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Columnistas

La evolución no tiene edad: todas las generaciones somos necesarias

Por Valery Zampillo, gerenta de gestión humana de Unacem.

Por: Valery Zampillo

Publicado: Viernes 4 de septiembre de 2026 a las 10:00 hrs.

Vivimos un momento de profundas transformaciones. La tecnología avanza a una velocidad inédita, los modelos de negocio se reinventan y las organizaciones enfrentan el desafío permanente de adaptarse. En medio de esta evolución, una conversación se ha vuelto cada vez más relevante: la convivencia entre distintas generaciones en el mundo del trabajo.

Hoy conviven activamente personas con trayectorias, experiencias, expectativas y formas de relacionarse con el trabajo muy diferentes. Y aunque frecuentemente hablamos de una “brecha generacional”, me pregunto si esa es realmente la forma en que debemos mirar este fenómeno.

Quizás el desafío no está en reducir una brecha, sino en construir puentes.

Durante años hemos tendido a clasificar a las personas según su generación. Que los jóvenes quieren todo rápido. Que las generaciones mayores son resistentes al cambio. Que la experiencia y la innovación pertenecen a grupos distintos. Estas simplificaciones pueden ser peligrosas porque nos hacen olvidar algo fundamental: antes que generaciones, somos personas.

La evolución de las organizaciones no puede construirse desde la idea de que una generación viene a reemplazar a otra. Creo que la verdadera transformación ocurre cuando aprendemos a integrar lo mejor de cada una.

Necesitamos la experiencia de quienes han recorrido un camino más largo, porque conocen la historia y han acumulado aprendizajes que no siempre están escritos en un manual. Pero también necesitamos la mirada de quienes llegan con nuevas preguntas, desafían lo establecido y nos invitan a cuestionar aquello que durante años dimos por sentado.

Necesitamos experiencia e innovación, conocimiento acumulado y curiosidad, estabilidad y también capacidad de transformación.

Desde esta perspectiva, la diversidad generacional no debiera entenderse como un problema que gestionar, sino como una oportunidad estratégica. Pero la diversidad, por sí sola, no garantiza inclusión. El verdadero desafío es construir entornos donde las diferencias sean valoradas y donde cada persona tenga una posibilidad real de aportar.

Aquí el liderazgo tiene una responsabilidad fundamental. Necesitamos líderes capaces de escuchar con genuina curiosidad, comprender que no existe una única manera de trabajar o desarrollarse y reconocer las fortalezas de cada persona, sin mirar a las personas desde etiquetas o prejuicios.

Esto también requiere humildad. Una persona con décadas de experiencia puede aprender nuevas formas de relacionarse con la tecnología, mientras alguien que recién inicia su trayectoria puede aprender del criterio y la perspectiva que entregan los años. La transferencia de conocimiento no debe ser unidireccional.

Por eso necesitamos organizaciones donde las conversaciones intergeneracionales sean parte de la cultura. Donde la mentoría conviva con la mentoría inversa y donde todos puedan enseñar y aprender.

El futuro no pertenece únicamente a quienes son más jóvenes, ni la experiencia exclusivamente a quienes llevan más años. El futuro se construye con quienes conocen el camino y con quienes se atreven a imaginar uno diferente.

Una organización sostenible aprende de su historia mientras construye su futuro. Y ese futuro no tiene una sola edad. Se construye entre todos.

 

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