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Magnates tecnológicos de EEUU llevan sus fortunas a nuevas fronteras

Los emprendedores en el sector tecnológico no estaban preparados para los cambios que vienen con la riqueza. Pero están aprendiendo rápido y desarrollando un estilo de riesgo que los distingue como una clase aparte entre los súper ricos.

Por: Financial Times, Miles Kruppa | Publicado: Miércoles 25 de marzo de 2020 a las 17:52 hrs.
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Adam D'Angelo podría haberse retirado cuando dejó Facebook a los 23 años. En cambio, el exdirector de tecnología de la red social, que vio aumentar el valor de su participación en Facebook a más de US$ 100 millones después de la Oferta Pública Inicial de 2012, se lanzó con entusiasmo a una carrera como emprendedor tecnológico. Hizo docenas de inversiones en nuevas empresas y fundó su propia compañía, Quora. "Sentí que podría tener un mayor impacto en el mundo al comenzar algo nuevo, en lugar de seguir optimizando Facebook", dijo alguna vez en una entrevista. Habría sido más fácil simplemente quedarse con el efectivo. Con D’Angelo como director ejecutivo, Quora se ha establecido como la firma líder mundial en preguntas y respuestas, y ahora vale casi US$ 2 mil millones. Pero no ha estado exento de problemas, incluyendo varios despidos recientes entre sus 200 empleados.

El enfoque de D'Angelo es representativo de una nueva generación de ejecutivos tecnológicos que han sabido adaptarse al éxito financiero. El auge de la tecnología durante décadas ha creado riquezas a tasas históricamente sin precedentes, convirtiendo a los recién graduados universitarios en jóvenes multimillonarios. Su repentino ascenso a una riqueza espectacular ha obligado a estos fundadores de nuevas empresas a considerar cómo podrían gastar e invertir sus fortunas.

Los asesores de riqueza dicen que la mayoría de las personas en el sector de la tecnología no están preparadas para los cambios que vienen con la riqueza. Pero están aprendiendo rápido y desarrollando un estilo de riesgo que los distingue como una clase aparte entre los ricos.

A partir de la década de 1980, con figuras como el cofundador de Microsoft, Bill Gates, la tecnología había creado 89 multimillonarios en EEUU a fines de 2018, incluyendo 19 tan solo ese año, según un análisis de UBS.

Los colaboradores de los fundadores también han compartido la riqueza, con casi 130.000 empleados de start-ups en EEUU que ahora son millonarios basados en el valor de sus acciones y opciones de la  compañía, según Carta, un proveedor de software de gestión de capital. De ellos, 15.000 valen más de US$ 10 millones, y más de 1.000 han cruzado el umbral de los US$ 100 millones.

"Pasan de comer fideos chinos y vivir en un departamento de un ambiente a ser una de algunas de las personas más ricas del país de la noche a la mañana", dice Roy Bahat, jefe de Bloomberg Beta, una empresa de riesgo respaldada por la compañía de información financiera. "No sé hay algún precedente" de que eso suceda a miles de personas, agrega.

Al igual que otros empresarios ricos que liquidan sus participaciones a través de aperturas a bolsa u otras rutas de salida, compran casas, autos de lujo, quizás yates. Larry Ellison, el multimillonario cofundador de Oracle, lo ha llevado al extremo al patrocinar a un equipo en la America’s Cup, la carrera de vela más cara del mundo. También invierten en propiedades, especialmente en su base de operaciones de la costa oeste de Estados Unidos, además de acciones y valores tradicionales.

A través de su compañía Cascade Investment, Gates incluso llegó a ser accionista de Carpetright, un minorista británico de pisos decididamente poco glamoroso.

Se han creado oficinas familiares, los asistentes ejecutivos se han convertido súbitamente en jefes de personal y se están implementando planes filantrópicos, de una manera que resultaría familiar para los banqueros privados en Nueva York, Londres o Zúrich. Pero la generación tecnológica aún se destaca por su disposición a devolver dinero a la industria. Los emprendedores apuestan por nuevos emprendimientos, a menudo dirigidos por amigos y conocidos de Silicon Valley, y se asocian con otros empresarios tecnológicos ricos en efectivo y capitalistas de riesgo.

