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Ripe

13/03/2017

La esquizofrénica UE de los 27: unida, indivisible y de varias velocidades

róximo encuentro en Roma buscará sentar precedentes para que no se repita el Brexit. Estados miembros quieren centrar la agenda a futuro.

  • La esquizofrénica UE de los 27: unida, indivisible y de varias velocidades

    “¿A quién va a usted a creer, a mí o a sus propios ojos?” decía un personaje de la película Sopa de Ganso, uno de los primeros tropiezos en taquilla de los hermanos Marx.

    Algo parecido pasa con los preparativos de la Cumbre de Roma del 25 de marzo, con la que los 27 jefes de Estado y Gobierno de la UE quieren conmemorar el 60° aniversario del club y empezar a definir qué quieren ser una vez que el Reino Unido se separe. El viernes, esos 27, todos menos la británica, celebraron una reunión preparatoria en Bruselas y el diagnóstico sigue siendo el mismo.

    Por un lado, los papeles de trabajo, adelantados por El País y a los que también ha tenido acceso Expansión, hablan de “unidad” e “indivisibilidad” de la Unión, pero por el otro, cada vez que se entra en alguna materia de calado asoma una grieta. El jueves pasado, la reelección del polaco Donald Tusk como presidente del Consejo Europeo provocó la rebelión del gobierno ultraconservador de Polonia. Todos apoyaban a Tusk menos sus compatriotas, que le acusan de usar el cargo para inmiscuirse en política doméstica. Fue un 27 contra 1 de manual.

    Como revancha, la primera ministra polaca, Beata Szydlo, bloqueó la aprobación de las conclusiones de la Cumbre. Habrá que ver cuán lejos quiere llevar Varsovia la rebelión, especialmente teniendo en cuenta que la Comisión Europea le ha abierto un expediente por dudar de la calidad de su Estado de Derecho, que podría concluir en la suspensión del derecho de voto (y de veto) en el Consejo Europeo.

    Pero también hay grietas de fondo, que dividen a los países en bloques. Alemania, Francia, Italia y España dejaron claro en su minicumbre de Versalles que apuestan por una Europa a varias velocidades: los países que quieran integrarse más en ciertas políticas (migración, defensa, seguridad o economía, por ejemplo) podrán hacerlo y dejarán la puerta abierta a los que quieran unirse más tarde.

    Pero varios países de Europa del Este (Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia, por ejemplo) recelan de esta estrategia. Temen que genere europeos de primera y segunda categoría.

    Cuadrar un círculo

    Los encargados de redactar el borrador del comunicado que se publicará en Roma tratan de cuadrar un difícil círculo, incluso para los estándares burocráticos europeos, muy acostumbrados a cuadrar circunferencias de toda índole y condición.

    Por ejemplo, el documento sugiere incluir la idea de “Una Unión unida e indivisible, que actúa junta cuando es posible, a diferentes ritmos e intensidad cuando sea necesario”.

    Jean Claude Juncker se hizo eco de ese malestar. “Algunos de nuestros colegas lo ven como introducir una nueva línea divisoria, un tipo de nuevo telón de acero entre el este y el oeste. No es la intención”, afirmó el luxemburgués tras la reunión del viernes. “No es un método de exclusión, sino de organizar el progreso de aquellos que quieren hacer más”, añadió.

    En paralelo, la primera ministra polaca dejaba clara su oposición: “la diferencia de velocidades en el desarrollo abriría la puerta a construir clubes de élites y a dividir la Unión Europea. La declaración de Roma debe expresar unidad”.

    Pero la canciller alemana, Angela Merkel, manifestaba una obviedad que va a tener difícil respuesta por parte de los países del Este: las múltiples velocidades “ya se contemplan en los Tratados” y son una realidad. Basta con ver la zona euro, el proyecto más ambicioso de integración hecho hasta el momento y en el que cada Estado participa a su ritmo. “Cada miembro de esta familia tiene acceso a estos proyectos, pero no todos necesitan participar”, dijo.

    Cuatro bloques

    De momento, los líderes quieren centrar la agenda a futuro en cuatro bloques: una Europa segura (control de fronteras y terrorismo), una Europa próspera (economía), una Europa social (Estado del Bienestar) y una Europa fuerte (Defensa).

    Aquí cabe desde una mayor coordinación en la gestión de flujos migratorios, la cooperación para luchar contra el terrorismo, más integración en defensa, la profundización del mercado interior, completar la Unión Económica y Monetaria, lucha contra la pobreza y la exclusión social.

    Medidas concretas y compromisos para llevarlas a cabo, ninguno, aunque también es cierto que la cumbre de Roma no será el momento y el lugar de sacar las tablas de Excel o de ponerse a negociar Eurobonos o fondos de garantías de depósitos bancarios. Roma será más bien la escenificación de la voluntad de los 27 de que el Brexit no siente un precedente. Será un evento retórico.

    Y si uno se guía por el documento preparatorio, palabras bonitas no faltan: “los representantes de 27 Estados Miembros de la UE nos enorgullecemos de los logros de la UE: la construcción de la unidad europea es una empresa valiente y visionaria; hace sesenta años, recuperándonos de la tragedia de dos guerras mundiales, decidimos unirnos y reconstruir nuestro continente desde las cenizas”.

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