Cuando Eduardo Dib Maluk (71) -empresario porteño de ascendencia sirio-libanesa- pisó por primera vez el teatro del exColegio Alemán de Valparaíso tuvo una revelación: el edificio de 1857 que había ido a conocer pensando en hacer un negocio inmobiliario sería el punto de partida de lo que hoy denomina su “legado”.
El histórico recinto fue recuperado y convertido en el primer Museo del Inmigrante en Chile. Su gran patio central fue rehabilitado para acoger restaurantes, cafeterías, pastelerías, salas de conferencias y una librería. Todo en su conjunto pasó a formar “Destino Valparaíso”, un centro cultural, gastronómico y patrimonial inaugurado en agosto de 2025 y que en un año de operaciones ha congregado a 250 mil personas.
“Tú puedes haber trabajado, como yo, 40 o 50 años, pero ¿cómo te vas de este mundo? Yo podría terminar como el mejor vendedor de choapinos de Chile. ¿Pero es eso suficiente? Yo creo que no”.
El socio fundador de Alfombras Dib, destinó una importante cantidad de recursos a la rehabilitación, construcción y puesta en marcha del museo, una inversión que, asegura, nunca va a recuperar. Pero el legado no terminó ahí. El 25 de septiembre de este año firmó un convenio de colaboración y comodato a 50 años con la Corporación Iglesia Episcopal Anglicana de Valparaíso para restaurar y mantener la Catedral Anglicana Saint Paul’s, contigua a Destino Valparaíso. Y en las dependencias aledañas a la nave central planea ahora habilitar un segundo centro cultural: el primer Museo Británico de Chile para destacar el aporte que hizo la colonia británica a Valparaíso. “Los británicos formaron esta ciudad. Cuando Chile se declara independiente y abre la libertad de comercio, los primeros que llegan acá, siendo extraordinariamente emprendedores, aventureros y espectaculares, fueron ellos”.
Así, el ingeniero comercial de la Universidad Adolfo Ibáñez se embarcó en un nuevo sueño. “Lo que queremos, en el fondo, es crear un distrito patrimonial. Queremos que esta zona sea reconocida como la zona de los museos del patrimonio en Valparaíso”, se sinceró.


Museo del Inmigrante, en el antiguo edificio del exColegio Alemán de Valparaíso.
Un poco loco
El caso de Dib es particular. Él mismo se reconoce como “un poco loco. Hay poca gente que hace cosas como esta porque muchos empresarios no se dan cuenta que, aparte de trabajar, hay que dejar un legado. Yo creo que es una obligación, en la forma que sea. Porque tú puedes haber trabajado, como yo, 40 o 50 años, pero ¿cómo te vas de este mundo?, ¿porque vendiste alfombras?, ¿choapinos? Yo podría terminar como el mejor vendedor de choapinos de Chile. ¿Pero es eso suficiente? Yo creo que no”.
Destino Valparaíso opera hoy de forma autosustentable, porque el mantenimiento y funcionamiento del Museo del Inmigrante se financia con los arriendos que pagan los locales comerciales, “a los que por cierto, les ha ido muy bien”, destaca. Pero el nuevo proyecto de la catedral anglicana supondrá nuevos costos para la familia. ¿Entonces, qué gana con todo esto? “Felicidad”, dice el empresario. “Uno rentabiliza el alma cuando recupera y vuelve a poner bonitos estos lugares que son antiguos, que tienen historia. Es un disfrute que va mucho más allá de lo económico”.

El primer Museo Británico de Chile se habilitará en dependencias aledañas a la Catedral Anglicana Saint Paul’s.

Valparaíso estigmatizado
“Yo creo que Valparaíso tiene un potencial enorme”, agrega el también socio de la constructora e inmobiliaria Argenta, que recientemente rehabilitó una antigua bodega en la Avenida Brasil donde se instaló un local de la cadena de gimnasios Sport Life, “de lujo”. Pero piensa que no ha habido suficiente inversión privada porque “la ciudad está muy estigmatizada después de lo que pasó con el estallido social, por un lado, y por la pésima gestión del exalcalde Jorge Sharp, que destruyó Valparaíso”, dice.
De la actual alcaldesa Camila Nieto (FA) tiene una opinión diferente. “Ella es muy entusiasta, inteligente y emprendedora”. Su administración, afirma, “ha sembrado” el interés de los inversionistas. “Sé que hay gente que se está moviendo, que está viendo y está comprando. Hay un ruido emergente que no había hasta hace un par de años. Probablemente también por Destino Valparaíso. Hemos demostrado que se pueden hacer cosas, culturales o no, que efectivamente pueden rentar y ser atractivas desde el punto de vista de la gestión comercial o inmobiliaria”.
“Hay gente que se está moviendo, que está viendo y está comprando. Hay un ruido emergente que no había hasta hace un par de años. Probablemente también por Destino Valparaíso”.
Un cerro sin rayados
Nieto, por su parte, destaca el aporte del empresario. “Es un ejemplo del tipo de inversión privada que queremos en la ciudad, que entiende que nuestro patrimonio no es un obstáculo para el desarrollo, sino una oportunidad”.
También los habitantes del Cerro Concepción agradecen su trabajo. El presidente de la junta de vecinos N°28, Enzo Gagliardo, dice que la inversión ha sido “un tremendo aporte”. En la transformación del excolegio, los vecinos pudieron plantearle sus inquietudes y propuestas para avanzar hacia “un cerro ordenado, sin rayados, mejor iluminación en el Paseo Atkinson y la instalación de 49 cámaras en todo el perímetro, además de botones de pánico. Valparaíso requiere que más personas como Eduardo Dib, vuelvan a creer en nuestro amado puerto”, agrega el dirigente.
El presidente de la Cámara Regional del Comercio de Valparaíso, Javier Torrejón, también destacó la ejecución de este tipo de proyectos: “Destino Valparaíso, impulsado por Eduardo Dib; la restauración del Edificio Astoreca, ligada a la familia von Appen; y el rescate del Bar Inglés, encabezado por Ignacio González, muestran que sí existe voluntad privada de invertir en el patrimonio de Valparaíso. Para que otros sigan ese camino, se requieren permisos con criterios claros y plazos predecibles, coordinación entre las autoridades e incentivos adecuados. Quien invierte necesita saber qué puede hacer, cuánto costará y cuándo podrá operar”.

Parte de las colecciones y muestras exhibidas en el Museo del Inmigrante.