Los inversionistas han desembolsado más de US$ 210 mil millones a las nuevas empresas del área de Silicon Valley en la última década, lo que representa casi 30% de todo el dinero otorgado a las nuevas empresas de EEUU durante ese período, según estimaciones de EY. "La gente aquí se siente muy cómoda perdiendo dinero en sus inversiones", dice un asesor de riqueza con sede en Silicon Valley. “En San Francisco, esta es una forma de caridad. Mantiene todo el ecosistema funcionando”.

Cuando los ejecutivos de nuevas empresas cobran, a menudo basan sus inversiones personales en el modelo de los capitalistas de riesgo, en busca de nuevas empresas prometedoras. Estos inversores se convierten en "ángeles" que emiten cheques de US$ 100.000, a veces a través de vehículos especiales, que les permiten agrupar sus recursos.

“Una de las cosas que sucede en Silicon Valley cuando las personas ganan dinero es que quieren estatus y, mientras en otros sitios se obtiene a través de la caridad, acá es convirtiéndose en inversionista ángel”, dice Bahat, y señala que los fundadores tecnológicos de alto perfil a menudo terminan invirtiendo en las empresas de los demás.

Los administradores de patrimonio en San Francisco dicen que sus clientes mantienen entre 5% y más de 60% de su patrimonio en estas inversiones. Ese rango contrasta con el universo más amplio de las oficinas familiares, que en promedio invierten el 11% de su capital en inversiones directas de capital privado, según UBS.

John China, presidente de SVB Capital, una compañía de inversión californiana, dice que ha visto ángeles con más de 50 inversiones, descubiertas en gran parte a través de sus redes de Silicon Valley. "Tienden a correr más riesgos con las carteras de ángeles y realmente no los siguen ni se preocupan por ellos", dice China, cuya compañía forma parte de Silicon Valley Bank, un gran prestamista para nuevas empresas y fondos de capital de riesgo.

Las carteras pueden ser lucrativas. El director ejecutivo de Amazon, Jeff Bezos, por ejemplo, fue uno de los primeros inversionistas en Google, con US$ 250.000 en 1998. Su participación, comprada por cuatro centavos por acción, habría valido más de US$ 500 millones en la salida a bolsa de Google en 2004.

Otra gran apuesta de segunda generación que logró llegar a una apertura a bolsa es el fabricante de automóviles eléctricos Tesla, cuyo director ejecutivo y mayor inversionista es el audaz Elon Musk, que ganó su primera fortuna con la venta en 2002 del grupo de pagos electrónicos PayPal por US$ 1.500 millones a eBay. El enfoque de riesgo de inversión de Musk ha sido una parte tan importante de la historia de Tesla como su tecnología, ejemplificada por la promesa que una vez hizo en una entrevista: "Optimismo, pesimismo, a la m..... con eso; vamos a lograr que suceda".

Muchos en la élite tecnológica tienen la vista puesta en el cielo y más allá, incluido Musk con el fabricante de cohetes SpaceX. Bezos fundó la empresa aeroespacial Blue Origin; Paul Allen, el difunto cofundador de Microsoft, inició Stratolaunch con sede en Seattle, una empresa de transporte espacial; Sergey Brin ha puesto su peso detrás de una aeronave tipo Zeppelin; y Larry Page, cofundador de Google con Brin, ha respaldado a Planetary Resources, una empresa de minería de asteroides y al fabricante de aviones eléctricos Kitty Hawk.

Los súper ricos tecnológicos naturalmente diversifican sus apuestas, invirtiendo a través de oficinas familiares con sus propios equipos de inversión. Vulcan Capital, la oficina familiar de Allen, cuenta con 57 inversiones privadas en su sitio web, incluidas las primeras participaciones en el grupo chino de comercio electrónico Alibaba. El grupo de inversión de Bezos, Bezos Expeditions, ha realizado 26 inversiones de riesgo divulgadas, incluidas participaciones en la empresa de alquiler vacacional Airbnb y la aplicación de transporte de automóviles Uber.

