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Columnistas

El arte de ser una misma

Por Bernardita del Solar, periodista

Por: Bernardita del Solar

Publicado: Viernes 28 de agosto de 2026 a las 10:00 hrs.

Nunca le molestó que se rieran de los chistes de la rubia tonta porque los hacía ella misma. “Habría elegido este aspecto, aunque hubiera sido camarera. Es mi estilo. Me gusta mucho el maquillaje, el pelo, la ropa llamativa. Me gusta lucirlo. Así soy yo”.

Detrás de la rubia exuberante había mucho más: una mujer que escribió su primera canción a los cinco años y no paró nunca más. A lo largo de su vida escribió más de 3 mil canciones.

Dolly Parton, la superestrella de la música country que murió esta semana a los 80 años había nacido en Locust Ridge, un rincón perdido de los Apalaches, en las montañas del este de Tennessee. Para imaginarlo desde Chile habría que pensar en un caserío aislado de la cordillera de La Araucanía. Allí crecieron los 12 hermanos Parton, en una familia muy pobre, marcada por la música y la religiosidad. Su madre le contaba cuentos de hadas y le enseñaba canciones de gospel.

A los 10 años ya cantaba en la radio en Knoxville. Su salto definitivo llegó en 1967, cuando Porter Wagoner la invitó a su programa de televisión, una de las grandes vitrinas del country estadounidense que le permitió pasar de cantar para los vecinos a ser escuchada por millones.

Pero Dolly quería ser Dolly. Y quería controlar su carrera. Cuando decidió abandonar a Wagoner, en 1974, la separación terminó incluso en los tribunales. Ella le dedicó I Will Always Love You, una despedida profesional y no una canción de amor como muchos creen, que se sumó a las más de 55 nominaciones a los Grammy, de los cuales ganó 10.

Su estilo de gran melena rubia y vestidos ajustados, llenos de pedrerías que podía parecer una caricatura de la feminidad la convirtió en su propia marca. Sus canciones hablaron de mujeres pobres, abandonadas o explotadas, desde Jolene hasta 9 to 5, sin necesidad de adoptar el lenguaje tradicional del feminismo. Lo mismo que con temas que hablaban de diversidad e inclusión.

Para ella era importante generar unión, no conflictividad, al punto que nunca se definió políticamente en público. “Tengo demasiados seguidores en ambos bandos. Por supuesto, tengo mi opinión, sobre todo, pero aprendí hace años a callarme la boca sobre ciertas cosas.”

También decidió cómo vivir su matrimonio. Conoció a Carl Dean a los 18 años, se casaron en 1966 y permanecieron juntos casi seis décadas. Él nunca quiso la fama y rara vez apareció en público, mientras Dolly se convertía en una de las mujeres más conocidas de Estados Unidos. Carl murió en marzo de 2025.

En el intertanto, Dolly se hizo millonaria, pero nunca olvidó la vulnerabilidad de la pobreza. En el condado de Sevier, su tierra natal, impulsó programas para que los jóvenes no desertaran de la educación. Creó Dollywood, un importante motor económico en los Apalaches y, sobre todo, la Imagination Library, fundación que ha distribuido cientos de millones de libros gratuitamente a niños vulnerables y que se ha extendido mucho más allá de Tennessee. Además de innumerables donaciones para diferentes causas.

Quizás su mejor síntesis esté en la canción Coat of Many Colors, donde recuerda que volvió del colegio llorando porque sus compañeros se rieron del abrigo de retazos que le había hecho su madre. En la canción recuerda que su madre le enseño el valor del amor de la familia por sobre la pobreza en que vivían. Una lección de amor y generosidad.

A fin de cuentas, nunca permitió que otros le dijeran que hacer, como vestirse, qué cantar, cuándo marcharse, cómo manejar su dinero o qué causas defender. Su gran legado no fue solo la música: fue haberse concedido el derecho a elegir por sí misma.

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