Malas señales en la actividad económica
El Imacec de julio, publicado ayer por el Banco Central, cayó 1,5% respecto de igual mes de 2025, su peor resultado en más de tres años, y pone en duda el “punto de inflexión” que Hacienda había anticipado tras el alza de 2% en junio, que había cerrado cinco meses de contracciones y evitado por un margen mínimo la recesión técnica. Parte de la caída es atribuible a los temporales de fines de julio, pero eso no basta para explicar todo el retroceso, que vuelve a mostrar que varias señales positivas han sido alivios puntuales y no el inicio de una reactivación consolidada.El retroceso estuvo determinado principalmente por una baja de 9,3% en minería, que por sí sola restó 1,3 puntos al resultado agregado, aunque el deterioro no se limita a ese sector: el Imacec no minero también cayó 0,3%. Según Libertad y Desarrollo, cumplir el piso de 1% proyectado en el IPoM de junio exigiría crecer 2,9% mensual en los cinco meses restantes, una meta que el propio centro de estudios califica de “muy exigente”.
Lo de la minería es aún más preocupante porque ocurre en el peor momento posible. Cochilco elevó en agosto su proyección del precio del cobre para 2026 a US$ 5,95 la libra, un nivel históricamente alto, pero redujo su estimación de producción a 5,27 millones de toneladas, una caída de 2,6%, por el débil desempeño de Codelco, Escondida y Spence. Chile está desaprovechando, por restricciones productivas propias, uno de los ciclos de precios más favorables de su historia.A eso se suma que la desocupación nacional llegó a 9,5% en el trimestre mayo-julio, su nivel más alto en cinco años, según el INE, lo que confirma que la reactivación necesaria para el empleo será una tarea compleja.
La recuperación dependerá, finalmente, de que esas señales favorables dejen de ser episodios aislados y comiencen a traducirse en mayor inversión, empleo y consumo.
La aprobación de la ley de reconstrucción y la ampliación de incentivos a la inversión son señales positivas, pero este estímulo de capital no agota el diagnóstico. El consumo de los hogares, que corresponde a cerca del 60% del PIB según la OCDE, también muestra signos de agotamiento, en medio de alzas sucesivas en los combustibles, la caída de la confianza y una tasa de interés que el Banco Central mantiene en 4,5% pese a la debilidad de la actividad. Por lo tanto, el desafío no es solo de inversión, sino también de liquidez y confianza, en especial para las PYME. Respecto de ellas, Chile ya usó en crisis anteriores herramientas como adelantar devoluciones de impuestos o suspender el pago de PPM, opciones complementarias que también debieran discutirse para contribuir a la superación de este escenario.
El propio Quiroz reconoció ayer que la proyección de crecimiento de 1,8% para 2026 deberá ajustarse a la baja, aunque insistió en que julio no permite anticipar todo el segundo semestre. Más que una contradicción, esa cautela confirma la magnitud del desafío, porque la economía necesita menos confianza en puntos de inflexión incipientes y más condiciones concretas, de inversión y de consumo, para volver a ganar dinamismo.
La recuperación dependerá, finalmente, de que esas señales favorables dejen de ser episodios aislados y comiencen a traducirse en mayor inversión, empleo y consumo.