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Editorial

LOS COSTOS DE UN EEUU MÁS RIESGOSO

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Publicado: Lunes 24 de agosto de 2026 a las 04:00 hrs.

La tensión que la semana pasada golpeó al mercado de bonos de Estados Unidos tiene causas financieras conocidas, deuda creciente, déficits fiscales elevados, inflación aún por encima de la meta y una oferta de títulos que compite con las fuertes necesidades de financiamiento de las tecnológicas y la Inteligencia Artificial. Pero también revela una señal política relevante para el resto del mundo, los inversionistas incorporan mayor incertidumbre sobre la conducción económica de EEUU y exigen una remuneración más alta para comprometer capital a largo plazo.

Mantener desequilibrios tan abultados, con una economía lejos de la recesión, obliga a preguntarse qué capacidad y voluntad política tendrá Washington para corregirlos. Se trata de desequilibrios que no solo afectan a EEUU, sino a todos los mercados financieros, incluido Chile.

El bono del Tesoro a 30 años llegó la semana pasada a 5,33%, su mayor nivel desde 2007, mientras el de 10 años se mantuvo en torno a 4,7%. Aunque las bolsas estadounidenses recuperaron parte de sus pérdidas hacia el cierre de semana, la presión sobre los activos financieros se mantuvo, el dólar operó cerca de mínimos de tres meses frente al euro y el oro superó los US$4.600 la onza.

No todo este episodio es atribuible a la política estadounidense, el alza del petróleo por la guerra con Irán, las grandes emisiones corporativas ligadas a la IA y una venta global de deuda soberana también explican parte del ajuste. Pero EEUU enfrenta una exigencia distinta, su moneda es la principal reserva internacional y sus bonos son el activo libre de riesgo sobre el que se valoriza buena parte del sistema financiero mundial, por eso la previsibilidad institucional no es un atributo accesorio, sino parte del precio de sus activos.

Se trata de desequilibrios que no solo afectan a Estados Unidos, sino a todos los mercados financieros, incluido Chile.

Es aquí donde la administración Trump enfrenta un problema mayor. El presidente ha presionado públicamente para que la Reserva Federal baje la tasa, y en julio sostuvo que EEUU debería tener “la tasa de interés más baja del mundo”, calificando de “políticos” a miembros del banco central. Su presidente, Kevin Warsh, ha defendido la independencia de la Fed, pero la credibilidad de una institución no depende solo de su autonomía formal, sino de que los mercados perciban sus decisiones protegidas de las urgencias políticas de corto plazo.

Estados Unidos conserva una economía profunda e innovadora, capaz de atraer capital como ningún otro país. No vive una crisis inminente de deuda, pero precisamente por esa fortaleza resulta innecesario sumar incertidumbre institucional a desafíos fiscales ya complejos, que golpean a la economía global, y a Chile, vía el alza del costo de financiamiento.

El alza de los bonos del Tesoro es una advertencia. Las recompras del Tesoro, como las de la semana pasada, pueden aliviar el episodio, pero no reemplazan una trayectoria fiscal creíble ni una Fed cuya independencia sea comprendida por los mercados. Si Washington quiere reducir el costo de su deuda de forma sostenible, deberá recuperar uno de sus mayores activos históricos, la previsibilidad de su política económica.

El riesgo para economías pequeñas y abiertas como la chilena es que el alza global de tasas golpee el financiamiento tanto del Fisco, con una trayectoria de deuda creciente, como de las empresas, frenando sus planes de inversión y la reactivación que el país necesita.

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