A casi ocho meses de gestión, los expertos en ciencia política coinciden en que el gobierno del Presidente José Antonio Kast atraviesa una “crisis de envergadura”, que ha costado sortear, entre otras cosas, por la falta de mirada de conjunto de los partidos políticos detrás de esta administración, al no conformar una coalición.
La situación generada por la rebaja de penas no solo dejó expuesto al ministro de Justicia, Fernando Rabat, sino de manera especialmente compleja al mandatario, que decidió poner su capital político en juego, en defensa de su secretario de Estado. Por lo que más que si habrá cambio de gabinete o no al regreso de Kast de su gira por Europa, la pregunta debiera ser hasta dónde debieran abarcar los cambios y cuánta la profundidad de un rediseño.
Ello, no obstante, lo único que habría logrado Kast, en este gallito con la oposición por la eventual acusación constitucional contra Rabat, es que se haga más urgente aún un cambio de gabinete que no solo apunte a remover al titular de Justicia, sino para darle una nueva estructura a su administración.
“Le llora un reordenamiento político”
De hecho, según el vicedecano de la Facultad de Gobierno de la UDD, Rodrigo Arellano, el origen del conflicto golpea el principal pilar de la campaña de Kast a La Moneda, la seguridad. Desde su punto de vista, lo realizado por el Ejecutivo “es muy difícil de justificar frente a la ciudadanía, sobre todo teniendo como antecedente dos gobiernos que utilizaron un criterio diferente.
Los elementos que se conjugan en este episodio van desde el castigo ciudadano, que ya venía siendo crítico con la actuación del gobierno, especialmente por la cesantía y el costo de la vida (caída de la popularidad presidencial en las encuestas); facilita un elemento aglutinador a una oposición que estaba muy desalineada; y, “lo más grave es que esto desnuda dos falencias que, de una u otra forma, siempre han estado presente, desde el 11 de marzo, pero que ahora se vislumbran con mayor nitidez: la falta de tonelaje político, una estructura política que tiene déficit; y, la falta de coalición (…), no existe sentido de unidad y pertenencia entre los partidos” con los que está gobernando Kast, detalla Arellano.
El analista político plantea la necesidad de hacer un cambio más profundo que solo algunos nombres en el gabinete, sino un diseño que revise también las lógicas políticas de la influencia y el rol del segundo piso en el gobierno. Un cambio que dé cuenta de “cómo está configurado el diseño estratégico del gobierno desde la lógica de la toma de decisiones y de vinculación con los partidos”.
En este sentido, advierte que a este gobierno “le llora un reordenamiento político y una articulación que pueda responder frente a las demandas y crisis”, más profundo que un simple cambio de gabinete, considerando que tiene más de tres años por delante. Porque, según estima Arellano, Kast hizo “una apuesta arriesgada que no está dando los frutos que él esperaba” que fue apostar por un gabinete “con menos tonelaje político”.
De ahí que el desafío del mandatario, de cara a su regreso de Europa será articular su gabinete políticamente, “estableciendo un liderazgo para articular una coalición de gobierno que se proyecte más allá de estos cuatro años” cada día será más complejo administrar las crisis.
“Kast tiene su agenda paralizada”
A juicio del cientista político Marco Moreno, la “crisis de gobernabilidad” que enfrenta el gobierno es tan profunda que se refleja en que tanto en la oposición como en una parte importante del oficialismo no están de acuerdo en mantener a Rabat en su cargo; y, desde las filas opositoras la trasladaron a la discusión del presupuesto y la eventual acusación constitucional. A esto se suma el clima en la opinión pública que se expresa en la caída del mandatario en las encuestas.
Y pese a que “el Presidente trata de retomar el control de la agenda, esta lo siguió a Europa”, donde él mismo desde ahí confrontó a la oposición y profundizó aún más la polémica. Con caso ocho meses en La Moneda, dice Moreno, la actual administración está enfrentando una crisis de gobernabilidad similar a la que le provocó el caso Monsalve al gobierno Gabriel Boric.
