El físico chileno César Hidalgo vive a pasos de la plaza Jean Jaurès, el punto donde se cruzan las dos líneas del metro de Toulouse y por donde han pasado todas las manifestaciones de las últimas semanas. Llegó a la ciudad en 2019, cuando dejó el MIT para hacerse cargo de la cátedra Augmented Society del ANITI, el instituto de inteligencia artificial de la Universidad de Toulouse. La zona donde vive, dice, “es el equivalente a la Plaza Baquedano en Chile”.
El sábado 17 de octubre Francia vivió el peor día de violencia en años. Entre 550.000 y 800.000 personas salieron a las calles a protestar contra el alza del costo de la vida y, al caer la noche, decenas de personas entraron a la municipalidad de Limoges, un edificio de 1882, y le prendieron fuego. El balance del Ministerio del Interior terminó en 2.397 detenidos en todo el país, 997 policías y gendarmes heridos -siete de ellos de gravedad- y un manifestante muerto.
En Toulouse marcharon decenas de miles de personas. Esa noche se rompieron las vitrinas de las calles comerciales del centro y se llevaron todo lo que había adentro. “Se escuchaban muchos estallidos, gente corriendo en turbas, y gas lacrimógeno que subía por las calles”, describe Hidalgo días después desde el aeropuerto de Ámsterdam, antes de tomar un vuelo a Stavanger, Noruega.

Entremedio de sus viajes, y juntando data, tecnología y contingencia, el físico de la UC, doctorado en Notre Dame y autor de distintos libros, publicó el lunes un tuit que ya lleva 83 mil visualizaciones: es una foto de una fila de estudiantes esperando a las 11 de la mañana frente a un casino universitario que abre a mediodía. ¿La razón? En mayo el gobierno francés extendió el beneficio del almuerzo a 1 euro para a quienes hasta entonces no tenían beca y pagaban 3,30 euros. La cantidad de comida siguió igual, la demanda subió y ahora los alumnos llegan una hora antes para alcanzar a comer a ese precio. Hidalgo hizo la cuenta: el que espera en esa fila entrega una hora de su día para ahorrarse 2,30 euros.
En los comentarios, un usuario comparó esa escena con las filas de las economías socialistas. “Mi señora creció en la Unión Soviética y ve muchos paralelos”, le contestó Hidalgo.
Ese es sólo un ejemplo de la estrechez económica que vive Francia y que, junto a muchos otros factores, está generando las movilizaciones de las últimas semanas. Y, de pasada, deja al descubierto los problemas de uno de los Estados de bienestar más abultados del mundo.
“Europa llegó a ser un cuarto del PIB del mundo”
En el verano europeo recién pasado, en algunas aulas de colegios franceses el termómetro llegó a 39 grados, con olas de desmayos e incluso clases en los pasillos o al aire libre. En uno de esos establecimientos públicos un grupo de apoderados juntó recursos y compró aire acondicionado para las salas de sus hijos. Y si bien parecía una acción normal, generó una controversia gigante. A juicio de muchos, era una situación injusta. La climatización tenía que proveerla el Estado, no los padres.
Hidalgo cuenta ese hecho como el mejor resumen de lo que hay detrás de las protestas. Son marchas que le reclaman más y más al Estado en un país que lleva meses en un plan de austeridad. “Hay una cultura que empuja lo público como lo estatal, no como la organización del pueblo mismo”, describe. Y hay una cultura de dependencia, agrega, que viene de una preferencia muy fuerte por la igualdad: “Esa dependencia genera una preferencia por evitar, o incluso ir en contra, de la autoorganización de las personas para proveerse de su propia infraestructura”.

