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Actualidad

17/03/2017

Piñera arranca la carrera y con ventaja

El expresidente es el único candidato que tiene el respaldo de una coalición ordenada. La amenaza a su candidatura no se halla en el terreno político, sino en el judicial.

  • Por Rocío Montes
    Piñera arranca la carrera y con ventaja

    En una campaña presidencial, ocho meses es una eternidad. Pero si las elecciones fueran este domingo y el tablero que observamos ahora se mantuviera estático hasta el 19 de noviembre, probablemente tendríamos a Sebastián Piñera como ganador. Con la experiencia en el cuerpo, el expresidente en esta ocasión ha medido milimétricamente los riesgos de volver a postularse a La Moneda. Como ex jefe de Estado, que consiguió estar en la máxima magistratura con resultados que hoy son destacados por su sector y contrastados con los de esta administración, no estaba dispuesto a lanzarse a una carrera con barreras irremontables que no posibilitaran un resultado exitoso.

    Pero si Piñera decidió finalmente anunciar su postulación –como lo hará este martes–, responde a un diagnóstico político que le resulta favorable y cuyas barreras piensa que son posibles de superar. Si el ex presidente se lanza, en definitiva, no es solo porque llegó a un punto de no retorno por las expectativas que levantó en la centroderecha que lo dejaban sin espacio para no asumir. Si Piñera entra en carrera lo hace sobre todo porque advierte que tiene claras opciones de ganar.

    Ningún candidato –ni de la derecha ni de la Nueva Mayoría- tiene el respaldo de un conglomerado ordenado como lo tiene Piñera. Contrariamente a lo que ocurre en el oficialismo, donde la convivencia cotidiana hace tiempo que revela las fragmentaciones de forma y de fondo, en Chile Vamos se muestran unidos y sin conflictos justamente por las altas expectativas de un eventual triunfo en las urnas.  

     Superando las diferencias de la década del 2000, Piñera tiene a su lado a una UDI pragmática que contuvo en forma eficaz el ruido interno de no tener nuevamente un candidato. El gremialismo asumió pronto que era conveniente un camino realista y cuadrarse rápidamente con el expresidente. Lo que se presenta como una muestra de lealtad, de paso, le permitiría al partido de calle Suecia instalarse en una buena posición para exigir influencia en el programa y en un eventual nuevo gobierno.

    Piñera también tiene en su mano a Renovación Nacional. El orden en esta colectividad tuvo mayores complejidades, pero finalmente el partido terminó moviendo sus fichas a favor del ex mandatario. Las gestiones de RN lograron eficazmente sacar de su cuadro interno al senador Manuel José Ossandón, que renunció en julio de 2016 amenazando con ir a primera vuelta y, finalmente, acaba de aceptar la invitación de Chile Vamos de participar como independiente en las primarias del bloque. De carácter vinculante, el parlamentario no podría presentarse en noviembre, en el caso de perder en las internas del 2 de julio.

    Tanto la UDI como RN estarán representados el martes, cuando Piñera ratifique su postulación en un acto público en Santiago. Será la antesala del proceso de oficialización de los respaldos partidarios, que comenzó en diciembre con la nominación del PRI. El viernes 24 y el sábado 25, la UDI y RN, respectivamente, proclamarán al ex presidente como candidato en sus consejos generales.

    En la Nueva Mayoría, hasta ahora, ninguno de los presidenciables ha logrado el respaldo de tres colectividades, ni siquiera de dos. Algunas de las decisiones internas del oficialismo –como la de la DC de postergar la discusión sobre llegar a primarias o a la primera vuelta– parecen más bien pensadas para mantenerse de pie en el caso de una derrota en noviembre.

    El estancamiento de Guillier

    El ambiente que se ha vivido en marzo en Chile Vamos es bastante diferente al del verano. En ese momento, la seguidilla de acusaciones judiciales contra Piñera complicaban el escenario del ex presidente –Exalmar y la minera Dominga–, y el 1 de febrero por primera vez la encuesta Adimark indicaba que el senador Alejandro Guillier lo superaba por un punto. De acuerdo a la encuesta, en las menciones espontáneas el periodista obtenía un 28%, mientras que Piñera un 27% de las preferencias.

     Con el correr de las semanas, sin embargo, la tranquilidad volvió al piñerismo y a Chile Vamos. En la Adimark de marzo, Piñera subió a 29%, mientras que Guillier bajó tres puntos, a 25%. En la derecha llamó la atención la disminución del senador por Antofagasta, porque el parlamentario no tuvo ninguna actuación especial que explicara el menor respaldo. En definitiva, según señalan en la oposición, Guillier sufrió un castigo sin que hubiera una relación directa con su despliegue, más allá de que ese mes estuvo ausente en los medios. En la derecha y distintos analistas hallan una explicación: el efecto rebote del gobierno. Con el Ejecutivo cuestionado por su puesta en escena en los incendios forestales del verano, el periodista sufrió un daño en su popularidad en un momento estratégico para Piñera. Los números no acompañaban al oficialismo: el gobierno bordea el 20% de respaldo y casi ocho de cada diez encuestados reprueba la gestión de la Nueva Mayoría.