En el caso de Kast le está generando la crisis de gobernabilidad que “tiene su agenda paralizada” y de la que perdió el control, generando que tome fuerza la idea del cambio de gabinete y empuja al Presidente a tomar una decisión. Y aumenta -subraya- la decepción ciudadana, lo que se proyecta en los sondeos de opinión.
Además, percibe que en este escenario se está dibujando “la trampa de la autoridad presidencial, que al generar demostraciones de que nadie le dobla la mano, el Presidente queda atrapado, porque sabe que va a tener que hacer un cambio. Así, él mismo tensiona a su propio sector, generando un desorden interno”, porque técnicamente no hay una coalición política de gobierno, concluye.
“Plebiscito legislativo del Presidente en el Congreso”
Por su parte, el cientista político Mauricio Morales, explica que si a la crisis de la administración Kast la acompaña el adjetivo de “envergadura” es porque involucra al Ministerio de Justicia, el Presidente y el sector político que representa. Y advierte que la “defensa férrea” del mandatario a Fernando Rabat, involucrándose directamente en la reyerta política con la oposición -intentando asegurar la postura de su sector en contra de la anunciada acusación constitucional (AC) y desafiando a las filas opositoras a presentarla-, “ya se transformó en una especie de plebiscito legislativo del Presidente en el Congreso y la oposición lo está entendiendo de esa manera”.
A ello se suma, la “presión ciudadana” en torno a este caso, añade, con protestas y la mala evaluación de tanto del Presidente como de Rabat en las encuestas. A lo que se suma que el mensaje de la oposición, alimentando el malestar público, desde el punto de vista comunicacional “es imbatible y es que este gobierno contribuyó a rebajar las condenas de 56 condenados por delitos sexuales a menores (…), pero es muy difícil contrarrestar un mensaje simple” que está manejando la oposición.
Por lo demás, llama la atención sobre el hecho de que los demás ministros del gabinete “deben estar hasta el hartazgo con la situación, porque en este contexto les es imposible marcar agenda. O sea, es un gabinete que está estancado”. Entonces, desde el punto de vista estratégico, para la oposición “es muy razonable mantener este tema la mayor cantidad de tiempo posible, porque con eso ahoga al gabinete y al propio Presidente”.
En medio de este escenario, Morales estima que dada la actuación del mandatario, que se la ha jugado a fondo por Rabat, no hay espacio para que lo saque antes de la AC anunciada por la oposición, pero que se está demorando, porque Kast “ya jugó todo su capital político en favor del ministro de Justicia”.
Y se hace inevitable la pregunta sobre por qué le está costando tanto gobernar a Kast. Desde el punto de vista del cientista político, ello se debe a un “error fatal” que habría cometido Kast en el contexto multipartidista como el chileno: no armar una coalición de partidos para gobernar. “Un presidente que abjura de los partidos políticos al momento de hacer gobierno está condenado al fracaso”, vaticina, pues sus ministros son técnicos y en su amplia mayoría sin vida partidaria.
De ahí que pronostique que puede llegar el momento, más temprano que tarde, en que el mandatario deba convocar de lleno a representantes de Chile Vamos al gabinete. Y advierte que el jefe de Estado “confunde lealtad con eficiencia” y que lo segundo es lo que debe valorar un presidente.
Por otro lado, este episodio da cuenta, plantea Morales, un problema de liderazgo del Presidente, porque si bien “representó un liderazgo que servía muchísimo para acumular malestar y crítica, pero le está costando mucho generar juego (…) y eso, en un Presidente de la República es una deficiencia muy difícil de mejorar, pero todavía le queda margen para seguir aprendiendo”, concluye.
La “obsoleta” fórmula actual “de gobernar sin partidos políticos”
Mientras que el director del Centro de Derecho Público y Sociedad USS, Jaime Abedrapo, advierte que esta crisis está deviniendo en una profunda brecha, casi irreconciliable, entre el Partido Republicano y la derecha piñerista, que será “muy difícil de subsanar” y que probablemente esté gestando la discusión acerca de la necesidad de un cambio de gabinete, donde -especula- “se harán diseños muy distintos (…), tiendo a pensar que tendrá que volver a haber personas con más oficio político, más trayectoria y un mayor entendimiento con los partidos políticos, del cual se prescindió en el diseño actual”.
