Salmonicultura bajo presión
La muerte de casi 918 toneladas de salmones por una floración de algas nocivas en centros del grupo Multi X en Magallanes en octubre, recuerda la exposición permanente de la salmonicultura a riesgos que comprometen su continuidad productiva. Para una de las principales industrias exportadoras de Chile, fortalecer la prevención constituye una condición para sostener su competitividad. Su defensa exige reconocer su contribución económica, pero también que su desarrollo futuro dependerá de avances sanitarios y ambientales concretos.
En 2025, las exportaciones de salmón chileno alcanzaron los US$ 6.552 millones, equivalentes al 6% de los envíos nacionales y al 17% de los no mineros, según el Consejo del Salmón. Por otro lado, un reciente estudio encargado por SalmonChile, que incorpora los efectos directos e indirectos de la actividad, estima su contribución en 2,6% del PIB nacional y cerca de 338 mil empleos vinculados a su cadena productiva.Según el mismo estudio, la salmonicultura representa el 21,4% del PIB de Aysén, el 12,6% del de Los Lagos y el 11,1% del de Magallanes. Su desarrollo ha permitido sostener empleos, proveedores, infraestructura y servicios en territorios donde las alternativas de diversificación productiva son limitadas. Por ello, cualquier amenaza a su competitividad tiene consecuencias que trascienden ampliamente a las empresas productoras. Pero esa relevancia económica también impone una mayor responsabilidad sobre la sostenibilidad de la actividad.
Chile debe reforzar sus capacidades de prevención sanitaria y desplegar una defensa internacional sustentada en evidencia.
Las floraciones de algas nocivas exigen monitoreo y respuestas oportunas, mientras que el control de enfermedades infecciosas plantea desafíos sanitarios permanentes. Según Sernapesca, el índice nacional de consumo de antimicrobianos aumentó 5,88% en 2025, mientras el de antiparasitarios disminuyó 41,26%. En los centros que cerraron su ciclo, el indicador de antimicrobianos no presentó variaciones significativas respecto de 2024. Estos resultados requieren una lectura diferenciada, pero no deben relativizar la necesidad de avanzar en la reducción del uso de antibióticos y en mejores estándares sanitarios.
A estos riesgos se añade la presión arancelaria en EEUU. Los envíos a ese mercado aumentaron 9,3% en volumen y 4,5% en valor entre enero y septiembre, pero ello no implica una mejora equivalente de la rentabilidad. Los ajustes de precios, la mayor eficiencia y la diversificación de destinos es parte de la respuesta empresarial, que también requiere gestiones públicas para mejorar el acceso a los mercados.
En ese contexto, la campaña Off the Table, respaldada por más de 120 chefs de 26 países, agrega una presión reputacional. Aunque no se dirige exclusivamente a Chile, amerita respuestas técnicas que distingan las condiciones nacionales y reconozcan las brechas pendientes. En este escenario, resulta indispensable una estrategia coordinada entre el gobierno, los productores, la comunidad científica y los organismos fiscalizadores. Chile debe reforzar sus capacidades de prevención sanitaria y, simultáneamente, desplegar una defensa internacional de la industria sustentada en evidencia, certificaciones y mejoras comprobables. Ello exige tanto una acción pública eficaz como un compromiso verificable de las empresas con mejores estándares productivos y ambientales. El peso económico del sector justifica una política de largo plazo para su desarrollo, pero no puede constituir por sí solo el fundamento de su defensa. La capacidad de la salmonicultura para reducir riesgos, corregir deficiencias y acreditar avances será decisiva para sostener la confianza de compradores, inversionistas y comunidades.