacional, cultivar esos vínculos permite diversificar las opciones económicas del país.

En esa línea, la valoración de la presidenta de Banco Santander, Ana Botín, sobre el respeto de Chile a las instituciones, los contratos y las políticas macroeconómicas constituye una señal favorable para una economía que necesita recuperar la inversión. Durante las actividades empresariales en Madrid, la ejecutiva destacó que la relación con nuestro país ha permitido sostener negocios durante décadas.

La importancia del capital europeo en Chile se refleja también en el capital acumulado. Según el informe de InvestChile de julio de 2026, con cifras del Banco Central correspondientes 2024, España, Países Bajos, Italia y Bélgica figuran entre los diez principales países de origen de la inversión extranjera directa en Chile. Los que, sumados al Reino Unido -que se encuentra fuera de la Unión Europea- concentran un stock superior a US$ 74 mil millones, alrededor del 26% del total. Y aunque el FMI proyecta un crecimiento de la eurozona de apenas 1,1% en 2026 y 1,2% en 2027, ello no resta relevancia a Europa como fuente de financiamiento, tecnología y acceso a redes empresariales para Chile.

El acercamiento a Europa debe contribuir a consolidar la posición de Chile como destino de inversiones de largo plazo.

Esta vinculación dispone, además, de instrumentos que conviene aprovechar. El Acuerdo Interino Comercial entre Chile y la Unión Europea, vigente desde el 1 de febrero de 2025, amplió del 94,7% al 99,6% la proporción de líneas arancelarias chilenas cubiertas por alguna preferencia en ese mercado. Convertir esa apertura en exportaciones requiere facilitar el cumplimiento de las reglas de origen, identificar oportunidades para nuevos productos y acompañar a empresas que aún no utilizan esas ventajas.

Profundizar estas alianzas resulta técnica y tácticamente indispensable en un entorno global cruzado por la incertidumbre comercial y las tensiones geopolíticas entre las grandes potencias. Si bien la interdependencia con Estados Unidos y China mantendrá su condición de eje estructural para el comercio exterior, una economía abierta como la chilena tiene el imperativo de diversificar sus opciones para mitigar el riesgo de concentración y reducir la exposición a shocks regulatorios o políticos de sus mayores socios. La diversificación eficiente exige tanto el desarrollo de nuevos destinos como la optimización de los tratados y marcos de cooperación ya vigentes con los socios históricos.

En un escenario de creciente competencia internacional por atraer capitales, la confianza institucional constituye una ventaja relevante, pero no suficiente si persisten obstáculos que elevan los costos y la incertidumbre cuando se decide invertir. El acercamiento a Europa debe contribuir a consolidar la posición de Chile como destino de inversiones de largo plazo, de modo que las señales de confianza se traduzcan en nuevos proyectos, mayores flujos de capital y un impulso sostenido al crecimiento y la productividad.

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