Algunas apuestas ya están dando sus frutos y otras son una apuesta a futuro, mientras que otras ya han tenido problemas. La oficina familiar de Ellison, de Oracle, fue noticia en 2017 con una inversión en el Fondo Vision de US$ 100 mil millones del conglomerado japonés SoftBank Group, el mayor inversionista de riesgo tecnológico. Pero, más recientemente, el enfoque del fondo ha sido cuestionado a la luz de las dificultades financieras en una de sus mayores inversiones, el grupo de trabajo compartido WeWork.

Las oficinas multifamiliares, que gestionan las inversiones para múltiples personas adineradas, también proporcionan capital para nuevas empresas. Iconiq Capital administra US$ 13.900 millones de activos y asesora sobre otros US$ 18.800 millones para el cofundador de Facebook Mark Zuckerberg y sus colegas ejecutivos, según documentos presentados a fines de 2018. La firma ha invertido en compañías tecnológicas privadas a través de una estructura no convencional que combina una oficina familiar tradicional con fondos registrados separados que están abiertos a inversionistas externos, como los fondos soberanos. La firma también ha presentado a estos inversores externos y fundadores de nuevas empresas a los ejecutivos del sector.

Algunas inversiones son difíciles de distinguir de las donaciones de caridad, difuminando las líneas entre las ganancias y la filantropía. Zuckerberg prometió hasta US$ 1.000 millones al año a una organización controvertida que distribuye dinero a través de donaciones, aportes políticos e inversiones iniciales. La Iniciativa Chan Zuckerberg, cofundada con su esposa Priscilla Chan, se ha calificado a sí misma como "un nuevo tipo de filantropía", registrándose como una compañía de responsabilidad limitada. Cuando Zuckerberg comprometió 99% de su participación en Facebook al grupo en 2015, esas acciones representaban más de US$ 45 mil millones.

Laurene Powell Jobs, la viuda del fallecido cofundador de Apple, Steve Jobs, también registró su "organización de cambio social" Emerson Collective como una corporación de responsabilidad limitada. Sus inversiones van desde la revista The Atlantic hasta la start-up de aviones supersónicos Boom. Según el proveedor de datos PitchBook, Emerson Collective ha realizado 48 inversiones de capital de riesgo desde 2013, junto con su otro trabajo filantrópico.

Jobs es solo uno de los multimillonarios tecnológicos que han invertido en medios, al menos en parte para garantizar las libertades de prensa. Bezos, quien compró el Washington Post en 2013, dijo que cree que el periódico "tiene un papel increíblemente importante que desempeñar en esta democracia", aunque el acuerdo ha sido criticado por los observadores de la prensa que desconfían de la influencia que podría ejercer sobre el enfoque del periódico.

Bahat, de Bloomberg Beta, dice que las organizaciones sin fines de lucro tradicionales se quejan de la dificultad de recaudar fondos de ejecutivos tecnológicos adinerados, por lo que deben probar nuevos enfoques. Y han comenzado a organizar eventos donde millonarios de recientes aperturas a bolsa discuten formas productivas de crecer y desembolsar su riqueza. "En cierto modo, es realmente agradable porque no se dan aires", dice Bahat. "Y es realmente extraño porque no saben qué hacer".

Después de acumular US$ 3.600 millones por vender WhatsApp a Facebook por US$ 22 mil millones, el cofundador Brian Acton optó por canalizar dinero a Signal, otra aplicación de mensajería encriptada, sin fines de lucro. Sin embargo, le dio la espalda a opciones de acciones por un valor de US$ 850 millones luego de un desacuerdo sobre la monetización de WhatsApp; También se unió a la campaña "#deletefacebook".

Jan Koum, el otro cofundador de WhatsApp, cambió su enfoque a pasatiempos más convencionales de los súper ricos después de la venta de 2014, anunciando que estaría "coleccionando raros Porsches refrigerados por aire, trabajando en mis autos y jugando ultimate Frisbee".