    En Chile Vamos lo han aprovechado y se vislumbra como una de las principales estrategias de campaña para las próximas semanas: asociar a Guillier la continuidad del oficialismo, lo que podría ser beneficioso para la candidatura de Piñera.

    A diferencia de lo que le ocurre al expresidente –conocido por la ciudadanía, con sus aspectos positivos y negativos–, el candidato del Partido Radical comienza una etapa menos plácida. Aunque probablemente seguirá intentando navegar por aguas poco profundas, el senador desde marzo ha tenido que comenzar a tomar mayores riesgos y anunciar ciertas definiciones, lo que inevitablemente lo llevaría a pagar costos. Para Guillier pasó la época de bonanzas y la estrategia de criticar al gobierno de Bachelet probablemente responde al mismo análisis que hacen en la derecha: necesita desmarcarse de una Administración que no sobrepasa el 18% de respaldo. Pero el senador por Antofagasta, en esa jugada, de paso se sigue echando encima a la institucionalidad gubernamental y a los partidos de la Nueva Mayoría. 

    La amenaza del Ministerio Público

    La administración 2010-2014 de Piñera muy probablemente no será un período de paréntesis entre muchos gobiernos de centroizquierda. El expresidente, hasta ahora, tiene una ventaja cómoda y las amenazas que debe enfrentar no provienen precisamente del mundo político.

    Para un candidato en situación expectante de la oposición sería un peligro que el gobierno en ejercicio hiciera un buen final, lo que parece improbable que ocurra en esta oportunidad. Aunque históricamente el Ejecutivo sube su popularidad en su último año en ejercicio –como muestra la encuesta CEP, por ejemplo–, no está muy clara la capacidad del gobierno de Bachelet para remontar significativamente. En el oficialismo, por otro lado, existe un clima interno bastante tensionado con la irrupción del Frente Amplio –que pretende superar a la Nueva Mayoría como coalición con una mirada anticapitalista y antineoliberal–, y por las disputas ideológicas entre el PC y la DC. Aunque los democratacristianos hayan declarado en su Junta Nacional que su domicilio político se halla en la centroizquierda y el camino propio parece haber quedado enterrado, la amenaza de una derrota puede dar inicio a fuerzas centrífugas de mayor intensidad luego de las presidenciales.

    El principal peligro a la candidatura de Piñera no se halla en el terreno político, sino en el judicial. Si algunos de los fiscales deciden seguir un camino de mayor agudeza respecto de las aristas que tiene abierta por el cruce entre política y negocios –Exalmar y Dominga–, podría representar un problema mayor para las aspiraciones del expresidente. Todo parece indicar que en el piñerismo se ha hecho el control de daños y la revisión de todos los antecedentes antes del anuncio formal del lanzamiento de la candidatura, pero en Chile Vamos repiten que los fiscales y sus caminos investigativos son incontrolables. El Ministerio Público, de hecho, ha mostrado que no va a tener ninguna consideración especial por su condición de ex mandatario y candidato: el fiscal Carlos Gajardo lo incluyó en la lista de testigos para el juicio oral del caso Penta, donde debería referirse al papel que desempeñaba en Barcard su ex administrador electoral, Santiago Valdés, hijo de su mejor amigo.

    En términos políticos, el piñerismo y la oposición parecen haber concluido que las acusaciones y denuncias respecto de sus negocios no le producen un daño mayor al expresidente. Piñera, hasta ahora, parece indemne a la explosión de dichas aristas, porque para la ciudadanía no resulta nuevo que funcione con una lógica empresarial y de inversionista. El ex Jefe de Estado estaría galvanizado frente a la profundización y explosión de nuevos casos porque, finalmente, a sus votantes no les importan demasiado los cruces entre política y negocios que parecen indignar a cierta parte de la población. De cualquier manera, promete entregar garantías con la nueva fórmula de fideicomiso que elaboran sus asesores y que incluiría sus inversiones en el extranjero.

    En un escenario en que la candidatura del expresidente Ricardo Lagos cruza terrenos complejos y parece difícil que sobreviva, resulta probable que la definición por La Moneda esté entre Piñera y Guillier. Los análisis internos de Chile Vamos apuntan, incluso, a un eventual triunfo del empresario en primera vuelta, considerando que el peso de los candidatos alternativos en esta ocasión será menor. Este 2017, por ejemplo, no habrá un postulante peligroso como Franco Parisi, que marcó 10,11% en 2013.

    Sea como fuere, Piñera comienza una carrera con bastante ventaja. De mantenerse el actual escenario, su suerte dependerá en buena medida de evitar los errores -como las disputas en su bloque por las negociaciones parlamentarias- y de las decisiones de los fiscales.

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