Convencido como está de que “se está cayendo la estantería completa”, que sostuvo la campaña a La Moneda del mandatario y que, por eso, “hay que pensar el rediseño, que es mucho más que solo un aspecto comunicacional”, como quieren verlo algunos en el Ejecutivo.
De hecho, para el cientista político no es fácil entender “la ferocidad con que el Presidente ha defendido la figura de los ministros”, ya que estos suelen ser “los fusibles que deben saltar en momentos en que se entra en una crisis como la que estamos viviendo”, por lo que “con mucha más antelación” se debiera haber prescindido de Rabat, porque el actual es “fundamentalmente un problema político”, advierte, ya que “su legitimidad en el proceso de campaña estuvo sustentada principalmente en las promesas de mayor seguridad” ya la posición de uno de sus ministros no fue la de ser “coherente con eso”, plantea.
Y recuerda que los sondeos de opinión demuestran que la ciudadanía está muy disconforme transversalmente respecto de la actuación del ministro Rabat en lo que dice relación a la rebaja de penas. Y, subraya, la oposición “va a insistir, porque entiende que mientras este tema se mantenga en la agenda podrá conseguir sus objetivos de deslegitimar al gobierno y ese, posiblemente, será uno de los principales incentivos”. Lo que “genera un cuestionamiento a la propia figura del Presidente y a la manera como aborda los problemas políticos, particularmente cuando son acciones o políticas autoinfligidas por su propio gabinete”, complementa.
E insiste en que el cambio de gabinete “tiene que venir” y que la actual crisis debiera ahondarlo o hacerlo más urgente, repensando el diseño del gobierno; porque ya estaría “obsoleta” la fórmula actual de “de gobernar sin partidos políticos; además, de todo lo que estaría emanando del segundo piso” y que según algunos expertos estaría generando algunos de los problemas de comunicación y coordinación, a lo que ahora se suma, dice Abedrapo, el problema político.
“Una larga sangría que agudiza la crisis de confianza”
Según el analista político Jorge Insunza, Rabat “debió presentar su renuncia indeclinable el día uno” en que se desató la polémica, pues, “a estas alturas, Kast necesita un acto de autoridad para reponer en algo la suya”, en tal caso -advierte- “ya no basta la salida de Rabat, necesita un ajuste mayor en el gabinete”, porque al no tomar una decisión rápida de sacar al ministro, sometió a “todo el gobierno a una larga sangría, que agudiza la crisis de confianza y, por lo tanto, daña la estabilidad que requiere la recuperación económica. Se metió solo en un círculo vicioso”, sentencia.
Y coincide con Morales en el análisis acerca de que Kast “estaba acostumbrado a ser oposición, pero no estaba preparado para gobernar”; lo que, reflexiona, “se nota en la debilidad política de sus equipos, en la baja calidad de sus asesores y en su propia inexperiencia de mando y gestión”.
Ello, porque antes de la crisis política que enfrenta, el Presidente Kast “ya registraba una caída estructural en su aprobación, a causa de la recesión que provocaron el “bencinazo” y los recortes de presupuestos. El equipo económico no ha tenido una respuesta consistente a la cesantía y al alza de los costos de la vida, y eso la ciudadanía lo resiente día a día. Sin embargo, la crisis por la rebaja de penas lo desfondó, porque toca una fibra moral muy sensible de las personas y traiciona una promesa central de Kast”, resume.
Desde su punto de vista, esta no es solo una crisis política o comunicacional, sino que una “crisis de identidad de Kast”. Ello, porque afecta esencialmente lo que el Presidente prometió en campaña: “primero, falló en la recuperación económica y ahora falla en su promesa de mano dura contra el crimen y los delitos. Asimismo, siempre fue duro contra los otros gobiernos, pero es mano blanda con sus ministros. Su problema es la inconsistencia, por eso es un problema de identidad”, explica Insunza.