La Cascada de Gates también ha tomado una ruta más convencional, en términos de inversión, y ha acumulado una activa cartera de acciones que recuerda a los fondos de cobertura, junto con las ahora mal vistas posiciones inmobiliarias. Iconiq se ha convertido en un importante inversionistas en centros de datos que, aunque son de alta tecnología, son inversiones en infraestructura de riesgo relativamente bajo.

Este enfoque de inversión más cauteloso, donde la preservación de la riqueza tiene prioridad sobre el crecimiento de la inversión, se está volviendo más común en Silicon Valley. Los asesores de riqueza dicen que los multimillonarios tecnológicos han comenzado a hacer preguntas puntuales sobre el largo plazo para las acciones estadounidenses, incluidas las compañías tecnológicas con las que hicieron su fortuna. Los fundadores de nuevas empresas también están comenzando a cobrar sumas cada vez mayores de sus negocios más temprano en sus ciclos de vida, por temor a que la inundación de capital en la industria no dure si gigantes como SoftBank y los fondos soberanos se retiran.

Melissa Bender, socia con sede en San Francisco del bufete de abogados Ropes & Gray, dice que algunas estructuras de vehículos de propósito especial utilizadas por inversionistas ángeles podrían incluso contravenir las regulaciones de valores, señalando que los ángeles de alto perfil a veces cobran tarifas para organizar acuerdos. Las normas de la Comisión de Bolsa y Valores de EEUU exigen que los asesores de inversiones se registren o califiquen para una exención de registro y que las personas que paguen las tarifas de transacción cumplan con el requisito del agente de bolsa. Bender dice que muchos jóvenes emprendedores tecnológicos están acostumbrados a la relativa falta de regulación de su industria en comparación con la gestión de activos. "Estas también son personas que han sido recompensadas por estar dispuestas a asumir muchos riesgos", agrega.

Un asesor patrimonial ha observado un alejamiento de los fundadores tecnológicos de las inversiones ángel. En cambio, están invirtiendo dinero en compañías más maduras junto con firmas de capital de riesgo de primer orden como Benchmark Capital y Sequoia Capital. Jennifer Forster, socia del administrador de riqueza con sede en San Francisco, Epiq Capital Group, dice que los inversionistas recientemente han podido vender acciones a precios altos en mercados secundarios, lo que les permite cobrar partes significativas de sus participaciones. "Después de un mercado alcista de 10 años, existe la sensación de que" tal vez deberían monetizar mientras puedan", dice. “Pero la otra cara es que tienes personas que están construyendo estas tremendas compañías que están creciendo a un ritmo de 150% anual. No hay muchos activos como ese en los que pueda invertir".

Epiq, que se separó de Iconiq en 2018, administra más de US$ 2 mil millones para unas 50 familias ricas, incluidos fundadores tecnológicos de San Francisco. La firma tiende a aceptar familias con al menos US$ 50 millones – US$ 100 millones de riqueza invertible y se involucra en sus vidas, manejando asuntos como la privacidad de sus donaciones y compras de viviendas, dice Forster. Según ella, Epiq pretende ser un inversionista a largo plazo y cree que todavía hay más "alfa", o rendimiento superior, disponible en los mercados privados.

Helen Dietz, directora en Mountain View, California, para el asesor financiero Aspiriant, dice que algunos de sus clientes reservan hasta una cuarta parte de sus carteras para invertir en nuevas empresas y otras empresas especulativas. Pero uno de sus fundadores tecnológicos más jóvenes ha reservado solo alrededor de 10% para tales participaciones, dice, y señala que sus clientes tienden a ver tales inversiones personales como oportunidades de lucro, más que como estatus o altruismo.

Tom DeFilipps, un abogado de Covington & Burling en Palo Alto que asesora a fundadores de start-ups, dice que ha visto poca disminución en el apetito de Silicon Valley por inversiones arriesgadas. "Está toda esta riqueza, y hay una cantidad limitada de cosas que hacer con ella dentro de los límites de la forma en que las personas se comportan en Silicon Valley", dice. "No hay muchas demostraciones exageradas de riqueza aquí". Señala que sus clientes todavía le preguntan: "¿Qué otra cosa puedo hacer con mi dinero?"

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