“Francia tiene un Estado de bienestar muy desarrollado, muy grande, pero que hoy tiene problemas de calidad, problemas de cobertura y problemas de sostenibilidad”, dice. “Se le pide más con menos (recursos)”.
Y justamente un ejemplo que ilustra esa tensión, dice Hidalgo, es la edad de jubilación, que en Francia es de 62 años y es de las más bajas de toda Europa. Macron la subió a 64 en 2023, pero el alza quedó congelada hasta 2028, justo después de la próxima elección presidencial. “En Francia no hay un sistema de capitalización. Muchas personas lo ven como un derecho, y la parte del derecho es jubilarse joven, porque no quieren tener que retirarse una vez que ya no tengan años de vida que sean de calidad”.
“Hay una cierta marginalización”
La situación económica en Francia no puede ser más compleja. El déficit llega a 5,4% del PIB, el más alto de la Unión Europea, y la deuda bordea el 120%. El desempleo está en 8,3%, el más alto desde 2020, y el juvenil en 21%. La economía apenas crecerá 0,4% este año y la inflación interanual llegó a 3,1% en septiembre. Fitch y S&P ya bajaron la calificación soberana.
“El costo de vida es alto y los sueldos son bajos, sobre todo porque hay una carga impositiva muy grande”, dice el físico chileno. Al francés promedio le queda poco ingreso disponible, así que cuando el servicio público deja de funcionar se generan estas fricciones, opina.

Por eso, explica Hidalgo, estas manifestaciones son heterogéneas. En una misma marcha caminan estudiantes, sindicatos, jubilados, vecinos de los barrios de inmigrantes y personas con intereses religiosos. “Las políticas que satisfacen a uno probablemente no van a satisfacer a los otros, porque están peleando por los mismos recursos”, describe. “Es un movimiento que por un lado es masivo, pero por otro lado es muy desorganizado”.
- Más allá de la tradición de protesta que tiene Francia, ¿por qué las manifestaciones terminan siempre con tanta destrucción? Pasó con los chalecos amarillos, luego en 2023 y también ocurre ahora…
- Son grupos chicos, pero que pueden causar muchos destrozos. En una manifestación de 100.000 personas, si el 1% quiere generar desmanes, ya estamos hablando de mil personas. Y hay un sesgo: las fotos de los puentes llenos de gente marchando en orden se comparten localmente. Las de los saqueos tienen un rango nacional o global.
- ¿Y qué rol cumple la inmigración en las manifestaciones actuales?
- Francia no tiene la capacidad de integración que países de las Américas como Estados Unidos han tenido. Hay una cierta marginalización y la existencia de culturas paralelas que conviven en el espacio.
- Hace años se dice que Europa es un museo, que vive de su arquitectura, de su turismo. Pero mientras tanto, pierde su peso industrial y tecnológico.
- Europa llegó a ser un cuarto del PIB del mundo y ahora va en un 14%. Eso limita la capacidad que tenía para imponer regulaciones. Ese era el modelo europeo: somos un mercado grande, entonces podemos poner las reglas de las tecnologías que usamos. Ese poder ha ido desapareciendo. Hoy hay empresas que directamente no lanzan productos de IA acá por lo que cuesta adaptarlos. Pero la calidad de vida en Francia es incomparable, porque hay cosas que no son transables. La calidad del espacio urbano no la puedes comprar y Europa la tiene.
“Hay voto protesta”
Para la elección presidencial de 2022 Hidalgo y su equipo armaron una plataforma donde los franceses podían construir su propio programa de gobierno con pedazos de los programas de los 12 candidatos, y así medir cuáles propuestas dividían más a la población. Les gustaría repetirla el próximo año -Francia tiene comicios en abril de 2027-, pero las reglas europeas de datos les toman meses de trámite. “Tenemos la intención, pero no podemos garantizar que lleguemos a algo”, afirma.
¿Y cómo es vivir tan cerca del epicentro de las protestas en Toulouse? Aquí Hidalgo marca una distancia con el francés promedio: “Tengo la suerte de que, a pesar de vivir en Francia, no dependo fuertemente de Francia, porque mi trabajo es muy internacional”, dice. “Puedo disfrutar de Francia como un buen barrio”.

Después de Stavanger irá a Yakarta, a dictar un curso de complejidad económica para la cámara de comercio indonesia. Luego le toca Abu Dabi y, en noviembre, Bilbao, Bruselas y Bratislava.
Lo que viene, agrega, no se juega sólo en Francia. “Hay un vuelco en Europa hacia la derecha que empezó quizás con Italia”. El 29 de noviembre hay elecciones en España, donde le toca votar porque también es ciudadano español, y cree que eso puede anticipar lo que pase en Francia en abril de 2027. Ahí las encuestas dan primero al partido de Marine Le Pen desde hace meses.
A pesar de eso, el escenario -para él- del resultado de las elecciones sigue abierto. “Hay voto de protesta, pero son dos vueltas”, opina. “Queda mucho tiempo para cometer errores aún”.